Estrategia bosque-fauna de Berna: vía libre para los cazadores recreativos
El cantón de Berna aprieta las tuercas: bajo el título «Estrategia Bosque-Fauna Silvestre-Hábitat 2040», el Gobierno quiere restablecer el supuestamente alterado equilibrio entre el bosque y los animales salvajes.
El eje central lo constituyen una planificación de caza reorganizada, más abatimientos —explícitamente también de hembras— así como medidas adicionales para prevenir los daños causados por la fauna salvaje.
En otras palabras: la caza recreativa practicada hasta ahora evidentemente no ha alcanzado hasta la fecha los objetivos que ella misma se había fijado.
A primera vista, esto suena a una política forestal responsable. Sin embargo, al observarlo más de cerca, se revela un patrón ya conocido: los animales salvajes son declarados los principales culpables, mientras que el sistema de caza, la silvicultura equivocada y el uso intensivo del paisaje quedan en gran medida fuera del foco.
Qué planea concretamente Berna
Según el comunicado de prensa del cantón la nueva estrategia abarca cuatro ámbitos de actuación centrales:
- Planificación de caza reorganizada
Las poblaciones de corzo, gamuza y ciervo rojo deben regularse «de forma dirigida». El cantón considera decisivo que se abatan más hembras y que los objetivos de abatimiento se alcancen de manera consecuente. - Incentivos para los propietarios y propietarias de bosques
La gestión de los bosques debe realizarse de forma «cercana a la naturaleza» y apostar más por la regeneración natural. Para ello, los propietarios de bosques recibirán asesoramiento y apoyo financiero. - Ampliación de la prevención de daños causados por la fauna salvaje
Los árboles en zonas muy afectadas deben protegerse mejor, por ejemplo mediante protección individual. Al mismo tiempo, se deben mejorar los bordes forestales, crear elementos de conexión en el terreno abierto y ampliar las zonas de tranquilidad para la fauna silvestre. - Control periódico de resultados
Cada dos años, el cantón quiere comprobar, mediante el llamado informe sobre el impacto de la fauna silvestre, si las medidas están funcionando.
En la mesa se sentaron representantes de la caza, la propiedad forestal, la agricultura y la conservación de la naturaleza. Sin embargo, llama la atención que las organizaciones de protección animal y de protección de la fauna silvestre apenas juegan un papel oficial, a pesar de que la estrategia interviene profundamente en la vida de miles de animales salvajes.
¿Qué tan grande es realmente el problema?
Los informes cantonales dibujan un panorama dramático. Según la asociación de propietarios forestales bernesa, el informe sobre el impacto de los animales salvajes de 2023 muestra un nuevo deterioro de una situación que ya desde hace años se califica de «drástica». Según este informe, en aproximadamente la mitad de la superficie forestal bernesa las especies arbóreas aptas para el clima apenas pueden crecer o no pueden hacerlo en absoluto, ya que los árboles jóvenes son ramoneados por los ungulados.
Estas cifras son confirmadas por el gobierno. En el comunicado breve del cantón se indica que el nuevo método aplicado, más orientado a las especies resilientes al clima, incrementa aún más la presión para actuar.
Sin embargo, una mirada a Suiza en su conjunto muestra un panorama más diferenciado:
- Un análisis de los datos cantonales correspondientes a los años 2020 a 2024 concluye que, si bien el impacto de los animales salvajes es masivo a nivel regional, a escala nacional afecta en distinta medida a aproximadamente la mitad de la superficie forestal, no a la totalidad de Suiza.
- Un estudio panorámico anterior ya había constatado que en alrededor de dos tercios de la superficie forestal evaluada la regeneración no se ve significativamente perjudicada por el corzo, el gamuza y el ciervo rojo.
En otras palabras: existen verdaderos puntos críticos con problemas masivos. Sin embargo, a partir de ello se suele construir políticamente una «crisis forestal general por exceso de animales salvajes». Precisamente ese mismo argumento es el que retoma también la estrategia bernesa.
