19 de junio de 2026, 19:44

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La caza en Suiza: cifras, sistemas y mitos

Alrededor de 30’000 hobby hunters están activos en Suiza. Cada año abaten unos 76 000 ungulados salvajes, así como casi 22’000 predators: zorros rojos, tejones, martas. La caza se comercializa así como protección de la naturaleza: como un servicio desinteresado a la fauna salvaje y al paisaje, como un instrumento de regulación imprescindible, como un puente entre el ser humano y la naturaleza.

Lo que se hace visible al observar más de cerca es algo distinto. Alrededor del 65 por ciento de quienes practican la caza en Suiza lo hacen en cantones con caza por licencia (Patentjagd), cantones en los que no existe ningún coto permanente, ninguna superficie claramente asignada ni responsabilidad institucionalmente anclada sobre los hábitats o la fauna silvestre. Pagan por un derecho temporalmente limitado a abatir animales silvestres en un amplio territorio. Después, ese derecho caduca. Quien el año siguiente saque la misma licencia es tan poco responsable del mismo hábitat como el año anterior.

Este problema estructural es el núcleo del relato de la caza en Suiza: la mayoría de quienes practican la caza carece de toda base institucional para esa responsabilidad que reclama públicamente. Estudios de biología del comportamiento muestran que los animales silvestres reaccionan a la presión cinegética con estrés crónico, retraimiento y una tasa de reproducción elevada, no con gratitud. Los ecólogos de poblaciones demuestran que los abatimientos no generan una regulación estable de los efectivos, sino que desencadenan dinámicas compensatorias. Y el cantón de Ginebra demuestra desde 1974 que la diversidad de la fauna silvestre, la biodiversidad y la aceptación social no disminuyen sin la caza por afición (hobby hunting), sino que aumentan.

Este dossier cuestiona de manera sistemática el relato de la caza. En el centro no están los juicios morales, sino hechos verificables: cifras, competencias, responsabilidad e impacto. De forma complementaria, nuestros análisis cantonales ofrecen una contextualización en profundidad: Berna, Grisones, Zúrich y Ginebra, etc.

Lo que te espera aquí

  • Abolición de la irresponsabilidad estructural en el sistema de caza por licencia: Quien obtiene el derecho a matar animales silvestres en un gran territorio debe asumir también una responsabilidad permanente sobre ese territorio. Esto significa, o bien la transformación de la caza por licencia en un sistema de cotos con responsabilidad clara en cuanto a superficie y tiempo, o bien el reemplazo progresivo por estructuras profesionales de guardafauna según el modelo ginebrino. Iniciativa modelo: Guardafaunas en lugar de hobby hunters
  • Proyectos piloto cantonales según el modelo ginebrino: Los cantones que quieran examinar seriamente el modelo de guardafauna necesitan margen de maniobra en la legislación federal y apoyo financiero para una fase de evaluación. El modelo ginebrino tiene 50 años; su transferibilidad a otros cantones no es una cuestión hipotética, sino una decisión política planificable.
  • Cupos de abatimiento transparentes y ecológicamente fundamentados: Los cupos deben basarse en censos poblacionales validados científicamente, estar vinculados a valores ecológicos objetivos claros, documentarse de forma públicamente accesible y estar sujetos a un control independiente. Las cifras de abatimiento negociadas políticamente sin fundamento biológico no son regulación. Propuesta modelo: Estadística de caza transparente
  • Cálculo completo de los costes de la caza por afición: Una exposición transparente de todos los costes directos e indirectos del sistema de caza por afición y su comparación con los costes de un modelo de guardafauna. Sin este cálculo, el debate político sobre el «valor» de la caza por afición para la comunidad no puede llevarse a cabo seriamente.
  • Desvinculación de la protección de la naturaleza y la licencia de caza: El trabajo de conservación de la naturaleza debe organizarse como una prestación autónoma, reconocida y fomentada. Quien quiera proteger la naturaleza no necesita una licencia de caza. Quien quiera cazar no debe legitimarse automáticamente como protector de la naturaleza.
  • Marco jurídico federal para una gestión profesional de la fauna silvestre: La Ley Federal sobre la Caza debe reconocer la gestión profesional de la fauna silvestre sin caza miliciana como una alternativa equivalente y ofrecer a los cantones que sigan este camino el correspondiente marco jurídico. Lo que en Ginebra funciona desde hace 50 años no puede seguir tratándose como una excepción en el derecho federal.
  • Argumentario: Respuestas a las objeciones más frecuentes sobre el tema.
  • Enlaces rápidos: Todos los artículos, estudios y dosieres relevantes.

