El paisaje cultural como mito
La idea de que los paisajes culturales europeos son un «patrimonio natural» que hay que preservar es científicamente insostenible. Son el resultado de la tala, el drenaje, la canalización de ríos, la agricultura y la colonización, es decir, de intervenciones humanas permanentes y a menudo masivas a lo largo de siglos. Este dossier cuestiona sistemáticamente la narrativa del paisaje cultural. En el centro no se encuentran juicios morales, sino hechos verificables: historia de su origen, impacto ecológico y alternativas científicas.
Lo que te espera aquí
- Paisaje cultural: no un patrimonio natural, sino una obra humana: Por qué ningún paisaje cultural centroeuropeo surgió de forma natural, qué oculta el concepto de «paisaje desarrollado» y qué dice la investigación sobre el origen ecológico de estos tipos de paisaje.
- Sistemas de estabilización ecológicamente empobrecidos: Por qué los paisajes culturales solo existen gracias a la intervención humana constante, cómo suprimen sistemáticamente los servicios naturales de los ecosistemas y qué demuestra el estudio de Krefeld sobre el estado de estos paisajes.
- El rewilding como respuesta científica: Qué significa la conservación orientada a los procesos, cómo el Centro Helmholtz UFZ investiga proyectos de rewilding en Alemania y por qué la dinámica natural genera ecosistemas más resilientes que la conservación intensiva en mantenimiento.
- Práctica europea y ejemplos suizos: Dónde surgen en Europa grandes zonas de rewilding, qué muestra la reintroducción de bisontes en el Jura y qué recomienda la Agencia Europea de Medio Ambiente para la restauración de los ecosistemas.
- Posiciones críticas contrarias: Qué objeciones plantea la conservación clásica de la naturaleza, qué enseña el proyecto neerlandés Oostvaardersplassen sobre los límites del rewilding y dónde residen las tensiones éticas y políticas.
- Lo que tendría que cambiar: Reivindicaciones políticas concretas: protección de los procesos en lugar de conservación mediante mantenimiento, revalorización de la dinámica natural, espacio para la naturaleza salvaje en la política paisajística.
- Argumentario: Respuestas a las objeciones más frecuentes contra el rewilding y los procesos naturales.
- Enlaces rápidos: Todos los artículos, estudios y dossiers relevantes de un vistazo.
Paisaje cultural: no un patrimonio natural, sino una obra humana
Cuando las asociaciones conservacionistas, los grupos de presión agrícola o las federaciones de caza hablan de «paisajes culturales consolidados», suena a tradición, profundidad, legitimidad ecológica. Lo que el concepto describe en realidad es un estado del paisaje que en ningún momento fue natural. Los paisajes culturales centroeuropeos —prados floridos, brezales, bosques de ribera en llanuras aluviales canalizadas, viñedos, pastos alpinos— son el producto de la tala, el drenaje, la canalización de ríos, la fertilización, el pastoreo y la colonización. Ninguna de estas formas surgió de manera espontánea.
El término «consolidado» sugiere origen biológico y profundidad histórica. En realidad solo significa: lo suficientemente antiguo como para percibirse como algo natural. Un Töss canalizado no está «consolidado». Una marisma drenada no es «natural». Un prado de montaña que, sin la siega anual, en pocos años es reemplazado por bosque no es un ecosistema autónomo: es un estado dependiente del trabajo humano. El concepto del paisaje cultural como patrimonio natural cumple una función política: legitima el mantenimiento de un statu quo creado por el ser humano mediante la referencia a una supuesta naturalidad.
Las consecuencias para el debate conservacionista son de gran alcance. Quien trata los paisajes culturales como «milenarios» y «naturales» extrae de ello la conclusión de que su transformación es destrucción, ya sea por castores, revitalización de zonas aluviales, sucesión forestal o proyectos de rewilding. Esta lógica invierte la realidad ecológica: no es la restauración de los procesos naturales lo que constituye destrucción. La destrucción es la supresión de la dinámica natural durante siglos, que ha causado el retroceso del 76 por ciento de la biomasa de insectos, la desaparición de los paisajes aluviales y el colapso de las poblaciones de aves acuáticas.
