Mapaches urbanos: ciencia vs. guerra de exterminio
Los titulares suenan inofensivos: los mapaches urbanos se estarían “transformando poco a poco en mascotas”. En Norteamérica, los medios ya celebran a los llamados «pandas de la basura» como futuros cohabitantes que se adaptan a la vida en las ciudades. Al mismo tiempo, en Europa esos mismos animales son considerados una plaga invasora, figuran en listas negras y pueden ser matados prácticamente sin límites.
«Máquina de chivos expiatorios»
Entre estas dos imágenes se abre un abismo.
Quien mira con más atención se da cuenta: el nuevo estudio sobre la domesticación de los mapaches cuenta, ante todo, una historia sobre la responsabilidad humana y sobre una política de caza que ignora sistemáticamente los conocimientos científicos.
Un equipo de investigación dirigido por la zoóloga Raffaela Lesch, de la Universidad de Arkansas en Little Rock, ha analizado casi 20’000 fotografías de mapaches subidas por ciudadanos a la plataforma iNaturalist. Se midieron las proporciones de la cabeza y el hocico de animales procedentes de zonas rurales y de regiones densamente pobladas de Estados Unidos. Resultado: los mapaches urbanos tienen, en promedio, hocicos alrededor de un 3,5 por ciento más cortos que sus congéneres rurales, un rasgo clásico del llamado síndrome de domesticación.
El síndrome de domesticación designa todo un conjunto de características que aparecen en las especies animales cuando conviven estrechamente con los humanos durante un periodo prolongado: hocicos más cortos, cambios en el pelaje, menor agresividad, menos comportamiento de huida. Los investigadores interpretan sus resultados como un posible indicio temprano de que los mapaches, a la sombra de las ciudades humanas, podrían estar siguiendo un camino similar al que en su día llevó de los lobos a los perros.
Sin embargo, que los medios conviertan esto en «futuras mascotas» es menos ciencia que lógica de clics. No existe una cría selectiva, ningún estatus de protección legal, ninguna norma obligatoria de tenencia. El estudio muestra que los mapaches se adaptan a un nicho creado por nosotros: la basura y las estructuras de nuestras ciudades. Nada más.
Mientras tanto en Europa: sentencia de muerte por lista
En Europa, la realidad es completamente distinta. Aquí el mapache ha sido declarado jurídicamente un problema. Sobre la base del Reglamento de la UE 1143/2014, el mapache fue incluido en 2016 en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión.
Las consecuencias son de gran alcance:
- Los mapaches no pueden ser criados, comercializados ni mantenidos en cautividad. Los zoológicos y parques de animales solo pueden acogerlos de forma limitada, y los centros de acogida se encuentran bajo presión.
- La clasificación sirve como justificación para una persecución cinegética masiva sin una prueba real de la población.
- Las autoridades y los cazadores recreativos se amparan en el término «invasivo» para legitimar políticamente casi cualquier forma de matanza.
Por ello, la IG Wild beim Wild y otras organizaciones de protección animal exigen desde hace años que se elimine al mapache de estas listas. Argumentan que el mapache ya se considera naturalizado en Alemania, que cumple de manera insuficiente los criterios para ser considerado «especie invasora» y que se le demoniza sobre todo por motivos de política cinegética.
«Invasivo» como herramienta política de los cazadores
El término «especie invasora» suena a ciencia objetiva, pero en la práctica se aplica de manera muy selectiva. Según estimaciones globales, existen en el mundo más de 37.000 especies exóticas, y solo una parte de ellas se considera realmente invasora.
En el caso del mapache se aprecia con especial claridad hasta qué punto influyen la política y los intereses de los lobbies:
- En Alemania, según estimaciones, cada año son matados alrededor de 200.000 mapaches por cazadores recreativos.
- La caza se presenta como protección de la naturaleza, aunque no existen pruebas sólidas de un daño dramático a la biodiversidad.
- Al mismo tiempo, otras especies ecológicamente más relevantes apenas aparecen en los debates y las listas, porque no resultan de interés para la caza.
La construcción del mapache como «plaga extranjera» cumple varios propósitos: desvía la atención de problemas propios, como la destrucción del hábitat y la agricultura industrial, refuerza la autoimagen de los cazadores recreativos como supuestos «protectores de la naturaleza» y crea una justificación moral para métodos de caza crueles, como la caza con trampas o los abatimientos nocturnos. Las cifras de caza aumentan, la población sigue creciendo, y no se ha demostrado un control efectivo de la población mediante la caza.
La investigación exculpa al mapache: la caza ignora los hechos
Investigaciones más recientes sobre el papel del mapache en los ecosistemas europeos ofrecen una imagen mucho menos dramática. Una tesis doctoral a la que hace referencia Wild beim Wild concluye lo siguiente: no existe una base científica seria que justifique las verdaderas campañas de acoso contra los mapaches ni la caza intensiva. En la percepción pública, estos animales se presentan como mucho más peligrosos de lo que realmente son.
En cambio, se observa lo siguiente:
- Los mapaches aprovechan los nichos existentes y recurren principalmente a basura, especies sinantrópicas como las palomas urbanas y otros recursos de fácil acceso.
