El lobo no es el problema, es la solución
Cómo los lobos reintroducidos curan nuestros bosques, y por qué la BAFU y las administraciones cantonales de caza se interponen en el camino.
Mientras los cazadores aficionados siguen afirmando que son «necesarios para la protección de la naturaleza», la ciencia muestra otra imagen: allí donde regresan los lobos, los bosques se regeneran más rápido y de forma más sostenible que allí donde la gente dispara.
En Norteamérica, Escandinavia y, cada vez más, también en Suiza, las investigaciones demuestran que los lobos reintroducidos tienen efectos positivos profundos sobre los ecosistemas. Un informe reciente en Animals Around the Globe describe cómo los lobos, por su mera presencia, modifican el comportamiento de los herbívoros y, con ello, curan paisajes enteros.
Sin enemigos naturales, los animales salvajes como los ciervos rojos o los corzos se comportan de manera completamente distinta: sobrepastorean los bosques jóvenes, se comen los brotes e impiden la regeneración natural. Pero en cuanto los lobos regresan a una zona, el comportamiento de las presas cambia de forma fundamental.
En lugar de permanecer en cualquier lugar sin preocupaciones, evitan los puntos expuestos, sobre todo las orillas de los ríos, los valles y los claros. Esto permite que los árboles jóvenes, los arbustos y las hierbas vuelvan a crecer. Se benefician especialmente los álamos temblones, los sauces y los chopos.
Esta vegetación estabiliza los suelos, retiene el agua y fomenta la biodiversidad. En pocas palabras: los lobos son figuras clave para que los bosques estén llenos de vida.
El papel de la caza por afición: ¿enemigo natural o mito cultural?
El lobby de la caza argumenta a menudo que solo mediante el disparo puede mantenerse un «equilibrio cinegético saludable». Pero los datos ecológicos de zonas con presencia de lobos lo refutan:
- En las regiones con manadas estables de lobos, la densidad de fauna disminuye sin intervención humana.
- La presión cinegética ejercida por el ser humano provoca comportamientos antinaturales: los animales salvajes están constantemente estresados y huyen lejos.
- La caza crea artificialmente poblaciones elevadas, porque se practica la alimentación y el manejo para garantizar «caza atractiva».
En otras palabras: la caza por afición no sustituye a la naturaleza, la perturba.
Los Grisones como ejemplo: el lobo como ayudante forestal
En los Grisones se demuestra lo positivo que resulta el efecto de los lobos sobre los bosques protectores. Desde que se han establecido manadas en la zona del Calanda, los guardas forestales observan una mejor regeneración del bosque. Crecen abetos y hayas jóvenes, porque son devorados con menos frecuencia.
De este modo, los bosques vuelven a cumplir mejor sus funciones protectoras: contra avalanchas, erosión y desprendimientos de rocas. No es, por tanto, un «lobo problemático» el que actúa aquí, sino un cuidador del bosque sobre cuatro patas.
Biodiversidad en lugar de plomo
El regreso de grandes predadores como el lobo trae de vuelta procesos naturales que estuvieron alterados durante décadas. Donde vive el lobo,
- crecen más árboles,
- regresan más especies de aves,
- se estabilizan los suelos,
- y aumenta el almacenamiento de CO₂ en el suelo.
Todo ello, sin intervenciones humanas, sin silvicultura, sin caza.
En lugar de avivar el miedo y de reaccionar con exigencias de abatimiento basadas en mitos ancestrales, deberíamos ver al lobo como lo que es: un regulador más natural, un modelador del paisaje y un símbolo de ecosistemas que funcionan.
Los lobos no necesitan rifles para mantener el bosque en equilibrio. Las personas necesitan a los lobos, para que los bosques puedan volver a respirar.
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