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Sistemas de estabilización empobrecidos ecológicamente
Los paisajes culturales no son ecosistemas estables. Son estados estabilizados artificialmente que requieren intervenciones humanas constantes: segar, canalizar, fertilizar, drenar, talar. En cuanto cesan estas intervenciones, comienza la sucesión ecológica: el proceso natural de recolonización por especies leñosas pioneras, arbustos y, finalmente, bosque. Lo que los conservacionistas lamentan entonces como «asilvestramiento» es en realidad el ecosistema reparándose a sí mismo.
El Institut für Sozial-Ökologische Forschung (ISOE) constata que, en muchas regiones, los paisajes se han adaptado durante siglos a las necesidades humanas hasta tal punto que los servicios ecosistémicos naturales —la autodepuración de las aguas, la protección natural contra inundaciones, la formación del suelo, la polinización— han quedado sistemáticamente relegados a un segundo plano. Esto tiene consecuencias: los paisajes optimizados para un único objetivo de uso son altamente vulnerables a las fluctuaciones climáticas, la presión de las plagas y los cambios sociales.
En este contexto, el estudio de Krefeld de 2017 fue noticia: en un plazo de 27 años, la biomasa de insectos en Alemania se redujo en un 76 por ciento, e incluso en reservas naturales declaradas que están rodeadas de paisajes cultivados de uso intensivo. La conclusión es clara: no basta con preservar islas de protección puntuales en una matriz ecológicamente empobrecida. La matriz misma —es decir, el paisaje cultivado— es el problema.
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El rewilding como respuesta científica
El rewilding no es un romántico concepto de regreso a la naturaleza, sino un enfoque científicamente fundamentado de la ecología de la restauración moderna. Su esencia: el ser humano crea las condiciones para los procesos naturales —mediante la eliminación de barreras, la reintroducción de especies clave o el abandono del uso intensivo— y luego se retira. El ecosistema se desarrolla por sí mismo. En lugar de una conservación de un estado histórico que exige mucho mantenimiento, surge un sistema autorregulado con su propia dinámica.
El Helmholtz-Zentrum für Umweltforschung (UFZ) investiga, en el proyecto de investigación REWILD_DE, cómo la renaturalización de cursos de agua, el pastoreo natural por grandes animales y la coexistencia con la fauna silvestre contribuyen a la recuperación de la biodiversidad. Los resultados de la investigación muestran: los tramos fluviales renaturalizados desarrollan en pocos años una diversidad de especies que las orillas gestionadas no alcanzan en décadas. La madera muerta, los desprendimientos de las orillas, los niveles de agua cambiantes —todo aquello que el cuidado del paisaje cultivado combate como desorden— es la base de ecosistemas productivos.
El rewilding no supone el fin de la responsabilidad humana, sino su reformulación. En lugar de «¿Qué estado conservamos?», la pregunta es: «¿Qué procesos permitimos?» En la práctica, esto significa dejar que los castores realicen su labor de ingeniería ecológica, dejar que las riberas sigan sus ciclos naturales de inundación, tolerar la madera muerta en el bosque y aceptar al lobo y al lince como reguladores, en lugar de sustituirlos por cuotas de abatimiento.
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Práctica europea y ejemplos suizos
En Europa surgen cada vez más grandes zonas de rewilding. En las partes polacas y bielorrusas del bosque primigenio de Białowieża —el último bosque virgen de llanura de Europa— se demuestra lo que puede lograr la dinámica natural: una biodiversidad que los bosques gestionados ni siquiera se acercan a alcanzar. En Rumanía se desarrollan en los Cárpatos extensas zonas de naturaleza salvaje con bisontes, lobos, osos y linces. En los Países Bajos, el proyecto Kraansvlak experimenta con bisontes europeos en libertad en paisajes dunares. En Portugal surgen en la región del Côa nuevas zonas salvajes que transforman antiguas tierras de cultivo en hábitats cercanos al estado natural.