Lo que queda fuera del debate: la política forestal, el mercado de la madera y las perturbaciones humanas
La Oficina Federal de Medio Ambiente (BAFU) establece claramente en su guía de ejecución «Bosque y fauna salvaje» que los conflictos entre bosque y fauna salvaje no dependen únicamente del número de animales. También son decisivos:
- la calidad y diversidad del hábitat
- la gestión forestal y el aprovechamiento maderero
- la presión derivada del uso recreativo, el turismo y los caminos forestales
- la distribución de los animales salvajes, que se ve fuertemente influida por las perturbaciones
Cuando el bosque se ve perturbado de manera permanente por los cazadores recreativos, los corzos y los ciervos se ven empujados a abandonar sus refugios hacia zonas más tranquilas. Allí el ramoneo se concentra entonces en superficies reducidas. Los daños forestales se hacen visibles, pero la causa real —el estrés provocado por el ser humano en el hábitat— sigue siendo, en gran medida, un tema tabú.
También la gestión forestal desempeña un papel: las masas homogéneas de abetos rojos o de hayas, la falta de estructura, la escasez de madera muerta y una regeneración natural descuidada durante décadas hacen que los bosques sean vulnerables. Al mismo tiempo, se espera que el bosque proporcione madera, proteja frente a peligros naturales, ofrezca espacios de recreo y salvaguarde la biodiversidad. Estos conflictos de objetivos suelen quedar en un segundo plano en el debate público en cuanto «los animales salvajes» se presentan como un cómodo chivo expiatorio.
La caza recreativa como parte del problema
La estrategia del cantón de Berna se basa en la suposición de que más caza conduce automáticamente a un mejor bosque. Sin embargo, la investigación sobre la situación bosque-fauna salvaje muestra un panorama más complejo:
- Una buena regeneración del bosque no depende únicamente de poblaciones bajas de animales salvajes. En un análisis de ejemplos positivos, los especialistas constataron que la comunicación y la colaboración entre silvicultura y caza, una luz suficiente en el bosque y medidas silvícolas específicas son factores decisivos.
- La Oficina Federal de Medio Ambiente (BAFU) señala que los abatimientos deben integrarse en una gestión integral del hábitat, las perturbaciones y las poblaciones de animales salvajes.
A pesar de ello, el cantón de Berna apuesta ahora firmemente por un aumento de las cifras de abatimiento, especialmente entre los animales hembra. Precisamente aquí surgen preguntas fundamentales desde la perspectiva de la protección animal:
- Más abatimientos de ciervas y corzas afectan a animales gestantes o con crías, y pueden dejar huérfanos a terneros y cervatillos.
- Las batidas y las cacerías de acoso y abatimiento (Drückjagd) provocan un estrés masivo que va mucho más allá de los animales matados. La huida, las lesiones y las grandes pérdidas de energía en pleno invierno apenas son compatibles con un concepto moderno de protección animal.
- Una estructura social fuertemente marcada por la caza puede provocar relaciones de edad y sexo antinaturales y distorsionar la dinámica de la población.
El hecho de que sea precisamente el Inspectorado de Caza quien formule de manera decisiva esta estrategia hace poco probable un análisis autocrítico de estos efectos. La institución que depende del sistema de la caza recreativa es, a la vez, la encargada de gestionar la solución de sus propios problemas. Un clásico conflicto de intereses.
Depredadores: aliados poco queridos del bosque
Una verdad incómoda para el lobby de la caza recreativa es la siguiente: en un ecosistema en gran medida intacto, los depredadores como el lince y el lobo asumen parte de la regulación de las poblaciones de ciervos y corzos.
Las guías de aplicación de la Confederación y la literatura especializada lo dejan claro:
- El lince y el lobo pueden tener regionalmente una influencia significativa sobre las poblaciones de corzos, gamuzas y ciervos, y deben ser tenidos en cuenta en la planificación de la caza.
- Las plataformas de conservación de la naturaleza señalan que el regreso del lince, el oso y el lobo puede contribuir a regular poblaciones claramente demasiado elevadas de corzos y ciervos.
