Isla de los gatos: el problema de Chipre con los callejeros
En Chipre viven casi tantos gatos como personas. Sin embargo, la romántica «isla de los gatos» lucha con la sobrepoblación, el sufrimiento animal y las consecuencias ecológicas. Cómo contrarrestan el gobierno y la protección animal.
Chipre, a menudo llamada «la isla de los gatos», se enfrenta a un desafío animal: el número de gatos callejeros y asilvestrados se ha disparado.
Según estimaciones actuales, en la isla mediterránea viven al menos tantos gatos como personas: alrededor de un millón de animales con una población igualmente de cerca de un millón.
Lo que antaño se consideraba una característica encantadora se está convirtiendo cada vez más en un problema ecológico y de protección animal.
Viejo amor, nueva carga
La relación entre Chipre y sus gatos tiene una larga historia. Ya hace 9’500 años los gatos convivían aquí con las personas; un hallazgo arqueológico en el pueblo de Shillourokambos lo demuestra. Más tarde, se dice que los gatos fueron incluso introducidos por santa Helena para combatir las plagas de serpientes.
Pero el legado de este estrecho vínculo es hoy ambivalente. Muchos gatos viven sin dueño, se alimentan de basura o de comida que les dan los turistas, y se reproducen de forma incontrolada. Una sola gata puede tener crías dos o tres veces al año, cada vez con varios cachorros.
El resultado: una dinámica de reproducción explosiva.
Cuando el amor por sí solo no basta
El gobierno chipriota reconoce ya la situación como una crisis. El programa oficial de esterilización se aumentó hasta los 300’000 € anuales, pero los expertos lo consideran insuficiente. Según las estimaciones, habría que castrar a decenas de miles de gatos al año para estabilizar la población a largo plazo; en realidad son solo unos pocos miles.
Por ello, las organizaciones de protección animal exigen:
- Más veterinarios en el marco de programas estatales
- Cooperación con ONG y voluntarios
- Sistemas digitales de registro para una mejor planificación
- Labor de concienciación entre la población y el turismo
La cara oscura del idilio
Mientras muchos gatos en Chipre son alimentados con cariño por los turistas, viven en condiciones a veces duras: el hambre, las enfermedades y los accidentes de tráfico están a la orden del día.
También a nivel ecológico el problema tiene peso. Según la organización BirdLife Cyprus, los gatos asilvestrados amenazan considerablemente a las poblaciones locales de aves y reptiles. La consecuencia: un conflicto entre el bienestar animal y la conservación de las especies.
Los gatos de Chipre no son, por tanto, solo un tema social, sino también ecológico.
Esperanza de cambio
El Gobierno de Chipre planea reducir notablemente la población de gatos mediante un plan de esterilización de cuatro años. El proyecto contará con el apoyo de voluntarios, clínicas veterinarias y organizaciones internacionales.
Algunos municipios ya están probando aplicaciones digitales de notificación con las que se registran las colonias de gatos y se coordinan las esterilizaciones. Sin embargo, que las medidas surtan efecto depende de una aplicación coherente y de la aceptación social.
El ejemplo de Chipre pone de manifiesto lo estrechamente entrelazados que están el ser humano, el animal doméstico y el animal salvaje, y qué consecuencias surgen cuando se difuminan los límites naturales.
Para la IG Wild beim Wild, dedicada a la convivencia entre el ser humano y el animal salvaje, Chipre ofrece una parábola instructiva:
- Los animales domésticos pueden, si no se controlan, convertirse ellos mismos en factores de estrés ecológico.
- El bienestar animal y la conservación de la naturaleza deben concebirse de forma conjunta.
- La tenencia responsable de animales es conservación de la naturaleza a escala global.
Chipre sigue siendo un ejemplo fascinante de cómo se entrecruzan la historia cultural, el amor por los animales y la ecología. Los gatos forman parte de la identidad de la isla; pero sin medidas sostenibles, este cariño corre el riesgo de transformarse en sufrimiento.
La «isla de los gatos» es un símbolo de un tema global: solo quien une responsabilidad y cuidado puede preservar el frágil equilibrio entre el bienestar animal y la biodiversidad.
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