En Suiza, la reintroducción del bisonte europeo en el cantón del Jura (Thal, SO) es el ejemplo práctico más destacado. Estos animales asumen funciones naturales de cuidado del paisaje: abren los bosques mediante el descortezamiento y el frotamiento, crean claros y diversidad estructural que benefician a numerosas otras especies. Lo que a los conservacionistas les parece «ramoneo» es, desde la perspectiva de la ecología, un servicio: la creación de zonas de transición, claros y madera muerta. La Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA) señala en sus recomendaciones sobre la Estrategia de Biodiversidad 2030 que la restauración de ecosistemas funcionales es una respuesta central a la pérdida mundial de biodiversidad, y que esta restauración debe incluir procesos naturales, no solo listas de especies.
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Posiciones críticas opuestas
El concepto de rewilding no carece de contradicciones, y esa contradicción merece una reflexión seria. La conservación clásica —en particular las organizaciones especializadas en el cuidado de paisajes culturales ricos en especies— teme que la sucesión natural desplace a aquellas especies de espacios abiertos que dependen de un aprovechamiento extensivo. Las especies de mariposas de los prados pobres en nutrientes, las aves que anidan en el suelo de los terrenos agrícolas o ciertas comunidades de orquídeas surgieron de forma coevolutiva con el uso humano. Abandonarlas sin más a la sucesión destruiría su hábitat.
El proyecto neerlandés Oostvaardersplassen ha mostrado lo difícil que es aplicar de forma coherente el principio de «dejar que la naturaleza siga su curso». Cuando grandes herbívoros murieron de hambre en masa en aquel territorio vallado, el proyecto quedó sometido a una enorme presión social. La pregunta de a partir de cuándo el sufrimiento animal visible exige la intervención humana no es éticamente trivial. El rewilding presupone ecosistemas funcionales con suficiente espacio y redes tróficas completas. Los pequeños proyectos vallados sin grandes predadores y sin vías de escape para los herbívoros sobreabundantes no son rewilding, sino un zoológico semiabierto.
Estas tensiones no se resuelven mediante principios, sino mediante el contexto. En grandes zonas silvestres, en las llanuras aluviales, junto a los cursos de agua y en las regiones de montaña con suficiente espacio, el rewilding tiene un buen fundamento científico. En los paisajes culturales reducidos y fragmentados, con elevada presión urbanística, se necesitan enfoques más diferenciados: un cuidado específico para las especies de espacios abiertos altamente especializadas, combinado con el máximo espacio posible para los procesos naturales allí donde resulte viable. El error no está en el rewilding como concepto, sino en su aplicación sin contexto.
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Lo que tendría que cambiar
- Reconocer la protección de los procesos en igualdad de condiciones junto a la conservación basada en el cuidado: La política suiza de conservación de la naturaleza está orientada al mantenimiento de estados. Los procesos ecológicos deben anclarse como objetivos de protección independientes en la legislación federal. Lo que ocurre de forma natural ya no puede considerarse automáticamente una amenaza.
- Sacar al castor, al lobo y a la dinámica aluvial de la lógica del problema: Los castores son los renaturalizadores de cursos de agua más eficaces de Europa. Los lobos regulan las poblaciones de ungulados de una manera que las cuotas de caza estructuralmente no pueden lograr. Estos animales y procesos necesitan espacio en lugar de desplazamiento. Propuesta modelo: Textos modelo para iniciativas críticas con la caza
- Retirar los fondos públicos del mantenimiento del paisaje cultural allí donde no está ecológicamente justificado: Millones se destinan al mantenimiento de formas paisajísticas que solo existen porque fueron utilizadas históricamente. La financiación debería orientarse hacia objetivos ecológicos, no hacia la conservación de patrones de uso históricos.
- Zonas piloto de rewilding en Suiza: El cantón del Jura ha dado un primer paso con el proyecto del bisonte europeo. Se necesitan más proyectos de este tipo con acompañamiento científico, comunicación transparente y criterios de evaluación claros.
