Cazador aficionado se niega a abatir una garza real: absolución
Un cazador aficionado de Zúrich se negó a matar a tiros a una garza real herida y ahora ha sido absuelto por el Tribunal de Distrito de Pfäffikon. La sentencia es una victoria pequeña, pero simbólicamente importante, para la sensatez y la compasión en el ámbito de la caza. La justicia decidió que el hombre, que además es constructor de carreteras, había actuado «de forma adecuada» al remitir a la policía al guarda de caza competente, en lugar de asumir él mismo la tarea letal.
El caso muestra de forma ejemplar lo contradictorio que es el sistema de caza suizo: las autoridades llaman a cazadores aficionados voluntarios para «liberar del sufrimiento» a animales salvajes heridos, incluso cuando se trata de especies protegidas. En este caso era una garza real que yacía gravemente herida sobre la hierba tras una colisión con un tren. En lugar de disparar precipitadamente, el cazador aficionado hizo lo correcto: reflexionó.
Sufrimiento animal entre la ley y el sentimiento
El Tribunal de Distrito dejó claro: nadie está obligado a matar con sus propias manos a un ave protegida si eso no es posible de inmediato o resulta jurídicamente dudoso. Con ello el tribunal contradijo a la administración del distrito, que previamente había multado al hombre con 750 francos. El motivo entonces: había «retrasado innecesariamente la liberación del sufrimiento de la garza».
Sin embargo, aquí se trata de algo más que de derecho formal. El caso revela el desequilibrio moral de un sistema que predica el bienestar animal pero delega en los cazadores aficionados la matanza rutinaria. Si incluso un guarda de caza voluntario duda por humanidad, se convierte en acusado, mientras que la violencia estructural contra los animales salvajes permanece intacta.
Una persona muestra carácter, el sistema reacciona irritado
El cazador aficionado de Zúrich declaró ante el tribunal que se había negado porque reconoció que el ave era una especie protegida. Además, habría tardado casi dos horas en llegar al lugar con su arma. En su lugar, informó al guarda de caza, que finalmente liberó del sufrimiento al animal. El tribunal compartió su valoración: esta decisión era «plausible» y «responsable».
Estas sentencias poco frecuentes son importantes, porque demuestran que la compasión y el sentido común pueden tener cabida en la práctica de la caza. Sin embargo, no cambian nada del problema de fondo: en Suiza, los cazadores de afición siguen siendo utilizados como «brazo ejecutor» de la administración para matar animales salvajes, incluso en casos dudosos o en zonas protegidas.
¿Un cambio de rumbo a la vista?
El hombre, que ya tiene 60 años, anunció que renunciaría a su puesto. Ya en 2022 había sido condenado por un caso similar; entonces se trataba de una corneja en una zona de protección de la naturaleza. Ese procedimiento también se encuentra actualmente ante el Tribunal Federal.
El castigo reiterado de un cazador de afición que actúa evidentemente según un sentido ético demuestra que el propio sistema de caza está enfermo. Suiza necesitaría una gestión moderna de la fauna salvaje que ponga la protección, el cuidado y el rescate por encima del viejo paradigma del dominio de las armas.
Quizás esta sentencia marque el inicio de un cambio de mentalidad: alejarse de la «redención» mecánica con el arma de fuego para avanzar hacia una verdadera ética animal y una profesionalización de la protección de la fauna salvaje.
Dosier: Caza y protección animal
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