Episodio del podcast: Brújula de sellos de protección animal suizos: por qué «protección animal» es aquí el término equivocado
El artículo critica la brújula de sellos de la protección animal suiza no principalmente por valoraciones concretas, sino por su lógica de fondo: evalúa las condiciones de cría de los animales, pero no cuestiona su sacrificio. Con ello, según la tesis central, gestiona un sistema que en realidad debería superar.
La nueva brújula de sellos de la STS clasifica los productos de carne, huevo y leche en cuatro categorías: de «muy bueno» a «insatisfactorio».
Esto suena a orientación y a un mayor respeto hacia los animales. Pero Wild beim Wild se pregunta: ¿qué significa «protección animal» cuando los animales siguen siendo sacrificados a pesar de sellos mejores?
En 2025 se sacrificaron en Suiza más de 86 millones de los llamados animales de renta, más que el año anterior. El artículo ve en ello la contradicción decisiva: mientras el panorama de sellos se amplía y los estándares de cría se evalúan de forma más diferenciada, el número de animales sacrificados sigue aumentando. Los sellos pueden mejorar condiciones concretas, pero no salvan a ningún animal del sistema de explotación y sacrificio.
El STS defiende, según sus propias declaraciones, el enfoque de mejorar las condiciones de una producción de alimentos de origen animal socialmente existente. Precisamente eso es lo que critican las organizaciones de derechos de los animales: incluso en producciones con sellos bien valorados se permiten formas graves de sufrimiento, como el aturdimiento con CO₂ de los cerdos o las lesiones en las gallinas ponedoras. Además, un buen sello puede provocar un efecto de descargo moral: las personas siguen consumiendo porque, a través de su decisión de compra, ya se sienten del lado correcto.
El artículo enmarca esta crítica como una cuestión de especismo: ¿por qué matar y comer determinados animales se considera normal, mientras que hacerlo con perros o gatos estaría social y legalmente reprobado? Desde esta perspectiva, «protección animal» es un término engañoso si no protege ni la vida ni la integridad física, sino que regula sobre todo la cría y la matanza dentro de un sistema existente.
A ello se suman las consecuencias sanitarias, ecológicas y climáticas de un elevado consumo de productos de origen animal. Por eso, la afirmación central es: un sello puede mitigar puntualmente las irregularidades, pero no puede resolver la cantidad de ganadería, el número de animales sacrificados ni el uso fundamental de seres sintientes. Así, la brújula de sellos no se entiende como una salida del sistema, sino como un instrumento que puede estabilizar su aceptación.
Una brújula puede orientar, pero lo decisivo es hacia dónde apunta: hacia menos sufrimiento y menos animales en el sistema, o solo hacia un «seguir igual» algo mejor etiquetado.
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