Ginebra y la prohibición de la caza
Desde el 19 de mayo de 1974, el cantón de Ginebra ya no conoce la caza por milicia. Por aquel entonces, alrededor de dos tercios de los votantes dijeron sí a la prohibición exigida por los defensores de los animales. Lo que el mundo de la caza vivió como un shock es hoy la refutación empírica más importante de la tesis central del lobby de la caza como hobby: sin cazadores aficionados, la naturaleza colapsa. Lo contrario es cierto. Y Ginebra lo demuestra desde hace 50 años.
Jurídica y ecológicamente, el modelo de Ginebra es el argumento más preciso que tiene el movimiento crítico con la caza. No es un experimento mental ni un estudio de laboratorio, sino una realidad vivida en un cantón densamente poblado con 500’000 habitantes, un aeropuerto internacional, una agricultura intensiva y una frontera directa con Francia y el cantón de Vaud, donde se sigue cazando intensivamente. Si este modelo funciona, y funciona, entonces la cuestión ya no es si, sino cuándo.
Lo que te espera aquí
- El modelo: guardafaunas en lugar de caza de milicia: Cómo Ginebra regula la fauna salvaje con una docena de guardas medioambientales profesionales por un millón de francos al año y por qué eso es más barato que el sistema de caza de milicia.
- Lo que ha hecho la naturaleza en 50 años: Cómo han evolucionado las poblaciones de fauna salvaje desde 1974: 30’000 visitantes invernales, la mayor densidad de liebres comunes de Suiza, la última población de perdices del país.
- La protección animal como característica del sistema: Por qué el 99,5 por ciento de los animales abatidos mueren de inmediato, por qué no hay batidas y qué se hace visible cada día en la frontera con Francia.
- La caza furtiva como espejo de la vecindad: Lo que muestra el contraste entre Ginebra y los cantones vecinos sobre dos actitudes radicalmente distintas frente a la fauna salvaje.
- La reacción política: el silencio como estrategia: Por qué el 90 por ciento de los ginebrinos están en contra de una reintroducción de la caza como hobby y por qué, a pesar de ello, el modelo se ignora en la política nacional de caza.
- El 10 por ciento de superficie ecológica como obra pionera: Cómo Ginebra crea hábitats para perdices, aves rapaces y predadores sin regular zorros, martas o tejones.
- Lo que tendría que cambiar: Exigencias políticas concretas para trasladar el modelo de Ginebra a otros cantones.
- Argumentario: Respuestas a las objeciones más frecuentes contra el modelo de Ginebra.
- Enlaces rápidos: Todos los artículos, dosieres y fuentes relevantes.
El modelo: guardafaunas en lugar de caza de milicia
El cantón de Ginebra regula sus poblaciones de fauna salvaje con una docena de guardas medioambientales profesionales que se reparten apenas tres puestos a tiempo completo. El coste: alrededor de 600’000 francos al año en personal. A ello se suman 250’000 francos para prevención y 350’000 francos para la compensación de daños causados por la fauna, mayoritariamente provocados por palomas, no por la caza mayor. El presupuesto total para la gestión de la fauna salvaje: alrededor de un millón de francos al año, lo que equivale a una taza de café por habitante.
A modo de comparación: en otros cantones hay que gestionar miles de cazadores aficionados con venta de patentes, vigilancia cinegética, sistemas de rastreo, regulación de daños, planificación de abatimientos y un aparato administrativo, y a ello no se suman siquiera los costes externos derivados de la presión por ramoneo, los accidentes con fauna salvaje y las pérdidas de biodiversidad. El inspector de fauna salvaje Gottlieb Dandliker lo resume con claridad: «La prohibición de la caza para los cazadores aficionados en Ginebra es la alternativa más barata para el cantón y, sin lugar a dudas, financieramente sostenible a largo plazo.»
Más al respecto: Una iniciativa exige «guardafaunas en lugar de cazadores» y El modelo del guardafauna: gestión profesional de la fauna salvaje con código ético
Lo que la naturaleza ha logrado en 50 años
Antes de la prohibición de la caza de 1974, los jabalíes en el cantón de Ginebra llevaban décadas completamente exterminados por los cazadores aficionados. Hoy viven unos cinco jabalíes por kilómetro cuadrado de bosque, un nivel bajo que se mantiene estable y se controla de forma profesional. Cada año, los guardafaunas extraen alrededor de 327 jabalíes, abatiendo preferentemente a los ejemplares jóvenes; las hembras dominantes y los grandes machos se respetan explícitamente por razones éticas: si falta la madre lactante, las crías mueren y la piara pierde su estabilidad social.