- La caza recreativa no ha logrado hasta ahora, ni en Alemania ni en otros países, una regulación sostenible de las poblaciones. Las densidades de población se mantienen altas, lo que a su vez aumenta las tasas de natalidad; las cifras de animales cazados siguen creciendo, porque los individuos que llegan después ocupan rápidamente los territorios que quedan libres.
- Al mismo tiempo, apenas se fomentan en serio alternativas respetuosas con el bienestar animal, como programas de castración, gestión del hábitat o un control riguroso de la basura.
Dicho de otro modo: la política practica una política simbólica a costa de un animal salvaje muy inteligente. Los argumentos científicos que contradicen esta demonización se ocultan de manera sistemática.
Aquí se cierra el círculo con el nuevo estudio sobre domesticación. Si los mapaches urbanos muestran realmente las primeras adaptaciones físicas a la vida cerca de los humanos, esto resulta doblemente incómodo desde el punto de vista de los cazadores:
- Desmiente la imagen del riesgo impredecible y "completamente ajeno". Un animal que ha aprendido a abrir cubos de basura y a sobrevivir en patios traseros demuestra capacidad de adaptación, no agresividad.
- Y plantea de nuevo la cuestión moral: si un animal se adapta a nosotros, nos tolera y aprovecha la basura que nosotros mismos producimos, ¿cómo justificamos entonces una pretensión de matarlo prácticamente sin límites?
En lugar de abordar estas cuestiones, los medios de comunicación y la política dan la vuelta al relato: en Norteamérica se enternece a estos animales y se los idealiza como "futuras mascotas", mientras que en Europa se los convierte en enemigo público. Ambas visiones eluden la responsabilidad humana. Porque la expansión, los conflictos y la "basurización" de los espacios urbanos no son una característica del mapache, sino consecuencia directa de nuestro estilo de vida.
Qué significaría un trato moderno hacia los mapaches
Un trato serio y éticamente defendible hacia los mapaches y otras llamadas especies neozoicas debería tener en cuenta tres niveles:
1. Prevención en lugar de caza permanente
Cerrar la basura de forma segura, sellar edificios y desvanes, reducir las fuentes de alimento como comida para animales dejada al aire libre. Allí donde estas sencillas medidas se aplican con seriedad, los conflictos disminuyen notablemente, según la experiencia.
2. Regulación conforme a la protección animal en lugar de una política de exterminio
El reglamento no excluye medidas conformes a la protección animal como la captura, la esterilización y, según la aplicación nacional, la posterior liberación. Las directrices técnicas correspondientes, encargadas por la Comisión Europea, mencionan expresamente tales métodos no letales como opciones admisibles. Precisamente este tipo de programas, combinados con asesoramiento y sensibilización, serían acordes a los tiempos actuales y estarían en consonancia con el principio de protección animal, expresamente consagrado en muchas constituciones.
3. Evaluación honesta en lugar de enemigos imaginarios
La clasificación como especie invasora debe basarse en criterios científicos sólidos, ser transparente y estar libre de intereses cinegéticos propios. Esto incluye:
- Una evaluación independiente de los impactos ecológicos reales
- La inclusión de opciones alternativas de gestión
- Criterios claros sobre cuándo se retiran especies de las listas si los escenarios de amenaza no se confirman
Precisamente aquí se sitúa la exigencia de eliminar al mapache de dichas listas y reconocerlo como especie salvaje naturalizada con derecho a un trato conforme a la protección animal.
Si convertimos a los mapaches en conciudadanos, también necesitan derechos
El nuevo estudio sobre los mapaches urbanos pone un espejo delante de la sociedad. Muestra cuán fuertemente nuestros asentamientos y nuestra basura alteran la presión evolutiva sobre los animales salvajes. Los mapaches no se convierten «por sí solos» en animales domésticos. Se convierten en auténticos supervivientes dentro de un sistema dominado por el ser humano.
Quien disfruta de su simpatía y al mismo tiempo defiende su exterminio sistemático, pierde credibilidad. Si aceptamos que los mapaches forman ya desde hace tiempo parte de nuestro paisaje cultural, entonces también debemos estar dispuestos a reconocerles un lugar, con reglas claras, pero sin agitación, sin caza sin sentido y sin la ficción de que el problema puede simplemente «eliminarse a tiros».
Así pues, la verdadera pregunta no es si los mapaches se están convirtiendo poco a poco en animales domésticos. La pregunta es: ¿cuándo se transformará por fin nuestra política, de una cultura de exterminio impulsada por la caza, en un trato con los animales salvajes moderno, basado en la ciencia y conforme a la protección animal?
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Más sobre el tema de la caza de afición: En nuestros dossiers sobre la caza recreativa reúnen verificaciones de datos, análisis e informes de fondo. Lo que dice la investigación al respecto lo muestra La caza a examen: el estado de los estudios.
La posición de la IG Wild beim Wild: La IG Wild beim Wild rechaza la caza recreativa. Nuestro modelo es cantón de Ginebra, que desde 1974 se las arregla sin caza recreativa: sin temporadas de caza, sin perros de caza, sin batidas, sin puestos elevados, sin el maltrato animal ni la criminalidad que en otros lugares forman parte de la temporada de caza. Lo que allí funciona desde hace más de cincuenta años refuta cualquier documento de posición de JagdSchweiz. Una asociación que basa su política en afirmaciones que ella misma desmiente en sus propios documentos no es una organización especializada, sino una fábrica de desinformación.
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