Dos sistemas, una legitimación: comparación entre la caza por patente y la caza por coto

Suiza conoce dos sistemas de caza fundamentalmente distintos, cuya diferencia es central para valorar el discurso de la caza. En los cantones de caza por coto —entre ellos Zúrich, Argovia, Lucerna, San Galo, Schaffhausen, Soleura, Turgovia, Basilea-Ciudad y Basilea-Campiña— las licencias de caza están vinculadas a cotos concretos, geográficamente delimitados. Quien caza arrienda una zona determinada durante varios años y es formalmente responsable de ese hábitat. Esta vinculación sistémica de superficie, responsabilidad y continuidad temporal crea, al menos, la posibilidad formal de una responsabilidad duradera.

En los cantones con sistema de patente de caza —entre ellos Berna, Valais, Grisones, Vaud, Friburgo, Glaris, Jura, Neuchâtel, ambos Appenzell, Nidwalden, Obwalden, Schwyz, Tesino, Uri y Zug— el sistema funciona de forma fundamentalmente distinta: la patente permite cazar en todo el territorio cantonal (salvo en las zonas protegidas federales y cantonales), durante un período limitado, sin un hábitat asignado de forma permanente. Quien obtiene una patente tiene acceso a una gran superficie sin ser responsable de forma duradera de ninguna parte de ella. Una vez finalizada la temporada, el derecho caduca. De este modo no surge ninguna responsabilidad sobre el hábitat anclada institucionalmente.

La distribución es estadísticamente clara: alrededor del 65 por ciento de quienes practican la caza en Suiza están activos en cantones con sistema de patente, es decir, en un sistema sin responsabilidad permanente sobre un coto. Lo decisivo no es que la caza por cotos signifique automáticamente protección de la naturaleza. Lo decisivo es que, en la caza por patente, la responsabilidad es estructuralmente imposible. La legitimación pública de la caza como afición como «servicio a la naturaleza» se apela a una responsabilidad que el sistema no contempla para la mayoría de quienes la practican.

Más información: BAFU: caza y sistemas de caza y Mitos sobre la caza: 12 afirmaciones que deberías examinar críticamente

¿Servicio gratuito o derecho de uso? Lo que realmente obtienen los cazadores aficionados

El término «Frondienst» (servicio obligatorio gratuito) aparece con regularidad en el debate sobre política cinegética. A las cazadoras y los cazadores aficionados les gusta presentar su actividad como un servicio altruista a la colectividad, como una prestación gratuita en favor de la naturaleza y la sociedad. Un análisis lexicográfico y sistémico demuestra que, en el contexto de la caza como afición, el término se utiliza de forma históricamente incorrecta y oculta estructuras reales de poder, de uso y de incentivos.

El término «Frondienst» (trabajo de servidumbre) designaba históricamente una prestación laboral gratuita y obligatoria en favor de la comunidad o del Estado, sin contraprestación individual. El núcleo del concepto es la abnegación. En el sistema de caza de Suiza existe una contraprestación clara y exclusiva: los cazadoras y cazadores de afición pagan por licencias o cotos y reciben a cambio un derecho exclusivo: el acceso a los animales salvajes, incluido su abatimiento. Este derecho es el incentivo central del sistema. Sin derecho de disparo no existirían ni licencias de caza ni arriendos de caza. Con ello desaparece el criterio decisivo del trabajo de servidumbre: la caza no es un servicio gratuito, sino un derecho de uso regulado contractualmente. Quien paga espera algo a cambio, y ello está claramente definido.

