Batida en Carintia: joven de 16 años herido por disparo
Durante una batida en el distrito de Klagenfurt-Land, en Austria, el sábado 18 de octubre de 2025 un ojeador de 16 años resultó gravemente herido en la parte superior del cuerpo.
Perdigones rebotados desde unos 40 metros de distancia alcanzaron al joven, que tuvo que ser trasladado en helicóptero de rescate al hospital de Klagenfurt, escribe kleinezeitung.at.
El hobby hunter de 23 años que efectuó el disparo recibió una prohibición provisional de portar armas, y las armas de caza fueron confiscadas. Pero el incidente plantea de nuevo la pregunta: ¿qué tan seguras son realmente las batidas y por qué se emplea a niños como ojeadores?
Los defensores de la fauna salvaje critican desde hace años los riesgos de esta modalidad de caza. Los perdigones rebotados, el terreno poco visible y los ojeadores inexpertos provocan regularmente lesiones, tanto en personas como en animales. Las normas de seguridad por sí solas no parecen ser suficientes. Cada 29 horas se produce en Suiza un accidente a causa del hobby hunting.
Mientras las federaciones de caza defienden esta práctica como «regulación de poblaciones», la sociedad exige mayor protección para los niños y un cambio de mentalidad en la práctica cinegética. Pues ningún beneficio, ningún animal salvaje, ningún éxito de caza puede justificar el riesgo para una vida humana.
El accidente de la batida en Carintia es otra llamada de atención: las batidas son peligrosas, y la seguridad de los jóvenes debe tener prioridad. Mientras se emplee a niños como ojeadores, el riesgo seguirá siendo real e irresponsablemente alto.
Según la opinión de la IG Wild beim Wild, los hobby hunters necesitan dictámenes anuales de aptitud médico-psicológica siguiendo el modelo de los Países Bajos, así como un límite de edad vinculante. El grupo de edad más numeroso entre los hobby hunters es hoy el de los mayores de 65 años. En este grupo aumentan estadísticamente de forma notable las limitaciones propias de la edad, como la disminución de la capacidad visual, la ralentización de los tiempos de reacción, las dificultades de concentración y los déficits cognitivos. Al mismo tiempo, los análisis de accidentes muestran que el número de accidentes de caza graves con heridos y muertos aumenta significativamente a partir de la mediana edad.
Las informaciones periódicas sobre accidentes de caza, acciones erróneas mortales y el uso indebido de armas de caza ponen de manifiesto un problema estructural. La posesión y el uso privados de armas de fuego letales con fines recreativos escapan en gran medida a un control continuo. Desde la perspectiva de IG Wild beim Wild, esto ya no es defendible. Una práctica que se basa en la matanza voluntaria y que, al mismo tiempo, genera riesgos considerables para personas y animales pierde su legitimidad social.
La caza de afición se basa además en el especismo. El especismo describe la desvalorización sistemática de los animales no humanos únicamente por su pertenencia a una especie. Es comparable al racismo o al sexismo y no puede justificarse ni cultural ni éticamente. La tradición no sustituye al examen moral.
Precisamente en el ámbito de la caza de afición resulta imprescindible un examen crítico. Apenas existe otro campo tan marcado por relatos edulcorantes, medias verdades y desinformación deliberada. Allí donde se normaliza la violencia, los relatos sirven a menudo de justificación. Por ello, la transparencia, los hechos verificables y un debate social abierto resultan indispensables.
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