El cantón cuenta hoy con una población estable de ungulados de unos 100 ciervos rojos y 330 corzos. La densidad de liebres es de las más altas de Suiza. Ginebra es uno de los últimos bastiones de conejos silvestres y perdices en suelo suizo. El número de aves acuáticas invernantes se ha multiplicado desde 1974: de unos pocos cientos a 30’000 huéspedes invernales. Porrones comunes y porrones moñudos, somormujos lavancos y zampullines comunes, serretas grandes y diversas especies de patos se han establecido en el territorio cantonal. En el Parque Nacional de la Engadina, donde hace 100 años que no se caza, la población de gamuzas se mantiene constante desde 1920 en unos 1’350 ejemplares, y la vegetación ha desarrollado una composición de especies completa, con una duplicación de la diversidad de especies.
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La protección animal como rasgo del sistema, no como mera afirmación
Los guardafaunas en Ginebra trabajan exclusivamente de noche, con intensificadores de luz e infrarrojos. Eso aumenta la precisión y minimiza el sufrimiento: «El 99,5 por ciento de los animales abatidos mueren al instante», dice Dandliker. El estrés para los animales no abatidos es «mínimo». Prácticamente no hay casos en los que los animales sobrevivan heridos a un disparo. Batidas, monterías, ahuyentamiento de manadas: eso no existe en Ginebra.
La imagen contrastante es visible a diario. En la frontera con Francia y con el cantón de Vaud, donde se practica una intensa caza de milicia con batidas, los animales salvajes buscan activamente refugio en la Ginebra libre de caza. Algunos cruzan a nado el Ródano para ello. Dandliker relata: «Aquí tenemos regularmente grupos de jabatos huérfanos de la caza francesa, que han perdido a su madre y llegan a los pueblos.» Las consecuencias de la presión cinegética al otro lado de la frontera se hacen visibles a diario en suelo ginebrino. Y demuestran lo que, en el lado ginebrino, precisamente no ocurre.
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La caza furtiva como espejo de la vecindad
La cercanía a Francia y al cantón de Vaud no solo trae a Ginebra animales salvajes que buscan asilo, sino también furtivos que los persiguen. En el cantón de Vaud se encontró en 2024 un lobo abatido ilegalmente, un macho de 32 kilogramos, muerto a tiros con un arma de fuego, una semana antes de ser hallado. El autor nunca fue capturado. Al mismo tiempo, el grupo Wolf Schweiz documentó abatimientos ilícitos de los ejemplares líderes de las manadas Marchairuz y Risoux en el Jura vaudense.
Psicológicamente, este contraste es revelador. A un lado de la frontera: un sistema que protege a los ejemplares líderes, porque se comprende y respeta su función social para la estabilidad del grupo. Al otro lado: un sistema que elimina deliberadamente a los ejemplares líderes, porque quiere desestabilizar las poblaciones y así simplificar la práctica cinegética. Ambos sistemas son expresión de una actitud hacia los animales salvajes, no de una necesidad técnica. Ginebra respondió a esta cuestión de actitud en 1974. La respuesta es: los animales salvajes no son blancos de tiro.
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La reacción política: el silenciamiento como estrategia
En 2004, en una encuesta del Instituto Erasm, cerca del 90 por ciento de la población ginebrina se pronunció en contra de una reintroducción de la caza por afición. En 2009 fracasó una iniciativa en este sentido en el Consejo Cantonal con 71 votos contra 5 y 6 abstenciones. La población valora el entorno libre de caza, porque puede observar animales salvajes durante los paseos. Esta impresión está confirmada científicamente: un estudio cantonal a largo plazo documenta un fuerte aumento de la biodiversidad.
En la política nacional de caza, el modelo ginebrino está, no obstante, en gran medida ausente. Las asociaciones de caza, las administraciones cantonales y las autoridades federales que deciden sobre nuevas leyes de caza, regulaciones del lobo y cuestiones de zonas protegidas no citan a Ginebra. La razón es evidente: un contramodelo que funciona vuelve políticamente insostenible la afirmación de que la caza de milicia es insustituible. Por eso se ignora, hasta que alguien lo nombra por su nombre. Este dossier lo hace.
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El 10 por ciento de superficie ecológica como labor pionera
Ginebra no solo está libre de caza, sino que también es pionera en la política de superficies: el 10 por ciento de las superficies agrícolas son superficies de compensación ecológica, es decir, hábitats de alta calidad para la biodiversidad. De ello se benefician las perdices, las aves rapaces y predadores como la marta y el zorro. Los zorros, las martas y los tejones no se regulan: «Los predadores están ampliamente presentes, pero no provocan ningún problema», afirma Dandliker.
Esta es la diferencia decisiva respecto al sistema de caza de milicia: en Ginebra no se extraen animales por interés cinegético, sino exclusivamente allí donde está justificado por razones ecológicas, de bienestar animal o de seguridad. La caza de aves en el entorno del aeropuerto es una medida de seguridad, no una actividad de ocio. Esta diferencia categórica —la intervención como excepción en lugar del abatimiento como regla— es el núcleo estructural del modelo ginebrino.