Esta contradicción se manifiesta con especial claridad en los cantones de caza por licencia: allí no existe una vinculación permanente a un coto, ni una responsabilidad territorial a largo plazo, ni un trabajo institucionalmente arraigado sobre el hábitat. Lo que queda es el derecho de uso por un tiempo determinado. El abatimiento no es un efecto secundario, sino el núcleo de la actividad. La protección de la naturaleza es medible: se refleja en superficies gestionadas, medidas concretas, plazos y efectos comprobables. Las organizaciones dedicadas al cuidado del paisaje, a la gestión del bosque protector o al fomento de la biodiversidad trabajan sin armas, sin lógica de trofeos y sin cuotas de abatimiento. La referencia al «trabajo de servidumbre» sirve en el contexto cinegético principalmente para revalorizar moralmente un derecho de uso, y no para describirlo objetivamente.

Más sobre el tema: Iniciativa exige «guardafaunas en lugar de cazadores» y Psicología de la caza

Por qué los animales salvajes no aprecian a los cazadores de afición: evidencia desde la biología del comportamiento

La afirmación de que los animales salvajes se beneficiarían de la caza de afición o que al menos la aceptarían no resiste un análisis desde la biología del comportamiento. En presencia de cazadores de afición, los animales salvajes adoptan un modo de comportamiento más vigilante; así lo ha demostrado de forma consistente la investigación con alces en Canadá y con ungulados en Europa. «El ser humano es percibido como un peligro», explica la profesora Ilse Storch, directora de la cátedra de Ecología y Gestión de la Fauna Salvaje de la Universidad de Friburgo. No se trata de habituación ni de aceptación: es una reacción de estrés biológicamente fundamentada ante una amenaza mortal.

Bajo la presión cinegética, los animales silvestres adaptan profundamente su comportamiento de uso del espacio. Corzos y ciervos abandonan las áreas abiertas y viven cada vez más al amparo del bosque. Las fases de actividad se desplazan a la noche, con menos perturbaciones. Estos efectos de desplazamiento conducen a peores condiciones de alimentación, a una mayor concentración en una superficie más reducida — y, por tanto, a más ramoneo de los árboles del bosque, no menos. Lo que el lobby cinegético describe como «protección del bosque» produce, pues, en parte exactamente esa presión de ramoneo que supuestamente combate: porque las batidas y las monterías acosan a los animales silvestres, presa del pánico, hacia aquellos espacios de refugio en los que luego devoran la vegetación disponible bajo un estrés elevado.

Las mediciones científicas del estrés confirman lo que sugieren los estudios de biología del comportamiento. Una investigación de 14 años sobre muestras de sangre de ungulados abatidos y muertos, analizando la concentración de cortisol, demuestra que los animales que antes de su muerte fueron cazados, perturbados o atropellados presentan niveles de hormonas del estrés drásticamente más altos que aquellos que murieron sin ser molestados. En los ciervos rojos procedentes de batidas, esta diferencia es especialmente medible. Desde el punto de vista biológico, la caza no es, por tanto, una actividad neutral, sino un factor de estrés permanente con consecuencias fisiológicas medibles. Un argumento central de los cazadores, según el cual los animales silvestres se acostumbrarían a la caza, queda claramente refutado: los animales silvestres pueden habituarse a perturbaciones inofensivas, pero no a amenazas mortales que generan una presión selectiva sobre la supervivencia.

