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Psicología & caza

Psicología de la caza recreativa en el cantón de los Grisones

Los Grisones es, en términos de superficie, el cantón más grande de Suiza. Los Grisones presenta una densidad de intervención cinegética muy elevada. La administración cantonal de caza justifica esto de manera recurrente con la regulación de poblaciones, la prevención de daños y la tradición.

Redacción Wild beim Wild — 26 de enero de 2026

Sin embargo, un análisis más detallado de la planificación cinegética, de las autorizaciones de abatimiento y de la situación ecológica real muestra un panorama diferente: la caza recreativa en los Grisones sigue en muchos casos una lógica de intervención obsoleta, que no resulta imprescindible desde el punto de vista de la biología de fauna silvestre ni goza de una amplia aceptación social.

La planificación cantonal de la caza se basa en objetivos de abatimiento fijados anualmente para las distintas especies de animales salvajes. Especialmente llamativa es la elevada densidad de abatimientos en la denominada caza menor, entre ella la liebre europea, la perdiz nival y el urogallo menor. Estas especies llevan años sometidas a presión por la pérdida de hábitat, el cambio climático y el uso turístico de los espacios alpinos. En el caso de la perdiz nival alpina, el declive en Suiza está bien documentado, y en los tetraónidos se ha descrito además una presión de caza adicional. Para algunas especies de caza menor en los Grisones existen indicios locales de declive o fragmentación que apenas se tienen en cuenta políticamente en la planificación de la caza.

A pesar de ello, se autorizan regularmente abatimientos que se orientan menos por tendencias poblacionales estables que por tradiciones cinegéticas. Una moderación cinegética coherente sería lo lógico desde la perspectiva de la protección de los animales salvajes, pero apenas se debate políticamente.

Los Grisones está marcado por la caza por patente. La caza recreativa no constituye así una gestión de coto limitada localmente, sino un sistema organizado a nivel cantonal compuesto por temporadas de caza, patentes, cuotas de abatimiento y reajustes. Esta estructura genera una presión de actuación permanente: la caza recreativa se convierte en una práctica de masas normalizada, y el éxito cinegético se presenta como un logro planificable.

La caza mayor representa de manera simbólica la narrativa del rendimiento propia de la caza recreativa: presencia en el terreno, cumplimiento de objetivos, estatus dentro del grupo. Cuando no se alcanzan los objetivos, cobra protagonismo la lógica de la corrección posterior. Es precisamente aquí donde la caza especial adquiere relevancia psicológica: funciona como un modo de corrección institucionalizado que busca forzar el cumplimiento del plan, incluso cuando la necesidad ecológica es cuestionable.

Sobre la caza especial como instrumento rutinario y la crítica a esta lógica trata este texto de contexto.

Las regulaciones de caza menor como patrón psicológico

La planificación cantonal de la caza se basa en objetivos de abatimiento fijados anualmente para las distintas especies de animales salvajes. Especialmente llamativa resulta la continuación de la caza menor, entre ellas la liebre europea, la perdiz nival y el urogallo pequeño. Estas especies llevan años bajo presión debido a la pérdida de hábitat, el cambio climático y las crecientes perturbaciones causadas por el uso turístico de los espacios alpinos.

Precisamente en el caso de las gallináceas de montaña, la relación entre hábitat, perturbación y evolución de la población está bien documentada. En estas situaciones, la caza recreativa actúa como un factor de presión adicional que, según la situación de partida, puede tener efectos aditivos. Cuando las poblaciones son pequeñas, fragmentadas o inestables, aumenta el riesgo de que los abatimientos ya no puedan compensarse. Pese a ello, se autorizan regularmente abatimientos que, en la percepción pública, se orientan menos en tendencias poblacionales estables y comunicadas de forma transparente que en tradiciones cinegéticas.

Desde la perspectiva de la protección de los animales salvajes, una moratoria de caza consecuente sería lo lógico, pero políticamente casi nunca se discute como opción estándar.

La continuación de la caza menor en Grisones no puede explicarse únicamente con argumentos ecológicos. Más bien se observa un patrón psicológico clásico de la caza recreativa: el abatimiento se vive como una manifestación de poder de acción, independientemente de si puede demostrarse un efecto regulador real.

Esta forma de caza por hobby cumple principalmente funciones sociales dentro del colectivo de cazadores recreativos. Estabiliza la identidad, la pertenencia y el estatus, mientras que los costes ecológicos se externalizan. Mecanismos similares ya fueron analizados en el artículo sobre la Psicología de la caza por cazadores recreativos en el cantón de Berna, donde las intervenciones cinegéticas también suelen tener un carácter simbólico.

