Cada vez menos aves insectívoras en Europa
Por todas partes se habla de la desaparición de los insectos. ¿Qué significa eso para las aves que se alimentan de ellos? Un estudio muestra descensos en toda Europa. Sin embargo, el responsable no es únicamente la desaparición de los insectos.
Ya se trate de la lavandera blanca, el bisbita pratense o la golondrina común, el número de aves que se alimentan de insectos ha descendido notablemente en toda Europa en los últimos 25 años. Según un estudio publicado en la revista especializada «Conservation Biology», la cifra de estas aves disminuyó de media un 13 por ciento.
Los científicos del Centro de Investigación Senckenberg de Biodiversidad y Clima y del Centro Alemán de Investigación Integrativa de la Biodiversidad atribuyen esta evolución no solo a la desaparición de los insectos, sino especialmente a los cambios en los paisajes agrarios. Y es que en los campos de cultivo, los prados y los pastos las poblaciones de aves que allí viven se han reducido de forma especialmente acusada.
Hace dos meses, la asociación alemana de conservación de la naturaleza Nabu había citado cifras aún más alarmantes, remitiéndose a un recuento del European Bird Census Council. Según este, las aves de zonas agrícolas habían disminuido un 56 por ciento en toda Europa entre 1980 y 2017. No obstante, los periodos de ambos recuentos difieren. Además, el estudio más antiguo no abarcaba solo a las aves insectívoras, sino también a las granívoras.
Pérdida de alimento y de lugares de cría
Probablemente se trata de una combinación de muchos factores: la pérdida de insectos y, con ella, la escasez de alimento, la pérdida de setos y, con ella, de lugares de cría, la impermeabilización del suelo
dice Katrin Böhning-Gaese
sobre las posibles causas de la desaparición y el papel de la agricultura moderna. En el caso de las aves insectívoras de tierras de cultivo, el descenso es mucho más pronunciado que en el de las aves insectívoras de los bosques.
Además del uso intensivo de productos fitosanitarios, con la tendencia a los monocultivos de gran extensión se han ido perdiendo cada vez más setos, márgenes de los campos y barbechos; muchos prados y pastos se transforman en tierras de cultivo. Con ello, a las aves insectívoras les resulta más difícil encontrar alimento y lugares de cría. Las especies amantes del frío se ven además sometidas a una presión adicional por el cambio climático.
Las aves serían aquí indicadores de una agricultura «industrial» con sus efectos negativos sobre la biodiversidad, afirmó Böhning-Gaese, que es también directora del Centro de Investigación de la Biodiversidad y el Clima. Se podría actuar en muchos niveles:
Empieza con la política agraria en Bruselas, pasa por las decisiones de planificación de los municipios y llega hasta el fomento de la agricultura ecológica, la comercialización local de alimentos producidos de forma respetuosa con la biodiversidad y la disposición de los consumidores a pagar más por ellos.
Katrin Böhning-Gaese
Aproximadamente la mitad de todas las especies de aves de Europa se alimenta de insectos. Sin embargo, según el estudio, a las aves insectívoras no les va igual de mal en todas partes: en la mayoría de los hábitats solo retrocedieron algunas especies concretas, se indicó.
La Directiva de Aves cumple 40 años
Entretanto, el Nabu reclamó planes de gestión eficaces para las zonas de protección de aves y la persecución consecuente de la caza de aves canoras en la región mediterránea. Aunque la Directiva europea de Aves, que cumple 40 años el 2 de abril, es una de las leyes de conservación de la naturaleza más exitosas y avanzadas del mundo, tampoco después de 40 años se ha aplicado por completo, afirmó el director federal del Nabu, Leif Miller.
El gran punto débil sería la falta de eficacia sobre el territorio, se indicó a la vista del censo de aves a escala europea: mientras que muchas especies raras evolucionan hoy bien gracias a las medidas de protección, en las poblaciones de las aves comunes y ampliamente extendidas se registra un desplome.
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