La Amazonía arde: el consumo de carne como causa principal
Los animales de granja se alimentan con soja, y el 60 por ciento de la que importa Suiza procede de Brasil. Son 150 000 toneladas cada año. Además, cada año llegan a nuestros platos unas 470 toneladas de carne de vacuno brasileña.
Las selvas tropicales de Brasil se han convertido en el juguete de las grandes empresas agroindustriales. Donde hoy rugen las llamas, mañana pastarán vacas. Así, también los consumidores europeos son corresponsables de la deforestación de la región amazónica.
Las imágenes de la selva brasileña en llamas conmocionan al mundo entero. Aunque los incendios arrasan a miles de kilómetros de distancia, la catástrofe al otro lado del Atlántico también tiene que ver con los hábitos de consumo en Europa. Sobre todo el hambre voraz de jugosos filetes y chuletas contundentes alimenta la tala y la quema de grandes superficies en la región amazónica.
«Naturalmente, también nuestra forma de actuar tiene mucho que ver con la pérdida de la selva tropical», afirma Matin Qaim, catedrático de Economía de la Alimentación Mundial de la Universidad alemana de Gotinga. «Por ejemplo, importamos grandes cantidades de soja como pienso para nuestras vacas y cerdos, y el aumento del cultivo de soja contribuye en Brasil a la deforestación de la selva.»
La región amazónica es un ecosistema fascinante y el pulmón verde del planeta, pero también un gigantesco tesoro de recursos que despierta codicias: en la selva se puede ganar buen dinero con carne de vacuno y soja, energía y oro. Según un estudio del Banco Mundial, los agricultores de la región amazónica, en particular, pueden obtener una rentabilidad claramente mayor que en otras zonas.
La producción de carne se dispara
Según la estimación de ecologistas los agricultores han provocado los recientes incendios en la región amazónica para crear nuevos pastos para sus rebaños de ganado o campos para el cultivo de soja. Normalmente se prende fuego a superficies forestales ya taladas para quemar el sotobosque y los tocones, tal como explica la organización de protección de la naturaleza Greenpeace. Sin embargo, según los ecologistas, Bolsonaro ha creado un clima político en el que los campesinos se sienten animados a talar y quemar cada vez más. Como la estación de lluvias no ha comenzado, los incendios se siguen extendiendo.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) atribuye a la conversión en pastizales el 80 por ciento de las pérdidas de selva tropical en la región amazónica. En los últimos años, la producción de carne en Brasil se ha disparado: hoy viven en el país más grande de Sudamérica unos 200 millones de cabezas de ganado vacuno. Según un análisis de la organización Foodwatch, las exportaciones aumentaron en los últimos 14 años más de un 700 por ciento. Hoy Brasil es el mayor exportador de carne de vacuno del mundo.
Lo que se cultiva en las inmensas praderas y campos de Brasil acaba también en los platos de Europa. Según datos de la Comisión Europea, Brasil es el mayor exportador de productos agrícolas a la Unión Europea. El año pasado, Brasil vendió a la UE productos agrícolas por valor de 14.500 millones de euros. Con el acuerdo de libre comercio recientemente alcanzado entre la alianza económica sudamericana Mercosur y la Unión Europea, en el futuro podrían ser incluso más.
Mercosur como un motor adicional
«Con su firma del acuerdo de libre comercio con los Estados del Mercosur, la Unión Europea se hace corresponsable de los devastadores incendios forestales», afirma el responsable para Brasil de la organización católica de ayuda a Latinoamérica Adveniat, de Alemania, Klemens Paffhausen. «Los aranceles más bajos prometidos para las importaciones de carne de vacuno y soja procedentes de Sudamérica conducen a más deforestación y a más superficies de cultivo.»
Francia e Irlanda amenazan ahora con bloquear el acuerdo con el Mercosur ante la deforestación masiva de la selva brasileña. También la Comisión Europea quiere ejercer presión sobre el Gobierno del presidente brasileño Jair Bolsonaro a través del pacto con el Mercosur.
Solo en agosto de 2019, según datos de satélite, se destruyeron 1’700 kilómetros cuadrados de selva amazónica, más de tres veces más que en agosto de 2018. Los expertos suponen que hasta final de año se destruirán en total 10’000 kilómetros cuadrados de bosque.
Ampliación de la superficie de cultivo
El presidente brasileño de ultraderecha, Jair Bolsonaro, está estrechamente aliado con el lobby agrario y ha flexibilizado las exigencias de protección medioambiental. Los agricultores brasileños han pasado de poder quemar cinco hectáreas a poder quemar 20. Las autoridades encargadas de evitar las talas ilegales se han debilitado bajo el mandato de Bolsonaro. Por eso se talan superficies de bosque cada vez mayores, que después se queman para hacer sitio a la agricultura y la ganadería.
Se prevé que los incendios aumenten todavía más
De enero a finales de agosto se registraron en Brasil, según datos del Inpe, un total de 88’816 incendios, más de la mitad de ellos en la cuenca del Amazonas. Es la cifra más alta desde 2010, año en el que se contabilizaron más de 132’000 incendios forestales en el conjunto del año. Los expertos temen que el número de incendios en la región amazónica aumente todavía de forma notable este mes. Según ellos, el punto álgido de las talas se alcanza en julio y el de los incendios posteriores, en septiembre.
Los precios tienen que subir
Mucho más importante aún es el negocio de la soja. Brasil es ya el segundo mayor productor de esta legumbre verde. Recientemente se cosecharon en el país sudamericano 117 millones de toneladas de soja. También aquí la parte del león va a China, y podría ser aún más a causa del conflicto comercial entre Pekín y Washington.
Para hacer algo contra la deforestación de la selva para obtener nuevas tierras de cultivo o de pasto, según el investigador del clima Richard Fuchs, del Instituto de Tecnología de Karlsruhe, habría que hacer pagar a los consumidores. «El consumo de carne tiene que bajar», dijo recientemente a la agencia de noticias DPA. «Los Estados de la UE podrían gravar de forma general la carne de animales cebados con soja procedente de zonas de selva. Así se incluirían en el precio los costes ecológicos derivados.»
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