Parque Nacional: 100 años de la reintroducción del íbice alpino
Por los pelos, el íbice alpino habría desaparecido para siempre de su antiguo hogar. En varias acciones espectaculares, a principios del siglo pasado, cazadores furtivos y contrabandistas lograron llevar a Suiza un total de 59 íbices. Tras una cría exitosa, el 20 de junio de 1920 se reintrodujeron también los primeros íbices en el Parque Nacional Suizo.
Parque Nacional: 100 años de la reintroducción del íbice alpino
Por los pelos, el íbice alpino habría desaparecido para siempre de su antiguo hogar. En varias acciones espectaculares, a principios del siglo pasado, cazadores furtivos y contrabandistas lograron llevar a Suiza un total de 59 íbices. Tras una cría exitosa, el 20 de junio de 1920 se reintrodujeron también los primeros íbices en el Parque Nacional Suizo.
No es casualidad que el íbice alpino sea considerado el rey de los Alpes. Su adaptación al hábitat alpino es perfecta, sus dotes para la escalada son legendarias y su calma estoica en plena ventisca resulta admirable. Y, sin embargo, este símbolo de fuerza, resistencia y voluntad de vivir estuvo a punto de ser exterminado por completo por el ser humano. Sin el valiente empeño de unos pocos amantes de la naturaleza y, paradójicamente, sin la pasión cinegética de los reyes italianos, hoy apenas habría íbices que dieran vida a nuestras montañas.
El íbice alpino al borde de la extinción
Ya en el siglo XVI, las incipientes armas de fuego, las condiciones meteorológicas adversas y las malas cosechas asociadas contribuyeron a la caza intensiva del íbice. Además, el ser humano penetraba cada vez más en las zonas de montaña. Se talaron bosques y las áreas de pasto para el ganado doméstico fueron reduciendo el Hábitat de los animales salvajes de alta montaña cada vez más. También la superstición desempeñó un papel nada desdeñable. Se atribuían efectos curativos a casi todas las partes del cuerpo. Además de la sangre, la médula ósea y el bazo, se utilizaban los cuernos, los bezoares y la llamada «cruz del corazón». Este cartílago endurecido de las válvulas cardíacas debía volver invulnerable a su portador. Aunque las Tres Ligas decretaron en 1612 una estricta prohibición de cazar el íbice, ya hacia 1640 estaba extinguido en los Grisones. En 1809 se abatió en el Valais el último íbice suizo.
Protección real en el último minuto
En la zona del Gran Paradiso, entre el Valle de Aosta y el Piamonte, sobrevivieron finalmente los últimos íbices alpinos. Víctor Manuel II, rey de Italia, se encargó personalmente de que los guardas de fauna hicieran cumplir unas normas de protección rigurosas.
A partir de mediados del siglo XIX comenzaron los esfuerzos por reintroducir íbices en otras zonas del espacio alpino. Como el rey italiano no se mostró dispuesto a ceder animales a Suiza para su cría, se contrató a cazadores furtivos que, a partir de 1906, sacaron de contrabando crías de íbice del Gran Paradiso hacia Suiza arriesgando la vida. Estas fueron criadas y reproducidas en el parque zoológico Peter und Paul de San Galo. Poco después se realizaron las primeras sueltas en el Weisstannental y en el Piz Ela, por desgracia sin éxito.
Íbices en el joven Parque Nacional
A continuación, el foco se puso en el recién fundado Parque nacional (SNP). El 19 de junio de 1920 llegaron a Zernez siete cajas con íbices. En la estación los recibieron una banda de música y una gran multitud. A la mañana siguiente continuaron en carro de caballos en dirección a Ova Spin y Piz Terza, donde los jóvenes íbices fueron puestos en libertad.
La todavía joven colonia sufrió un revés al cabo de apenas un año. Dos machos y dos hembras se dirigieron hacia Livigno: los machos fueron víctimas de la caza furtiva, mientras que las hembras acabaron asentándose en el Piz Albris. Con ello dieron el impulso para la fundación de la colonia de Albris. En 1923, 1924 y 1926 se realizaron nuevas sueltas. Esta vez, sin embargo, los animales se trasladaron al Val Cluozza.
Un regreso exitoso
El rescate del íbice alpino es una historia de éxito sin precedentes a nivel mundial. Gracias a la intervención decidida de algunos visionarios, una especie pudo salvarse de la extinción prácticamente en el último minuto. Hoy viven en el SNP unos 300 íbices y en todo el arco alpino debe de haber unos 40’000 ejemplares. Todos descienden de la población residual del coto de caza de los reyes italianos en el Gran Paradiso. Esto significa que la diversidad genética de los íbices actuales es escasa. Todavía se desconoce cómo afectará esto a la población en el futuro. Éxitos de reintroducción como este demuestran que la Protección de especies funciona cuando existe voluntad política.
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