Caza de trofeos en Grisones: simbolismo en lugar de protección de los animales salvajes

Especialmente controvertida es la caza de trofeos de animales de gran tamaño como el ciervo, el rebeco y la cabra montesa. Estos abatimientos se presentan oficialmente como selectivos y estabilizadores de la población. Sin embargo, en poblaciones alpinas, el abatimiento de animales grandes y genéticamente fuertes puede favorecer efectos negativos a largo plazo, por ejemplo a través de la presión de selección, la estructura de edad o la dinámica reproductiva.

En los Grisones, la caza de trofeos se defiende, no obstante. El motivo suele residir menos en una necesidad de biología de fauna silvestre que en narrativas culturalmente muy arraigadas. El abatimiento de un animal de gran tamaño se considera un éxito cinegético, una prueba de competencia y masculinidad. Psicológicamente cuenta la señal, no el balance ecológico. Precisamente ahí surge el conflicto con los principios modernos de protección de los animales salvajes: la protección se orienta hacia el animal y el sistema, mientras que la lógica del trofeo se orienta hacia el estatus.

Caza del lobo poco científica y fallo institucional

La política de caza en los Grisones es un punto de conflicto central, especialmente en el trato con el lobo. Las autorizaciones de abatimiento se han justificado repetidamente con argumentos generalizados de daños, aunque los datos científicos no demuestran ni un peligro general para el ganado ni una influencia negativa sobre las poblaciones de ungulados. Especialmente problemático desde el punto de vista técnico es que los abatimientos se realizan en parte de forma preventiva y sin necesidad desde la ecología de poblaciones.

Esta práctica contradice los conocimientos de biología de fauna silvestre y es criticada regularmente por organismos especializados ajenos a la administración cantonal de caza. La caza del lobo en los Grisones está, por tanto, menos fundamentada científicamente que motivada política y emocionalmente.

El cantón de los Grisones vende desde hace años los abatimientos de lobos como «regulación» y «prevención de daños». Lo decisivo es qué justifica realmente el cantón y si estas justificaciones se sostienen científicamente.

  1. Cantón de los Grisones: abatimiento de cachorros como «regulación proactiva»
    En el comunicado de prensa del 27 de agosto de 2025 se nombra abiertamente la orientación. Adrian Arquint dice: «se puede abatir como máximo hasta dos tercios de los cachorros confirmados».

Al mismo tiempo, el cantón precisa el objetivo: en todas las manadas con crías confirmadas deberían abatirse «hasta dos tercios de los animales jóvenes confirmados».

  1. Cantón de los Grisones: ataque en Val Fex y abatimiento «para prevenir más daños»
    En el caso del valle de Fex (21 de agosto de 2025), la Oficina de Caza y Pesca formula la lógica del abatimiento de forma muy directa: «Para prevenir nuevos daños, el abatimiento del lobo causante de los daños».

Esta es la fórmula estándar cantonal: primero se constata el «daño», y después el abatimiento se justifica como prevención. En el mismo documento, el cantón se apoya en el concepto de protección de rebaños específico de cada explotación y habla de «medida de emergencia» (bajada anticipada de los alpes). Precisamente aquí es donde entra la investigación, porque el relato público de «a pesar de las medidas de protección» no coincide con la práctica documentada.

  1. Cantón de los Grisones: afirmaciones psicológicas sobre objetivos en la resolución
    En la resolución del departamento del 28 de agosto de 2025, la caza del lobo se justifica adicionalmente con objetivos de comportamiento. El cantón afirma que, con el abatimiento de animales jóvenes, se pretende «mantener y aumentar la timidez», que el comportamiento no deseado «no debe reforzarse ni transmitirse», que la migración y los daños deben disminuir, y que al mismo tiempo deben «mantenerse las estructuras sociales» y «evitarse la desorganización social».

Esto es importante, porque aquí el cantón no solo afirma que hay «daños», sino que construye una narrativa psicológica: los abatimientos deberían hacer que los lobos sean más tímidos, controlar el aprendizaje y mantener estables a las manadas. Esto es comunicativamente hábil, pero científicamente no es en absoluto tan claro como suena.

Contextualización científica: ¿qué dice la investigación sobre los abatimientos como solución de conflictos? Desde hace años, la literatura científica internacional es relativamente coherente en un punto: las intervenciones letales no son una herramienta fiablemente eficaz si no van acompañadas de una protección de rebaños coherente y un control de eficacia verificable.

En primer lugar, los análisis muestran que las matanzas tras ataques no conducen de forma estable ni fiable a una reducción de los incidentes repetidos. Un extenso estudio de caso de Michigan (de 1998 a 2014) concluye que los resultados no respaldan la eficacia de la intervención letal estatal para reducir nuevos incidentes.

