23.10.2026, 04:57

Buscar

El modelo de guarda de fauna: gestión profesional de los animales salvajes con código deontológico

El modelo de guardas de fauna se considera la alternativa basada en la evidencia a la caza recreativa. Pero para que no se convierta en un sistema de caza con ropaje nuevo, hace falta algo esencial: un código de honor vinculante que no solo describa la diferencia fundamental respecto a la práctica cinegética actual, sino que la ancle jurídica e institucionalmente.

Lo que te espera aquí

  • El problema con el statu quo: Por qué el sistema actual de guardas de fauna está estructuralmente entrelazado con la caza recreativa y qué significa esto para su credibilidad.
  • Lo que debe lograr un código de honor: Seis principios que distinguen un modelo profesional de guardas de fauna de un sistema de caza con uniforme estatal.
  • Diferencias con la caza recreativa: Comparación en tabla según motivación, legitimación, transparencia, control y principio de intervención.
  • El modelo ginebrino como referente, con limitaciones: Qué hace bien Ginebra y dónde un modelo de guardas de fauna consecuente debería ir más allá.
  • Repensar la formación: Qué disciplinas debería incluir una formación de guardas de fauna sin la obligatoriedad del certificado de aptitud para la caza.
  • Qué debería cambiar: Exigencias políticas para su anclaje legal a nivel federal.
  • Argumentario: Respuestas a las objeciones más frecuentes contra el modelo de guardas de fauna.
  • Enlaces rápidos: Todos los artículos relevantes, dossiers y fuentes externas.

El problema con el statu quo

La Asociación Suiza de Guardas de Fauna (SWHV) forma actualmente a guardas de fauna empleados por el Estado, en siete módulos a lo largo de tres años, con examen de certificación y certificado federal de capacitación profesional. La formación abarca ecología, biología de la fauna salvaje, manejo de armas y protección de la naturaleza.

El problema: quien hoy quiere ser admitido como guarda de fauna necesita obligatoriamente un certificado de aptitud para la caza. Esto significa que el sistema actual de guardas de fauna está estructuralmente entrelazado con el sistema de caza. Quien quiera convertirse en guarda de fauna debe primero convertirse en cazador recreativo. Precisamente este vínculo debe romperse si el modelo pretende ser una alternativa real.

Más información: argumentario a favor de guardas de caza profesionales y Una iniciativa exige «guardas de fauna en lugar de cazadores»

Lo que debe lograr un código de honor

Un sistema moderno de guardas de fauna necesita un código de honor vinculante que anclaje institucionalmente los siguientes principios:

1. Ningún abatimiento por placer

Los animales salvajes no se «cosechan», ni se cazan ni se gestionan como un recurso. Las intervenciones en las poblaciones de animales salvajes solo son admisibles cuando están justificadas y documentadas por motivos ecológicos, de protección animal o de seguridad. El modelo ginebrino vive este principio desde 1974: «En Ginebra no se retira a ningún animal por interés cinegético, sino únicamente allí donde está justificado por razones ecológicas, de protección animal o de seguridad.»

2. El principio del medio más suave

Antes de matar a un animal salvaje, deben examinarse y documentarse todos los métodos no letales: el ahuyentamiento, el acondicionamiento del hábitat, el vallado y el traslado. La muerte por disparo o trampa es el último recurso, no el primero. El prof. Rudolf Winkelmayer lo formula con precisión: «El objetivo debe ser una gestión moderna de la fauna y de la biodiversidad que busque siempre, en todos los casos, la solución menos agresiva al problema. La muerte por trampa o disparo es exactamente lo contrario». También la ciencia exige que las intervenciones letales solo se utilicen una vez demostrada su eficacia (Treves, Krofel y McManus 2016, Frontiers in Ecology and the Environment).

3. Prohibición de la mentalidad trofeísta y del abatimiento selectivo

Ningún guarda de fauna puede seleccionar animales según su valor como trofeo, su peso o criterios estéticos. Los animales líderes, las madres y las estructuras sociales gozan de especial protección, porque su función para la estabilidad de la población está científicamente demostrada. La Protección Animal Suiza (STS) lo deja claro: «Cazar animales por mero placer o para obtener trofeos no es éticamente defendible.»

