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Lirón gris: 34 millones de años hibernando

En primavera, el lirón gris despierta de su profundo letargo invernal. Es posible que sus congéneres ya aplicaran hace 34 millones de años la astuta estrategia con la que estos animales sobreviven a las épocas hostiles.

Redacción Wild beim Wild · 23 de abril de 2021

Los fósiles de roedores permiten suponer que la hibernación ya existía como estrategia de supervivencia hace 34 millones de años.

Hasta ahora se suponía que la capacidad de hibernar se había desarrollado hace unos 2,6 millones de años, al comienzo de la era glacial cuaternaria. Sin embargo, este comportamiento podría haber aparecido mucho antes en ciertos mamíferos. Esta es la conclusión a la que llega un estudio financiado por el Fondo Nacional Suizo (FNS) estudio.

Junto con su equipo, Olivier Maridet, conservador del Museo Jurassica de Porrentruy y paleontólogo de la Universidad de Friburgo, ha estudiado la historia evolutiva de la familia de los lirones: pequeños roedores de cola tupida, entre los que se cuentan, por ejemplo, el lirón gris, el lirón careto o el lirón avellanero. Cuando el investigador comparó el número de especies de esta familia a lo largo del tiempo con la evolución del clima, se dio cuenta de que se produjeron tres diversificaciones y que cada uno de estos episodios coincidió con una era glacial. «Estos roedores tenían que contar con alguna ventaja que les permitiera desarrollarse tan bien durante esos periodos. Suponemos que fue la hibernación.»

Un déficit arcaico se convierte en ventaja

Ya se sabía, gracias a los fósiles de ciertos roedores, que la hibernación existía hace 2,6 millones de años, pues sus incisivos presentan pausas estacionales de crecimiento. Según esto, esta capacidad se desarrolló y se extendió como respuesta a las difíciles condiciones de supervivencia de esa época, a comienzos de la era glacial cuaternaria, el período más reciente de la historia de la Tierra. Sin embargo, en su estudio, Olivier Maridet y su equipo llegan ahora a la conclusión de que los lirones podrían haber pasado el invierno durmiendo ya hace 34 millones de años.

Por tanto, podría tratarse de un rasgo arcaico que se ha conservado hasta hoy en algunas especies y que se perdió en otras porque optaron por estrategias de supervivencia distintas a la hibernación.

Olivier Maridet

El equipo de investigación se ocupó de los lirones en el marco de sus trabajos sobre la transición entre el Eoceno y el Oligoceno, que en Europa, por sus drásticas consecuencias, también se conoce como «Grande Coupure» (gran corte). En aquel momento se produjo un marcado enfriamiento que condujo a la formación del casquete polar en la Antártida y a un descenso del nivel del mar, lo que facilitó la migración de especies animales entre continentes.

Extinción masiva y maestros de la supervivencia

En Europa se produjeron entonces grandes cambios entre los mamíferos. Muchos de ellos, como los adapoideos (primates extintos), los paleoterios (parientes lejanos de los caballos actuales) o determinados grupos de roedores autóctonos de Europa, desaparecieron. Se establecieron especies más jóvenes procedentes de Asia, entre ellas hámsteres, castores, rinocerontes, cerdos y tapires. Los lirones lograron superar esta crisis e incluso diversificarse durante ella. «Tras la extinción masiva del límite Cretácico-Paleógeno, hace 65 millones de años, que se cobró entre otras víctimas a los dinosaurios, esta transición es uno de los acontecimientos con las repercusiones más profundas sobre la ecosistemas», afirma Olivier Maridet.

Los dientes como testigos del tiempo

Los investigadores llegaron a estos resultados evaluando más de 500 dientes fósiles de lirones de Francia y España. Analizaron su tamaño y su forma según 124 criterios distintos y así determinaron el grado de parentesco entre las especies. Además, escanearon los dientes mediante tomografía de rayos X para obtener también información de su interior. Y el resultado es impresionante: por primera vez se pudo reconstruir la Evolución de la familia de los lirones en su totalidad, incluidas las especies fósiles. Además, los investigadores pudieron confirmar con métodos moleculares la proximidad de parentesco entre las especies conocidas hoy en día. El análisis detallado de la anatomía dental de los lirones demostró, asimismo, que ya era hora de renovar el árbol genealógico de esta familia.

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