Más al respecto: Estudios sobre los efectos de la caza en los animales silvestres y Animales silvestres, miedo a la muerte y ausencia de aturdimiento

El abatimiento como regulación: por qué el argumento no se sostiene biológicamente

Uno de los argumentos centrales para justificar la caza como hobby es que los abatimientos serían necesarios para regular las poblaciones de animales silvestres. Este argumento suena intuitivamente plausible, pero no resiste un análisis desde la ecología de poblaciones. El zoólogo y ecólogo Prof. Dr. Josef H. Reichholf, antiguo director del departamento de vertebrados de la Colección Estatal Zoológica de Múnich, lo resume con precisión: «La caza no regula. Crea poblaciones sobredimensionadas y poblaciones reprimidas.»

La explicación reside en la dinámica poblacional compensatoria. Las poblaciones de animales salvajes no reaccionan de forma pasiva a las pérdidas, sino con mecanismos biológicos de compensación: tasas de reproducción más altas, madurez sexual más temprana, camadas más grandes. Los estudios demuestran claramente que los jabalíes, los corzos y otros animales salvajes aumentan su tasa de reproducción bajo la presión de la caza: cuanto más se les caza, más descendencia generan. En wildbeimwild.com se afirma acertadamente al respecto: «La caza por afición, en su forma actual, no es un instrumento eficaz para la regulación de poblaciones, sino una cosecha periódica de fauna que con frecuencia incluso estabiliza o aumenta la población, con el efecto secundario de que a los cazadores aficionados nunca se les acaba la caza.»

A esto se suma el problema de la selección: en la práctica no se extraen individuos al azar, sino determinadas clases de edad o sexo, preferentemente los animales más experimentados, visibles y fuertes. La caza de animales líderes y de individuos dominantes desestabiliza las estructuras sociales de los cérvidos, jabalíes y zorros. La consecuencia son grupos desordenados, mayores movimientos migratorios y, a menudo, daños crecientes en lugar de decrecientes. Desde el punto de vista biológico, la caza tiene con frecuencia un efecto desestabilizador, no regulador. Y la regulación presupone valores ecológicos objetivo claros, que en la práctica cinegética suiza a menudo faltan o se definen de manera política en lugar de biológica. Conceptos como «población soportable» o «densidad de fauna adaptada» siguen siendo vagos y sirven con frecuencia para legitimar a posteriori cifras de abatimiento ya establecidas.

Más al respecto: Por qué la caza por afición fracasa como control de poblaciones y Mitos de la caza: 12 afirmaciones que deberías examinar de forma crítica

76’000 ungulados salvajes: lo que la estadística de caza de 2024 realmente muestra

En el año cinegético 2023, unos 30’000 cazadores y cazadoras aficionados abatieron en Suiza alrededor de 76 000 ungulados salvajes, así como casi 22’000 de los llamados predadores: zorros rojos, tejones, martas y garduñas. Tanto el número de personas que practican la caza como el número de ungulados salvajes abatidos se ha mantenido aproximadamente estable en los últimos años. Esta es una información relevante: la estabilidad no es señal de un efecto de protección de la naturaleza, sino de una práctica de aprovechamiento que asegura su propia perpetuación.

En el cantón de Berna —uno de los mayores cantones de caza por patente—, el valor actual de abatimientos de 4’789 corzos en la temporada 2024/2025 representa el mínimo histórico desde el inicio del registro de datos. El número de patentes básicas adquiridas se encuentra igualmente en un mínimo: 2’124 patentes, lo que demuestra que hay menos cazadores aficionados activos, no que la presión sobre las poblaciones de fauna silvestre haya disminuido. En el cantón de San Galo —un cantón de caza por coto—, en 2024 se abatieron casi 5’000 corzos, ciervos, rebecos y jabalíes; la autoridad cinegética lo atribuye al «gran esfuerzo de los cazadores y cazadoras». La formulación es reveladora: los abatimientos como esfuerzo, los animales como objetivo a alcanzar, ni una palabra sobre el trabajo en favor del hábitat o el efecto en la protección de la naturaleza.

