Retirar de la calle la carne de baja calidad
Hay que retirar de la calle la carne de baja calidad. La producción de carne perjudica al medio ambiente y a la salud, y debe reformarse.
En un estreno histórico, la ciudad de Haarlem, en los Países Bajos, ha prohibido la publicidad de carne de baja calidad en el espacio público, incluidos autobuses y vallas publicitarias.
Aunque todavía se están debatiendo los detalles exactos de esta prohibición —en particular, si también se aplicará a la carne procedente de fuentes más sostenibles, como la carne ecológica—, está previsto que entre en vigor en 2024.
Para la ciudad neerlandesa, se trata de un paso fantástico hacia la creación de un entorno alimentario mejor, en el que se fomenten opciones con un alto nivel de bienestar animal y alternativas sostenibles a los productos cárnicos de baja calidad… un ejemplo del tipo de medidas que queremos para toda la UE.
No es ningún secreto que los sistemas de ganadería intensiva con bajos estándares de bienestar animal generan emisiones de gases de efecto invernadero a una escala vertiginosa. Para adaptar el sistema alimentario europeo a los límites planetarios, deberíamos reducir la producción y el consumo de productos animales un 70 % de aquí a 2030 con el fin de frenar los efectos del cambio climático.
El cambio en la alimentación es una pieza importante del rompecabezas
Para el futuro de nuestro planeta es decisivo que la agricultura industrial, en particular la ganadería, se elimine progresivamente. Por eso el concepto «menos, pero mejor» ocupa un lugar central en lo que respecta a la carne.
- Retirar del mercado los productos animales con un bajo nivel de bienestar animal, como los pollos de engorde de crecimiento rápido
- Restricción de la publicidad de productos de origen animal
- Introducción de un etiquetado obligatorio de bienestar animal – o «etiquetado del método de producción» -, que indique cómo se han criado los animales a lo largo de toda su vida
Con la prohibición de la publicidad de carne de baja calidad, Haarlem apoya a sus ciudadanas y ciudadanos para que tomen mejores decisiones a la hora de comprar productos de origen animal: apuestan por mejores prácticas agrícolas y, al mismo tiempo, respaldan un sistema alimentario más sostenible.
Haarlem es la primera… ¿la seguirá la UE?
Además de las terribles condiciones a las que se ven sometidos los animales y del impacto del sector en el clima, la ganadería intensiva está vinculada a toda una serie de otras crisis medioambientales y sanitarias relacionadas con los pesticidas, las enfermedades, la seguridad alimentaria y la resiliencia, los antibióticos y mucho más.
Ya no se pueden ignorar sus efectos. Haarlem ha marcado el camino y ahora es el momento de que otros la sigan. Porque si una ciudad puede desviar la atención de la carne barata, ¿por qué no el resto de la UE?
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