- Debate social sobre el concepto de «naturaleza»: Lo que se considera «natural» en Suiza está definido políticamente, casi siempre en favor del statu quo. Un análisis honesto de la historia de la formación de los paisajes culturales situaría el debate sobre la naturaleza salvaje, el rewilding y la recuperación ecológica sobre una base más objetiva.
Argumentario
«Los paisajes culturales se han formado históricamente y son ecológicamente valiosos.»
Histórico no es sinónimo de natural. Los paisajes culturales son el resultado de intervenciones humanas masivas: deforestación, drenaje, rectificación de cauces. Algunos de ellos albergan especies especializadas que se han desarrollado coevolutivamente con la explotación extensiva. Esto justifica un mantenimiento selectivo para especies de campo abierto altamente especializadas. No justifica tratar todo el statu quo del paisaje cultural como un patrimonio natural intocable.
«El rewilding destruye lo que se ha formado a lo largo de siglos.»
Lo que se ha formado a lo largo de siglos son intervenciones en sistemas naturales. La sucesión, la inundación y la madera muerta no son destrucción, sino recuperación. Lo que sucede en un prado de siega abandonado —crecimiento de arbustos, colmatación, abundancia de insectos— no es una pérdida ecológica, sino un enriquecimiento estructural. El término «destrucción» funciona aquí como un instrumento retórico, no como un diagnóstico ecológico.
«Sin intervenciones de mantenimiento desaparecen especies raras.»
Esto es cierto para determinadas especies de campo abierto altamente especializadas que dependen realmente de un aprovechamiento extensivo. Estos grupos merecen programas de conservación específicos. De ello no se sigue que el mantenimiento del paisaje cultural sea ecológicamente necesario como concepto global. El error reside en la generalización: no todo paisaje gestionado es digno de protección, y no toda sucesión es una pérdida.
«El rewilding es demasiado caro y políticamente inviable.»
Los costes del statu quo rara vez se contabilizan por completo: las subvenciones al mantenimiento del paisaje cultural, los costes de la protección contra inundaciones en ríos canalizados, los daños por el declive de los polinizadores, los costes del tratamiento del agua en cuencas contaminadas por pesticidas. Está demostrado que las llanuras aluviales renaturalizadas son más rentables para la protección contra inundaciones que las obras técnicas de canalización. El rewilding no es un ideal costoso, sino a menudo la solución más económica.
«El castor y el lobo solo causan daños.»
Los castores crean humedales, elevan el nivel freático, filtran nutrientes y aumentan de forma medible la biodiversidad en los cursos de agua. Sus «daños» son locales y compensables. Los lobos regulan las poblaciones de ungulados, reducen la presión del ramoneo sobre los bosques y estabilizan las estructuras sociales de los cérvidos. Ambas especies asumen funciones ecosistémicas que los humanos solo pueden sustituir con un esfuerzo considerable y nunca por completo.
Enlaces rápidos
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Nuestra exigencia
Los paisajes culturales no son naturaleza. Son obra del ser humano, surgidos históricamente, empobrecidos ecológicamente y solo mantenibles de forma estable mediante intervenciones permanentes. Quien trata este estado como un patrimonio natural intocable no practica una política de protección de la naturaleza, sino una conservación del statu quo. La ecología moderna es clara en este punto: los ecosistemas autorregulados son más resistentes, más ricos en especies y, a largo plazo, también más valiosos para el ser humano que los paisajes congelados en un estado de uso histórico.
Esto no significa el fin del cuidado del paisaje cultural. Significa su reevaluación: cuidado específico allí donde lo necesitan especies altamente especializadas, y el máximo espacio para los procesos naturales allí donde el espacio está disponible. Este dossier se actualiza continuamente cuando lo requieren nuevos resultados de investigación, desarrollos políticos o ejemplos prácticos suizos.
Más sobre el tema: en nuestro Dossier sobre la caza reunimos verificaciones de hechos, análisis e informes de fondo.