Lo que la estadística cinegética realmente muestra es, por tanto, la dimensión de la intervención: 76’000 ungulados silvestres en un año, 22’000 predadores, miles de animales individuales por cantón. No se trata de un fenómeno marginal ni de una «intervención necesaria» que se disuelve en la medida de la naturaleza. Es una extracción a gran escala, repetida cada año, de las poblaciones de fauna silvestre, basada en contingentes fijados políticamente y no en valores objetivo ecológicos científicamente fundamentados y sometidos a control público. Lo que no figura en ninguna estadística cinegética: cuántos animales fueron heridos de bala sin morir de inmediato, cuántas batidas de rastreo resultaron infructuosas, y cuántos animales murieron en las carreteras a raíz de las monterías.

Más sobre esto: La caza en Suiza: verificación de hechos, modalidades de caza, críticas y Suiza: estadística de accidentes de caza mortales

Ginebra: éxito sin caza por afición

En 1974, el cantón de Ginebra decidió en referéndum popular abolir la caza por miliciano de mamíferos y aves. Desde entonces, el derecho a disparar a animales silvestres corresponde al Estado: los abatimientos los realizan guardas de fauna empleados por el cantón en el marco de una gestión de la fauna silvestre bajo responsabilidad de las autoridades. La prohibición de la caza impide a unos pocos cientos de los 500’000 ginebrinos ejercer su afición en su propio cantón. Las ventajas para la gran mayoría están documentadas tras más de 50 años.

El inspector de fauna Gottlieb Dandliker describe el efecto en el mundo animal: la población de aves, que originalmente solo contaba con unos pocos cientos de individuos en Ginebra, ha aumentado hasta los 30 000 huéspedes invernales. En todo el cantón ha surgido una red de hábitats diversos en la que han encontrado hogar una multitud de animales y plantas, algunos de ellos poco comunes. Un estudio a largo plazo demuestra un fuerte aumento de la biodiversidad. Los animales salvajes utilizan Ginebra como zona de refugio frente a los cotos de caza circundantes. Para la población, esto significa observaciones de la naturaleza más frecuentes y menos estresantes, así como una mayor aceptación social de los animales salvajes en el espacio habitado.

El modelo ginebrino refuta la afirmación de que una milicia armada sea un requisito para la regulación o la seguridad. Las intervenciones se realizan de forma selectiva, comprensible y sin lógica de trofeos ni de arrendamiento. Están vinculadas a criterios claros como la prevención de daños, la seguridad vial y la protección animal, y son ejecutadas por personal especializado empleado por el Estado con tecnología de visión nocturna y de imagen térmica, lo que minimiza los disparos fallidos y los accidentes. Ginebra no es una contrapropuesta teórica. Es una práctica vivida desde hace 50 años, y por tanto el argumento empírico más sólido que existe en el debate suizo sobre la caza.

Más al respecto: La caza en el cantón de Ginebra: prohibición de la caza, psicología y percepción de la violencia y Naturaleza sin caza: prohibición de la caza en el cantón de Ginebra desde 1974

El modelo de los guardas de fauna: qué significan las estructuras profesionales

El modelo de guardas de fauna según el ejemplo ginebrino separa de forma coherente la regulación de los animales salvajes del ámbito recreativo. Las guardas y los guardas de fauna están empleados por el Estado, cuentan con formación especializada y rinden cuentas a la comunidad. Sus intervenciones están vinculadas a criterios comprensibles —prevención de daños, seguridad vial, protección animal, objetivos de biodiversidad— y se documentan de forma transparente. Es lo opuesto a un sistema en el que las cifras de abatimientos se financian mediante la venta de licencias y los arrendamientos de caza, y dependen así estructuralmente de incentivos económicos.

Una propuesta concreta para un cambio de sistema —desde los parlamentos cantonales hasta el nivel federal— se encuentra en el Texto modelo para iniciativas críticas con la caza elaborada en detalle. El punto central: los costes de la gestión de la fauna salvaje y de la prevención de daños deben presentarse de forma comprensible y compararse con la situación actual —caza como afición más indemnizaciones por daños causados por la fauna más costes del seguro de accidentes de caza—. Quien se lo tome en serio constatará que las estructuras profesionales no tienen por qué ser más caras que el sistema de caza de milicia fragmentado y difícilmente controlable.

