120 perros sacrificados: abandono animal en Ramiswil
En Suiza se registran cada año varios centenares de casos de infracciones graves contra la ley de protección animal, pero desalojos masivos como el de la granja de Ramiswil siguen siendo poco frecuentes.
Según los informes anuales de la Oficina Federal de Seguridad Alimentaria y Asuntos Veterinarios (BLV), el abandono animal, la alimentación insuficiente, la falta de atención veterinaria y el alojamiento deficiente se encuentran entre los motivos más frecuentes de intervención de las autoridades.
En la mayoría de los casos se confiscan animales individuales o se endurecen las normas de tenencia. En cambio, las intervenciones en las que se ven afectadas decenas o incluso más de cien animales solo se producen unas pocas veces al año.
En el pequeño municipio de Ramiswil, en el cantón de Soleura, se desalojó una explotación agrícola tras constatarse graves infracciones contra el bienestar animal. La oficina veterinaria del cantón de Soleura encontró en la granja varias decenas de caballos y alrededor de 120 perros en un estado de salud tan debilitado que los animales tuvieron que ser sacrificados. El hecho de que una explotación pueda alcanzar una situación tan grave en materia de tenencia y salud animal antes de que se intervenga apunta a deficiencias sistémicas.
Un caso similar, que se prolongó durante mucho tiempo, fue el de Hefenhofen, en el cantón de Turgovia, en el que numerosos animales fueron mantenidos durante años en condiciones deplorables antes de que se procediera a un desalojo. El caso de Ramiswil presenta paralelismos y debería servir de motivo para revisar cómo se supervisa el cumplimiento de las normas de bienestar animal en la ganadería.
Las cifras de casos muestran un patrón claro: un número desproporcionadamente alto de desalojos afecta a explotaciones o particulares que acumulan animales durante un período prolongado y pierden el control de la situación. Esta dinámica, conocida como “acumulación de animales” (animal hoarding), también es conocida en Suiza y cada vez se reconoce más como un problema. Las oficinas veterinarias informan de que estas situaciones suelen desarrollarse a lo largo de meses o años y solo se agravan cuando las denuncias de la población o los controles repetidos ponen de manifiesto su magnitud.
El caso de Ramiswil se suma así a unos pocos, pero graves incidentes, entre los que también se encuentran ejemplos anteriores como el caso Hefenhofen. Lo que tienen en común es un considerable esfuerzo de control, un elevado número de animales y la necesidad de medidas drásticas. Mientras que el número total de controles en Suiza asciende anualmente a más de 40'000, solo una fracción termina en confiscaciones y apenas un puñado en grandes operativos de desalojo.
Las organizaciones de protección animal llevan años exigiendo que los indicios se investiguen con mayor rapidez y que las explotaciones de riesgo se controlen de forma más estrecha. Los organismos especializados, por su parte, señalan que las bases legales existen, pero que la prevención fracasa por falta de recursos humanos, por la escasa disposición a cooperar de los propietarios de animales y por la dificultad de asegurar pruebas jurídicamente sólidas con antelación. La intervención en Ramiswil pone de manifiesto estos retos estructurales: solo cuando el estado de los animales resultó insostenible fue posible actuar.
Las investigaciones en curso deberán aclarar si habrían sido posibles medidas anteriores y cómo se pueden evitar en el futuro casos de dimensiones comparables. Lo cierto es que las autoridades, la política y las organizaciones especializadas deberán debatir de nuevo cómo reforzar los controles preventivos e identificar más rápidamente los casos de riesgo, antes de que el sufrimiento animal alcance una magnitud que solo pueda terminar con un gran desalojo y numerosos sacrificios.
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