4. Ninguna obligación de fomento para aumentar las poblaciones

Las poblaciones de animales salvajes no se «fomentan» para maximizarlas de cara a futuras intervenciones. Queda prohibido el fomento mediante alimentación fuera de periodos de necesidad, el aumento artificial de poblaciones o la manipulación del hábitat en favor de determinadas especies. El objetivo es el equilibrio ecológico, no la máxima densidad de animales salvajes.

5. Decisiones basadas en la ciencia

Cada intervención se basa en un plan de gestión documentado, revisado por ecólogos de fauna independientes. Los planes de abatimiento son públicos, los datos de población transparentes, y los resultados se evalúan y publican anualmente.

6. Rendición de cuentas democrática

Las guardas y los guardas de fauna son empleados de la comunidad, no de un lobby privado. Rinden cuentas a autoridades sometidas al control parlamentario, no a sociedades de caza ni a propietarios de terrenos.

Más información: Ginebra y la prohibición de la caza y Caza y protección animal: lo que la práctica hace con los animales salvajes

Diferencias con la caza recreativa

Criteriocaza recreativaModelo de guardas de fauna con código de honor
MotivaciónPlacer de ocio, tradición, trofeoNecesidad ecológica
LegitimaciónPrivada, derecho de patente, estructura asociativaEstatal, controlado democráticamente
Base de decisiónCriterio personal, tradición cinegéticaPlan de gestión científico
Principio de intervenciónAbatimiento como normaAbatimiento como último recurso
TransparenciaSin obligación de rendición de cuentas públicaDocumentación pública completa
Mentalidad trofeístaArraigado estructuralmenteExplícitamente prohibido
Estructuras socialesSon perturbados y cazados de forma selectivaProtección de animales guía y grupos familiares
ControlAsociación de caza, autoridades cantonalesParlamento, organismos técnicos independientes

Más información: Leyes de caza y control: por qué la autosupervisión no basta y Mitos de la caza: 12 afirmaciones que deberías cuestionar críticamente

El modelo de Ginebra como ejemplo, con matices

El cantón de Ginebra demuestra desde 1974 que la gestión estatal de la fauna funciona sin caza recreativa. Pero tampoco el modelo ginebrino es un ideal: allí los guardas de fauna siguen abatiendo animales, aunque exclusivamente en el marco de planes asumidos por las autoridades y sin el placer de cazar como motivo.

Un modelo de guardas de fauna coherente, con código de honor, iría un paso más allá: no solo regularía el abatimiento por vía administrativa, sino que lo definiría como una excepción sujeta a una estricta obligación de motivación, comparable al principio de proporcionalidad en el Estado de derecho.

Más información: Ginebra y la prohibición de la caza y Alternativas a la caza de ocio

Repensar la formación

Un modelo creíble de guardas de fauna necesita una nueva lógica de formación. En lugar del certificado de aptitud para la caza obligatorio como requisito previo, la formación debería basarse en las siguientes disciplinas:

  • Ecología y biología de poblaciones de animales salvajes: fundamentos científicos de la regulación de poblaciones
  • Ética animal y derecho de protección animal: fundamentos jurídicos y filosóficos del trato a seres sintientes
  • Resolución no letal de conflictos: ahuyentamiento, vallado, acondicionamiento del hábitat, traslado
  • Etología: estructuras sociales, reacciones de estrés y capacidad de aprendizaje de los animales salvajes
  • Comunicación democrática: relaciones públicas, informes parlamentarios, participación ciudadana
  • Práctica de tiro: solo como instrumento de emergencia, no como disciplina central

Más información: Psicología de la caza y El permiso de caza

Exigencias políticas

Un modelo de guardas de fauna con código de honor necesita un anclaje legal a nivel federal:

  1. Separación entre el certificado de aptitud para la caza y la profesión de guarda de fauna: los guardas de fauna no son cazadores recreativos con empleo público
  2. Marco federal vinculante para los umbrales de intervención y las obligaciones de justificación
  3. Comisión técnica independiente para evaluar todos los planes cantonales de gestión
  4. Registro público de todas las intervenciones en las poblaciones de animales salvajes, accesible digitalmente
  5. Ampliación cantonal por etapas siguiendo el modelo ginebrino, comenzando con cantones piloto