Lo que un cambio de sistema no significa: un completo laissez-faire con la fauna salvaje. También con estructuras de guardafaunas existen intervenciones específicas allí donde estén justificadas ecológica y socialmente. Lo que sí significa: que estas intervenciones las realiza personal especializado que no tiene intereses de trofeos, ni inversiones en arrendamientos que justificar, ni expectativas culturales cinegéticas que satisfacer. No se trata de una ruptura radical, sino de la consecuencia lógica de una política de fauna salvaje que quiere estar a la altura de sus propias exigencias: conservación de la naturaleza, bienestar animal y responsabilidad social.

Más al respecto: Una iniciativa exige «guardafaunas en lugar de cazadores» y Textos modelo para iniciativas críticas con la caza en los parlamentos cantonales

Lo que debería cambiar

  • Primero: abolición de la irresponsabilidad estructural en el sistema de caza por licencia. Quien obtiene el derecho de matar fauna salvaje en una amplia zona debe asumir también una responsabilidad permanente sobre esa zona. Esto significa o bien la conversión de la caza por licencia en un sistema de cotos con una clara responsabilidad territorial y temporal, o bien el relevo gradual mediante estructuras profesionales de guardafaunas siguiendo el modelo ginebrino.
  • Segundo: proyectos piloto cantonales según el modelo ginebrino. Los cantones que quieran examinar seriamente el modelo de guardafaunas necesitan margen en el derecho federal y apoyo financiero para una fase de evaluación. El modelo ginebrino tiene 50 años; su transferibilidad a otros cantones no es una cuestión hipotética, sino una decisión política planificable.
  • Tercero: cupos de abatimiento transparentes y justificados ecológicamente. Los cupos deben basarse en censos de población validados científicamente, estar vinculados a valores objetivo ecológicos claros, documentarse de forma accesible al público y someterse a un control independiente. Las cifras de abatimiento negociadas políticamente sin base biológica no constituyen una regulación.
  • Cuarto: cálculo completo de los costes de la caza como afición. Una presentación transparente de todos los costes directos e indirectos del sistema de caza por afición —indemnizaciones por daños causados por la fauna, costes de los seguros por accidentes de caza, costes derivados de los accidentes con animales salvajes inducidos por la presión cinegética, costes estatales de control— y su comparación con los costes de un modelo de guardafaunas. Sin este cálculo, el debate político sobre el «valor» de la caza por afición para la comunidad no puede llevarse a cabo con seriedad.
  • Quinto: desvinculación entre conservación de la naturaleza y autorización de caza. El trabajo de conservación de la naturaleza —cuidado de biotopos, protección de anfibios, atención a los lugares de cría, monitoreo de la fauna salvaje— debe organizarse como una prestación autónoma, reconocida y fomentada. Quien quiera proteger la naturaleza no necesita una autorización de caza. Quien quiera cazar no puede legitimarse automáticamente como conservacionista.
  • Sexto: un marco de derecho federal para la gestión profesional de la fauna salvaje. La Ley Federal de Caza debe reconocer la gestión profesional de la fauna salvaje sin caza de milicia como una alternativa equivalente y ofrecer el marco jurídico correspondiente a los cantones que opten por este camino. Lo que en Ginebra funciona desde hace 50 años no puede seguir tratándose en el derecho federal como una excepción.

Argumentario

«Las cazadoras y los cazadores por afición prestan un servicio de conservación de la naturaleza imprescindible y no remunerado.» El servicio no remunerado es, históricamente, un trabajo obligatorio sin contraprestación individual. Las cazadoras y los cazadores por afición adquieren un derecho exclusivo y pagado a abatir animales salvajes. Eso es un derecho de uso, no un servicio no remunerado. El término sirve para revalorizar moralmente una actividad de ocio, no para describirla con objetividad.