En la práctica, sin embargo, este efecto de regulación natural se ve socavado por las autorizaciones políticas de abatimiento, la caza de depredadores y la presión de los círculos agrícolas. En lugar de aprovechar la oportunidad de un equilibrio más ecológico, se defiende la lógica de la «regulación de poblaciones» humana mediante el rifle.
En el debate político sobre el bosque y la fauna salvaje, los depredadores como el lobo y el lince han desempeñado hasta ahora solo un papel secundario. Tampoco la nueva estrategia bernesa los coloca en el centro de sus soluciones. Sigue faltando un debate serio sobre cómo el lobo y el lince podrían ser aceptados y protegidos a largo plazo como aliados del bosque.
La ciencia advierte, la política estrecha la mirada
Investigadores del Instituto Federal de Investigación WSL llevan años señalando que en muchos bosques de protección suizos no crecen suficientes árboles jóvenes, y que los corzos, las gamuzas y los ciervos se alimentan preferentemente de aquellas especies arbóreas que serían especialmente importantes para el bosque resiliente al clima del futuro.
Al mismo tiempo, la evaluación nacional más reciente sobre el impacto de la fauna salvaje muestra que la situación varía mucho de una región a otra. Esto sugiere que las medidas puntuales en zonas críticas son más razonables que las ofensivas de caza generalizadas.
Justo aquí es donde la estrategia bernesa estrecha la perspectiva:
- En lugar de soluciones integrales que también tengan en cuenta la presión del ocio, la estructura del bosque, los depredadores y la práctica forestal, la caza recreativa pasa a ocupar el centro de atención.
- En lugar de integrar estructuralmente voces independientes de protección animal, domina un comité con fuertes intereses de aprovechamiento: madera, caza y agricultura.
- En lugar de plantear la pregunta de en qué medida la caza recreativa es compatible con una protección animal acorde a los tiempos, se establece la caza como un instrumento de control prácticamente natural.
Lo que una política forestal-cinegética realmente moderna debería lograr
Una política forestal moderna, científicamente fundamentada y éticamente responsable debería ir más allá de la actual estrategia bernesa. Serían necesarios, como mínimo:
- Integración consecuente de la protección animal
Las organizaciones de protección animal y de protección de la fauna salvaje deberían sentarse a la mesa con el mismo peso que la caza y los propietarios forestales cuando se decide sobre intervenciones profundas en las poblaciones de animales salvajes. - Límites claros para la crueldad cinegética
Las monterías con grupos numerosos, el abatimiento de hembras con crías y la caza en épocas sensibles como el invierno y la época de parición deberían restringirse masivamente o prohibirse. - Prioridad para el hábitat en lugar de la bala
Siempre que sea posible, la transformación forestal, la riqueza estructural, el control de la luz en el bosque, las zonas de tranquilidad y las restricciones al uso recreativo deben tener prioridad sobre las intervenciones cinegéticas. - Tomar en serio el papel ecológico de los depredadores
El lobo y el lince no son simplemente factores de conflicto. Son actores centrales en un ecosistema forestal funcional y deben protegerse en consecuencia e incluirse en la planificación. - Base de datos transparente
Los informes sobre el impacto de la fauna salvaje, las estadísticas de abatimientos y los datos de monitoreo deberían ser de libre acceso, fácilmente comprensibles y evaluados de forma independiente, en lugar de servir principalmente a los argumentos de determinados lobbies.
El cantón de Berna vende su nueva estrategia de bosque y fauna salvaje como un compromiso equilibrado. En realidad, es sobre todo una cosa: un paso más hacia una política de caza recreativa intensificada, legitimada con problemas forestales reales, pero interpretados de forma unilateral.
Quien quiera restablecer seriamente el equilibrio entre el bosque y la fauna salvaje debe cuestionar primero la relación de poder entre los animales salvajes y aquellas estructuras que se benefician de su uso, su regulación y su muerte. Mientras la propia caza recreativa siga siendo parte del problema, difícilmente será toda la solución.
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