La calidad de la alimentación no ha mejorado en 30 años
La calidad de la alimentación mundial no ha mejorado en los últimos 30 años. Los alimentos poco saludables siguen dominando el menú.
La Organización Mundial de la Salud explica que una alimentación saludable puede reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles y dolencias como la obesidad, la hipertensión, las enfermedades cardíacas, el ictus, la diabetes y el cáncer.
Una alimentación saludable debería incluir al menos cinco raciones de verduras o frutas al día, menos grasas saturadas y grasas trans, más grasas insaturadas de origen vegetal, menos carne procesada y menos sal. Estas directrices son de acceso público en los medios de comunicación y forman parte del currículo que se enseña a la mayoría de los niños en las escuelas de todo el mundo. Pero ¿realmente las escuchamos?
Un estudio exhaustivo – el primero que incluye resultados tanto de niños como de adultos – ha evaluado ahora más de 1’100 encuestas diferentes sobre el consumo de alimentos y nutrientes en 185 países entre 1990 y 2018. Los investigadores de la Friedman School of Nutrition Science and Policy de la Universidad de Tufts obtuvieron los datos de las encuestas de la Global Dietary Database, una gran recopilación colaborativa de datos sobre los hábitos alimentarios de las personas. Analizaron la calidad de la alimentación a escala global, nacional y regional para comprender los cambios producidos desde 1990.
Los investigadores utilizaron una escala conocida como Alternative Healthy Eating Index, una medida validada de la calidad de la alimentación que clasifica los hábitos alimentarios de las personas en una escala de 0 a 100. En este sistema, el 0 representa una dieta deficiente, que no se ajusta a las recomendaciones nutricionales de la OMS y contiene mucho azúcar, sal y grasas saturadas, además de una carencia de frutas y verduras. Para alcanzar los 100 puntos en esta escala, la dieta de una persona debe incluir el equilibrio recomendado de frutas, verduras, legumbres/frutos secos y cereales integrales, presentar una proporción mínima de azúcar y sal añadidos y contener cantidades moderadas de grasa, sobre todo grasas insaturadas de origen vegetal.
Los resultados publicados en la revista especializada Nature Food muestran que la calidad media de la alimentación en las distintas regiones oscilaba entre 30,3 en América Latina y el Caribe y 45,7 en el sur de Asia. El valor medio de los 185 países incluidos en el estudio fue de 40,3, lo que supone un aumento ridículo de 1,5 desde 1990. Solo 10 países, que representan menos del 1 por ciento de la población mundial, obtuvieron una puntuación superior a 50. Los países con las puntuaciones más altas fueron Vietnam, Irán, Indonesia e India; los de las puntuaciones más bajas, Brasil, México, Estados Unidos y Egipto.
«El consumo de legumbres/frutos secos y de verduras sin almidón aumentó con el tiempo, pero la mejora general de la calidad de la alimentación se vio contrarrestada por el mayor consumo de componentes poco saludables, como la carne roja/procesada, las bebidas azucaradas y el sodio«, afirmó la autora principal del estudio, Victoria Miller, investigadora invitada de la Universidad McMaster.
Estos resultados parecen subrayar el hecho de que realmente no nos atenemos a las directrices de la OMS. Aunque en los últimos 30 años ha habido una pequeña mejora a escala mundial, en la mayoría de los países existen claramente retos considerables para llevar a la práctica una alimentación saludable. Hubo indicios de que las opciones alimentarias nutritivas se han vuelto más populares en Estados Unidos, Vietnam, China e Irán, pero esta tendencia no se observó en otros países como Tanzania, Nigeria y Japón.
A nivel mundial, la alimentación estuvo influida por factores demográficos: las mujeres adultas seguían con más frecuencia las recomendaciones dietéticas que los hombres adultos, y los adultos mayores se alimentaban de forma más saludable que los jóvenes. Además, los niños pequeños tenían una mejor calidad de la dieta que los adolescentes.
«En el promedio mundial, la calidad de la dieta también era mejor en los niños más pequeños, pero empeoraba a medida que aumentaba la edad», afirma Miller. «Esto indica que la primera infancia es un momento clave para las estrategias de intervención destinadas a fomentar el desarrollo de preferencias alimentarias saludables.
La alimentación saludable también estuvo influida por factores socioeconómicos, entre ellos el nivel educativo y la urbanidad. A nivel mundial y en la mayoría de las regiones, los adultos con mayor nivel de estudios y los niños cuyos padres tenían mayor nivel de estudios presentaban, por lo general, una mayor calidad global de la dieta.
«Hemos comprobado que tanto el consumo insuficiente de alimentos saludables como el consumo excesivo de alimentos poco saludables contribuyen a los desafíos globales para alcanzar la calidad de la dieta recomendada«, afirmó Dariush Mozaffarian, coautor del estudio. «Esto indica que las medidas políticas que incentivan y recompensan un mayor consumo de alimentos saludables, por ejemplo en el sistema sanitario, en los programas de bienestar de las empresas, en los programas estatales de nutrición y en la política agraria, pueden tener una influencia considerable en la mejora de la alimentación en Estados Unidos y en todo el mundo.«
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