«Sin la caza por afición, las poblaciones de fauna salvaje se dispararían.» La ecología de poblaciones demuestra lo contrario: la caza intensiva desencadena aumentos compensatorios de la reproducción. Reichholf: «La caza no regula. Crea poblaciones sobredimensionadas y reprimidas.» Ginebra no tiene caza de milicia desde 1974 —y no tiene poblaciones desbordadas. Las poblaciones de fauna salvaje se regulan mediante la disponibilidad de alimento, la capacidad del hábitat, las condiciones climáticas y las estructuras sociales —no mediante cupos de abatimiento.

«Las cazadoras y los cazadores por afición con patente conocen bien su hábitat y asumen responsabilidad.» Una licencia limitada en el tiempo y sin vínculo geográfico no genera responsabilidad institucional. Quien caza esta temporada en Valais y al año siguiente no adquiere licencia, no asume ninguna responsabilidad legal o fácticamente exigible por el hábitat. La buena voluntad y los conocimientos informales no sustituyen una competencia estructural.

«El modelo de Ginebra no es transferible: Ginebra es demasiado pequeña y demasiado urbana.» Ginebra es el cantón más pequeño de Suiza en superficie, limita con Francia y tiene una alta densidad de población. Si el modelo de guardafauna funciona precisamente allí desde hace 50 años –con una biodiversidad creciente, poblaciones de fauna silvestre estables y aceptación social–, entonces «no transferible» no es un argumento de fondo, sino una afirmación política de defensa.

«Quien quiere proteger la naturaleza debe estar sobre el terreno, y los cazadores aficionados lo están.» La presencia sobre el terreno es una condición necesaria, pero no suficiente, para la protección de la naturaleza. Solo se convierte en protección de la naturaleza cuando está ligada a objetivos claros, medidas verificables y responsabilidad. Eso, estructuralmente, no se da en la caza de milicia, y en particular no en la caza con licencia. Los guardafaunas profesionales están igualmente «sobre el terreno», con mayor competencia técnica, una clara responsabilidad y sin intereses de abatimiento.

«La caza como afición se financia a sí misma; un modelo de guardafauna gravaría al contribuyente.» Este cálculo ignora todos los costes externos del sistema de caza como afición: indemnizaciones por daños causados por la fauna, prestaciones de seguros por accidentes de caza, costes estatales de control, costes derivados de la presión por ramoneo a consecuencia de la concentración de fauna silvestre inducida por la presión cinegética. Falta una contabilidad global honesta, y al lobby de la caza no le interesa que se haga.

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Nuestra aspiración

La caza en Suiza no es un sistema de protección de la naturaleza. Es un modelo de aprovechamiento de desarrollo histórico que opera con una retórica de responsabilidad allí donde estructuralmente falta la responsabilidad institucional, especialmente en la caza por patente, que abarca el 65 por ciento de todos los cazadores en ejercicio. La investigación en biología del comportamiento demuestra que los animales salvajes sufren bajo la presión de la caza. La ecología de poblaciones demuestra que los abatimientos no generan una regulación estable, sino que desencadenan dinámicas compensatorias. El cantón de Ginebra demuestra desde 1974 que la diversidad de la fauna salvaje, la aceptación social y la regulación profesional, sin caza de milicia, no disminuyen, sino que aumentan.

La consecuencia es lógica: quien quiera una protección social de la naturaleza debe organizarla institucionalmente. Eso significa competencias profesionales, objetivos claros, control transparente y evaluación científica. Un cambio de sistema hacia estructuras de guardas de caza no es una radicalidad, sino una adaptación al estado de la ciencia y la ética, y un mandato de equidad hacia quienes no quieren ningún abatimiento y aun así son cargados por un lobby armado de ocio como una carga del conjunto de la sociedad. Este dosier se actualiza continuamente cuando nuevas cifras, estudios o desarrollos políticos lo requieren.

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