En segundo lugar, los trabajos de revisión y los metaanálisis sobre la reducción de conflictos con depredadores muestran que, en promedio, las medidas no letales obtienen resultados más convincentes, y que la base de evidencia que respalda que «matar ayuda» es débil y contradictoria.

En tercer lugar, una evaluación sistemática de las medidas de protección contra los lobos llega a la conclusión de que el control letal y el traslado fueron menos eficaces que otras medidas, mientras que las vallas, los métodos de disuasión y el pastoreo funcionan claramente mejor en muchos contextos.

¿Qué significa esto en concreto para el cantón de los Grisones?

El cantón justifica el abatimiento de cachorros al mismo tiempo con la «prevención de daños», el «aumento de la esquividad» y la «preservación de las estructuras sociales». Se trata de una contorsión lógica: quien quiera proteger las estructuras sociales debe explicar por qué precisamente la intervención repetida en las manadas (incluidas las crías) no incrementa el riesgo de desadaptaciones. Y quien quiera prevenir «daños» debe demostrar de forma sólida que la protección de rebaños se aplica de manera íntegra y que los abatimientos aportan, en comparación, un beneficio adicional medible. Precisamente estas pruebas faltan en la comunicación cantonal, mientras que las intervenciones son máximas.

Procedimientos penales contra el jefe de la administración de caza

En el cantón de los Grisones están en curso varios procedimientos penales relacionados con la aplicación de la legislación sobre caza y protección animal, que afectan directamente a la credibilidad de la administración cantonal de caza. En concreto, el jefe de la oficina, Adrian Arquint, está en el punto de mira de las denuncias penales por presuntos excesos de competencia, información falsa a la opinión pública, así como posibles delitos en el ejercicio del cargo relacionados con abatimientos de lobos y casos de protección de rebaños.

El desencadenante es, entre otros, un ataque de lobo a un rebaño de ovejas en un alpe del Val Fex (municipio de Sils en la Engadina) en agosto de 2025, en el que 37 ovejas murieron o tuvieron que ser sacrificadas de urgencia. En la comunicación pública, las autoridades cantonales afirmaron que el ataque se había producido a pesar de las medidas de protección de rebaños adoptadas. Sin embargo, las investigaciones muestran que en el momento del ataque no había ni perros de protección de rebaños ni vallas antilobo. Los animales pastaban en una zona que, según el concepto individual de protección de rebaños de la explotación, estaba expresamente prevista sin medidas de protección.

Esta discrepancia entre la realidad documentada y la representación pública plantea graves interrogantes sobre la gestión del cargo. La sospecha es la siguiente: mediante la difusión de datos inexactos se creó la impresión de una protección de rebaños fallida, con el fin de legitimar a posteriori medidas de política de caza contra depredadores protegidos. Al mismo tiempo, se minimizaron o encubrieron posibles infracciones de la ley federal de protección animal por parte de los propietarios de los animales y los responsables.

El caso es ejemplar de un problema estructural en la ejecución de la caza en el cantón de los Grisones. La cercanía institucional entre la administración de caza, los cazadores recreativos y los intereses agrícolas dificulta un control independiente. Para la protección de los animales salvajes, esto significa que las decisiones erróneas pueden ser no solo jurídicamente cuestionables, sino directamente letales para los animales.

Para la protección de los animales salvajes esto resulta especialmente problemático, ya que los errores de ejecución tienen consecuencias directamente letales para animales protegidos.

Parque Nacional libre de caza y poblaciones estables de ungulados

Un espacio de referencia a menudo olvidado se encuentra en el centro mismo del cantón: el Parque Nacional Suizo. Allí la caza recreativa está prohibida. Desde hace más de cien años, el parque demuestra que las poblaciones de ungulados pueden fluctuar dentro de márgenes naturales sin caza recreativa, reguladas por el clima, la alimentación, las enfermedades y los depredadores.

El Parque Nacional contradice así una narrativa central de la política de caza intensiva: que una caza intensa sería necesaria para mantener los equilibrios ecológicos. La existencia de este espacio libre de caza pone de manifiesto que muchas intervenciones no responden a una necesidad científica, sino a la institución, la tradición y la voluntad política de imponerse.

El parque es un fragmento de naturaleza silvestre dejado a su propia suerte, donde nadie practica la caza recreativa. Eso no es un problema, afirma el ex director del Parque Nacional y biólogo de fauna salvaje Heinrich Haller.

Incluso sin caza recreativa no se produce de repente un exceso de zorros, liebres o aves. La experiencia demuestra que la naturaleza puede dejarse a su propio cuidado.