Argumentario

«Los guardas de fauna no son más que cazadores con uniforme estatal.» Exactamente ese es el peligro, y precisamente por eso se necesita un código de honor vinculante. Un modelo de guardas de fauna sin una delimitación institucional clara respecto a la caza recreativa sería en realidad solo un cambio de etiqueta. La diferencia radica en la motivación (necesidad ecológica en lugar de entretenimiento), en el principio de intervención (último recurso en lugar de método estándar), en el control (parlamentario en lugar de interno de la asociación) y en la transparencia (pública en lugar de cerrada). Estas diferencias deben estar ancladas en la ley, no solo proclamadas.

«El modelo de Ginebra solo funciona en un cantón pequeño y urbano.» Ginebra está más densamente poblada y se explota agrícolamente de forma más intensiva que muchos cantones con caza de patente. Si el modelo funciona allí desde 1974, no hay ningún argumento estructural en contra de que funcione igualmente en cantones más rurales. Lo que cambia es la escala, no el principio. Proyectos piloto en otros cantones ampliarían la base de evidencia.

«Sin cazadores recreativos falta el personal para la regulación de poblaciones.» En Ginebra, una docena de guardas medioambientales del Estado se encarga de lo que antes hacían mal más de 400 cazadores recreativos (Ginebra y la prohibición de la caza). Los costes rondan los 1,2 millones de francos al año. Los guardas de fauna profesionales son más eficientes porque intervienen de forma selectiva y fundamentada, en lugar de disparar en todo el territorio y durante toda la temporada. El 99,5 por ciento de los animales abatidos en Ginebra mueren en el acto, sin rastreo posterior y sin animales heridos.

«¿Quién va a pagar esto?» Los costes totales de la caza recreativa, las subvenciones forestales, los costes de los accidentes con animales salvajes, los gastos administrativos y los procedimientos judiciales nunca se contabilizan por completo. Solo los costes de los accidentes con animales salvajes ascienden a entre 40 y 50 millones de francos al año. El modelo de Ginebra cuesta un millón. Un cálculo independiente de los costes totales demostraría que la gestión profesional de la fauna salvaje no es más cara, sino más barata.

«La formación de guarda de fauna exige, con razón, experiencia cinegética.» El sistema actual exige un certificado de aptitud para la caza como requisito de acceso. Esto significa que quien quiera proteger profesionalmente a los animales salvajes primero debe aprender a matarlos como afición. Esto no es un criterio de calidad, sino un conflicto de intereses estructural. La formación debería basarse en la ecología de la fauna salvaje, la ética animal, la biología del comportamiento y la resolución no letal de conflictos, y no en la práctica cinegética.

«Los animales salvajes necesitan gestión, de lo contrario habrá caos.» La propia JagdSchweiz dejó constancia por escrito en 2011 de que las poblaciones de animales salvajes también se regulan por sí mismas, en principio, en el paisaje cultural. Allí donde existen depredadores, esto ocurre incluso de manera más eficaz que mediante las intervenciones humanas. El modelo de guardas de fauna no sustituye a la naturaleza, sino que la complementa allí donde existen conflictos reales, y lo hace con el medio más moderado posible.

Artículos en Wild beim Wild

Dosieres relacionados

Nuestra exigencia

El modelo de guardas de fauna solo constituye una auténtica alternativa a la caza recreativa si no reproduce la misma lógica: los animales salvajes como recurso, como presa, como telón de fondo para las necesidades de ocio humanas. Un código de honor no es un accesorio opcional, sino el requisito fundamental para la credibilidad y el respeto.

La investigación en biología del comportamiento, la ética animal y 50 años de experiencia en Ginebra muestran conjuntamente que los animales salvajes no necesitan cazadores recreativos ni cuasicazadores con uniforme estatal. Necesitan profesionales que entiendan su tarea como una función de protección y de equilibrio, no como una licencia para gestionar poblaciones. Un modelo de guardas de fauna con un auténtico código de honor no sería la caza recreativa con un nuevo ropaje, sino el comienzo de una relación fundamentalmente distinta entre el ser humano y la naturaleza salvaje.

Más sobre el tema: en nuestro dossier sobre la caza reunimos verificaciones de datos, análisis y reportajes de fondo.