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Lo que debería cambiar
- Reconocimiento en el derecho federal del modelo de guardafaunas como alternativa equivalente: La ley federal de caza debe reconocer la gestión profesional de la fauna salvaje según el modelo ginebrino como una alternativa de pleno valor a la caza de milicia. Los cantones que opten por esta vía no deben ser tratados como casos especiales. Iniciativa modelo: Prohibición de la caza según el modelo de Ginebra
- Proyectos piloto cantonales con evaluación científica: Al menos dos a cuatro cantones prueban el modelo de guardafaunas en zonas definidas, con un cálculo transparente de costes, un control de éxito independiente y la comparación con los resultados de la caza por milicia en el mismo periodo. Moción modelo: Guardafaunas en lugar de hobby hunters
- Cálculo del coste total de la caza por milicia: Por primera vez se registran de forma completa los costes externos del hobby hunting: accidentes con animales salvajes, gastos administrativos, accidentes de caza, pérdidas de biodiversidad por zonas protegidas bloqueadas, daños por mordedura debidos a la concentración de animales salvajes provocada por la caza. Solo con un balance honesto es posible una comparación justa con el modelo ginebrino.
- Protección de los animales líderes como práctica estándar: La experiencia de Ginebra demuestra que la protección selectiva de las jabalinas líderes y de los animales dominantes estabiliza las poblaciones y reduce los daños provocados por la fauna salvaje. Esta práctica debe regir como estándar mínimo en todos los cantones, no solo en Ginebra.
- Principio de publicidad en las decisiones de caza: Las cifras de abatimiento, las justificaciones, las tasas de error y las liquidaciones de costes se hacen accesibles al público en todos los cantones. El modelo ginebrino funciona con plena transparencia. Lo que la caza por milicia tiene que ocultar, debe revelarlo. Moción modelo: Estadística de caza transparente
Argumentario: lo que los hobby hunters dicen sobre Ginebra y lo que es cierto
«Ginebra es demasiado pequeña y demasiado urbana, el modelo no es transferible.» Ginebra es, con 280 kilómetros cuadrados, efectivamente un cantón pequeño. Pero está densamente poblado, tiene una viticultura intensiva, tráfico fronterizo directo con Francia y un aeropuerto internacional. Si la gestión de la fauna salvaje sin caza por milicia funciona en este contexto, ningún argumento estructural se opone a que funcionara igualmente en cantones más grandes y menos densamente poblados.
«En Ginebra hay abatimientos de todos modos.» Sí. Los guardafaunas disparan donde es necesario. Esto no contradice la prohibición de la caza, sino que constituye su esencia: intervenciones profesionales en lugar de un pasatiempo armado. La diferencia no radica en que nunca se dispare, sino en quién dispara, por qué, cuándo, con qué objetivo y bajo qué control.
«Ginebra tiene un problema con los jabalíes.» Las cifras lo desmienten. Anualmente se extraen unos 327 jabalíes, con una población estable y daños cifrados en 17’830 francos. Los daños provocados por la fauna salvaje en el cantón de Ginebra son comparables a los del cantón de Schaffhausen, aunque en Schaffhausen la caza esté permitida.
«El modelo es demasiado caro.» Un millón de francos al año, una taza de café por habitante. A modo de comparación: los costes externos de la caza por milicia en otros cantones, los accidentes con fauna, los gastos administrativos, los accidentes de caza, las pérdidas de biodiversidad por zonas protegidas bloqueadas, nunca se contabilizan en su totalidad. La honestidad respecto a los costes brilla por su ausencia exclusivamente del lado del lobby de la caza.
Enlaces rápidos
Artículos en Wild beim Wild:
- Prohibición de caza en Ginebra
- Psicología de la caza en el cantón de Ginebra
- Una iniciativa exige «guardafaunas en lugar de cazadores»
- Por qué la caza por hobby fracasa como control de poblaciones
- Caza furtiva de lobos en el cantón de Vaud
- Estudios sobre el impacto de la caza en los animales salvajes
- Suiza caza, pero ¿por qué en realidad todavía?
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El cantón de Ginebra no es un caso especial. Es una prueba. La prueba de que las poblaciones de animales salvajes no colapsan sin un lobby de ocio armado, sino que florecen. De que la gestión profesional de la fauna salvaje es más barata, más respetuosa con el bienestar animal y ecológicamente más eficaz que un sistema descentralizado de caza por milicia sin normas uniformes. Y de que la población, que convive a diario con los animales salvajes, lo sabe y lo aprecia.
La verdadera pregunta no es si el modelo ginebrino funciona. La pregunta es por qué la política nacional de caza lo ignora sistemáticamente desde hace 50 años. La respuesta no es científica: es política. La IG Wild beim Wild documenta el modelo, sus cifras y sus consecuencias, porque un debate social honesto sobre la caza por hobby debe empezar por Ginebra. Este dosier se actualiza de forma continua cuando nuevos estudios, cifras o acontecimientos políticos así lo requieren.
Más sobre el tema de la caza por hobby: en nuestro dosier sobre la caza reunimos verificaciones de datos, análisis e informes de fondo.