Problema de aceptación y cambio social

La aceptación social de la caza recreativa en los Grisones no es en absoluto homogénea. Mientras que en algunas regiones rurales todavía se considera algo natural, la crítica crece especialmente en los centros urbanos y en las zonas de marcado carácter turístico. Los huéspedes, los propietarios de segundas residencias y las generaciones más jóvenes cuestionan cada vez más por qué se sigue cazando Fauna salvaje en hábitats sensibles.

Esta pérdida de aceptación se asemeja a la evolución observada en Cantón de Zúrich, donde la caza recreativa en el espacio urbano se percibe cada vez más como un cuerpo extraño.

Percepción de la violencia y normalización

Un elemento central del análisis crítico de la caza es la percepción de la violencia. En los Grisones, la violencia de la caza está fuertemente normalizada. Los abatimientos visibles públicamente, los desfiles de caza y la banalización mediática contribuyen a que matar aparezca como un medio legítimo de gestión de la fauna salvaje.

La comparación con el cantón de Ginebra, donde la caza recreativa está prohibida, demuestra que la gestión de los animales salvajes también funciona sin matanzas regulares y genera considerablemente menos conflicto social.

La caza recreativa en el cantón de los Grisones es menos un instrumento de protección de los animales salvajes que un sistema de poder e identidad surgido históricamente. Las regulaciones de caza menor y las cacerías de trofeos se siguen practicando aunque en muchos casos falte su necesidad ecológica. Una política de fauna acorde con los tiempos debería cuestionar críticamente estas prácticas y situar la protección de los animales por encima de los intereses cinegéticos de forma consecuente.

Por qué el placer de matar no es un motivo de ocio inofensivo

En la comunicación de los cazadores, el acto de matar se presenta a menudo idealizado como un servicio a la naturaleza. Lo psicológicamente relevante aquí es la normalización de la violencia: cuando matar se enmarca como ocio, ritual o señal de estatus, disminuye el umbral moral de inhibición y la empatía se bloquea deliberadamente. Estos mecanismos son conocidos en la psicología de la violencia.

Las personas que sienten placer al matar seres vivos y que pagan por hacerlo no muestran, desde el punto de vista psicológico, un comportamiento de ocio normal. Este comportamiento contradice los mecanismos fundamentales de empatía, compasión e inhibición moral presentes normalmente en la población en general. Psicológicamente, se puede describir aquí una motivación relacionada con la violencia, aunque sea tolerada política o culturalmente.

El placer de matar es un rasgo clásico de la violencia motivada por el placer. El propio acto de violencia resulta gratificante. No el resultado, no la necesidad, sino el hecho de matar. Esto no es un fenómeno marginal, sino que está claramente descrito en la psicología de la violencia.

Quien experimenta la caza recreativa como un placer muestra una motivación de violencia psicológicamente problemática, que se basa histórica y estructuralmente en la devaluación y la legitimación de la violencia.

En definitiva, la caza recreativa en los Grisones es menos un instrumento de protección de los animales salvajes que un sistema histórico y estructural de poder, identidad y ritual. Las regulaciones de caza menor, la caza de trofeos y el relato político en torno a los abatimientos de lobos se siguen manteniendo aunque su necesidad ecológica no suele estar demostrada de manera sólida. Una política de fauna moderna debería concebir el sistema de forma consecuente desde la perspectiva del animal: hábitat, perturbación, biodiversidad, protección de rebaños, transparencia y control independiente, en lugar de cumplimiento de cuotas y lógica de estatus.

Más información en el dossier: Psicología de la caza

Análisis psicológicos cantonales:

Más sobre el tema de la caza de afición: En el dosier Psicología de la caza como hobby clasificamos la investigación, los motivos y las consecuencias sociales. Las evidencias científicas se recogen en el resumen Estudios sobre los efectos de la caza recreativa.

La posición de la IG Wild beim Wild: La IG Wild beim Wild rechaza la caza recreativa. Nuestro modelo es cantón de Ginebra, que desde 1974 se las arregla sin caza recreativa: sin temporadas de caza, sin perros de caza, sin batidas, sin puestos elevados, sin el maltrato animal ni la criminalidad que en otros lugares forman parte de la temporada de caza. Lo que allí funciona desde hace más de cincuenta años refuta cualquier documento de posición de JagdSchweiz. Una asociación que basa su política en afirmaciones que ella misma desmiente en sus propios documentos no es una organización especializada, sino una fábrica de desinformación.

Todos los artículos son redactados por IG Wild beim Wild, así como por coautoras y coautores externos. La investigación, la estructuración y los procesos editoriales pueden contar con el apoyo de herramientas basadas en IA.

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