Repensar las especies no autóctonas en los ecosistemas
Matar animales que no «pertenecen» a un ecosistema es una estrategia perjudicial.
Un nuevo estudio cuestiona el enfoque convencional de la conservación de la naturaleza, que a menudo conduce a matar animales no autóctonos en una zona determinada para proteger especies vegetales.
Esta práctica, que cuesta millones y provoca la muerte de millones de animales salvajes sanos, se basa en la suposición de que los grandes herbívoros introducidos, o megafauna, dañan los ecosistemas al perjudicar plantas sensibles, reducir la diversidad vegetal autóctona y favorecer especies vegetales invasoras.
Sin embargo, nuevos resultados de investigación de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) y de la Universidad de Oxford (Reino Unido) indican que la distinción entre grandes herbívoros autóctonos y no autóctonos quizá no sea tan clara como se suponía hasta ahora.
Cuestionar las prácticas de eliminación de animales no autóctonos
Los investigadores llevaron a cabo un análisis exhaustivo en el que compararon los efectos de especies de grandes mamíferos autóctonas e introducidas sobre la cobertura vegetal y la diversidad de plantas en 221 estudios de todo el mundo.
Sus resultados mostraron que ambos grupos tienen efectos similares sobre las comunidades vegetales autóctonas.
El Dr. Jeppe Kristensen, del Environmental Change Institute de la Universidad de Oxford, explicó: «No encontramos pruebas que respalden la afirmación de que los grandes herbívoros autóctonos tengan efectos distintos sobre los ecosistemas, en este caso sobre las comunidades vegetales, que sus congéneres no autóctonos».
«Por lo tanto, deberíamos estudiar el papel ecológico de estos animales en los ecosistemas, ya sean autóctonos o no, en lugar de juzgarlos por su origen».
Efectos sobre los ecosistemas basados en los rasgos
Curiosamente, el estudio reveló que los efectos ecológicos de los animales invasores están más relacionados con sus rasgos que con su carácter autóctono.
Así, por ejemplo, los herbívoros selectivos de pequeño tamaño, como los corzos, tienden a reducir la diversidad vegetal, mientras que los herbívoros no selectivos de mayor tamaño, como los búfalos, tienden más bien a aumentarla.
Esto se atribuye a que los animales grandes no pueden alimentarse de forma selectiva, lo que impide el predominio de determinadas especies vegetales y favorece la biodiversidad.
Además, el estudio constata que la masa corporal de cada animal tiene una influencia singular en el peso total de los animales de un territorio, lo que subraya el papel especial que desempeñan los animales grandes en la configuración de los ecosistemas.
El Dr. Kristensen explicó: «Mientras que un elefante puede derribar un árbol de tamaño mediano, 50 ciervos no pueden hacerlo. Para comprender el impacto de la presencia de animales en el paisaje no se puede sumar la masa corporal, sino que hay que tener en cuenta los efectos de cada especie animal por separado.»
La paradoja del sacrificio: replantearse la conservación de la naturaleza
Esta investigación aborda también las repercusiones más generales de la erradicación de animales no autóctonos, muchos de los cuales están amenazados en sus hábitats de origen.
La paradoja de gastar millones en retirar a estos animales de zonas donde se consideran invasores, mientras sus poblaciones disminuyen en otros lugares, plantea interrogantes sobre las prioridades actuales de la conservación de la naturaleza.
El profesor Jens-Christian Svenning, de la Universidad de Aarhus, opina: «Esta interpretación sugiere que los nichos funcionales que han quedado vacíos por extinciones y erradicaciones en la prehistoria reciente, a menudo causadas por el ser humano, se rellenan mejor con animales de rasgos funcionales similares a los de los desaparecidos, incluso si estas nuevas especies no son autóctonas ni asilvestradas.»
El estudio subraya la necesidad de replantearse la percepción de las especies autóctonas y no autóctonas y su papel en los ecosistemas.
En lugar de centrarse únicamente en el concepto de pertenencia, las estrategias de conservación deberían dar prioridad a la restauración de funciones ecosistémicas esenciales, posiblemente mediante la introducción adaptativa de especies no autóctonas. También la caza recreativa como control poblacional fracasa ante este paradigma.
Integrar a los animales no autóctonos en lugar de matarlos
En resumen, este estudio pionero anima a los conservacionistas a replantearse ideas arraigadas desde hace tiempo sobre el papel de las especies autóctonas y no autóctonas en ecosistemas.
Demuestra que la influencia de los grandes herbívoros en la diversidad y la cubierta vegetal depende más de rasgos individuales que de su origen, y cuestiona así la práctica costosa y a menudo contraproducente de matar especies animales no autóctonas únicamente por su condición de no autóctonas.
En su lugar, los resultados abogan por un enfoque de conservación adaptativo que ponga en primer plano la función ecológica y tenga en cuenta el potencial de las especies no autóctonas para asumir funciones importantes abandonadas por las especies extinguidas.
Este cambio de paradigma podría no solo mejorar los esfuerzos de conservación de la biodiversidad, sino también fomentar una comprensión más matizada y amplia de las contribuciones de las especies a la salud y la resiliencia de los ecosistemas.
El estudio completo se publicó en la revista Science.
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