Tirol del Sur: 50’000 euros por la caza de un lobo
Un lobo, 27 vuelos en helicóptero, 50’000 euros del dinero de los contribuyentes. En Tirol del Sur, una única caza muestra la rapidez con que los animales salvajes se convierten en superficie de proyección en la política. Oficialmente se trataba de la protección del ganado. De facto, la operación parece una demostración de poder ostentosa contra un predador cuyo regreso forma parte desde hace tiempo de una disputa mayor a escala europea.
La orden de caza se activó tras 31 ataques denunciados a animales de pasto en un plazo de dos meses en el Val Venosta, cerca de la frontera suiza y austriaca.
El gobernador de Tirol del Sur, Arno Kompatscher, ordenó matar a dos lobos. En agosto se abatió entonces un lobo macho (de unos 45 kg), tras haber sido localizado junto a un grupo de terneros a 2’800 metros. Un tribunal detuvo posteriormente la segunda caza prevista.
La pregunta candente sigue siendo: ¿era precisamente este animal el causante de los ataques? Organizaciones de protección animal critican que esto difícilmente pueda afirmarse con seriedad sin un aseguramiento específico de pruebas. La caza parece así menos una medida precisa que una señal: actuamos.
27 vuelos en helicóptero por un solo animal: el problema de los costes es político
El escándalo estalló porque una solicitud de información sacó a la luz lo cara que fue la operación. Solo los vuelos en helicóptero supusieron 25’511 euros, y junto con otros costes el gasto total ascendió a unos 50’000 euros para la caza de afición.
50’000 euros no son simplemente una cifra. Es una decisión política sobre para qué se emplean los fondos públicos: para una matanza espectacular con apoyo aéreo en lugar de para una prevención integral, asesoramiento e infraestructura en los Alpes.
Reproche de populismo: cuando la política de caza busca votos
Las críticas no provinieron solo del lado de la protección animal. También desde la política se calificó la caza de ideológica y populista, como una concesión a un segmento rural del electorado. En el fondo se halla un patrón muy conocido: cuando los conflictos en torno a los predadores se intensifican, la caza se convierte en el relato más sencillo. El complejo trabajo de coexistencia se vende peor que un «lobo problemático» que se elimina.
Se minimiza el camino más eficaz: protección de rebaños en lugar de helicóptero
Incluso si se toma en serio la protección de la economía alpina como objetivo, la lógica de las medidas sigue siendo cuestionable. Quienes critican señalan que las vallas eléctricas, los perros de protección de rebaños, los pastores y pastoras y una mejor organización en los pastos suelen ser más eficaces y económicos que los abatimientos, que pueden desencadenar nuevos movimientos de manadas y, con ello, nuevos conflictos.
A esto se suma: los helicópteros no solo son caros. Los frecuentes movimientos aéreos pueden perturbar enormemente a los animales salvajes, justamente en zonas montañosas sensibles.
El giro de rumbo de Europa: más flexibilidad para abatir, menos protección
El caso de Tirol del Sur se enmarca en una época en la que se relajan en toda Europa las medidas de protección. Bajo el Convenio de Berna, la rebaja del lobo de «estrictamente protegido» a «protegido» entró en vigor el 7 de marzo de 2025. Paralelamente, también se trabajó en la legislación de la UE sobre la Directiva de Hábitats, con el fin de crear más margen para los abatimientos.
Quienes celebran esta evolución la presentan a menudo como «cercanía a la práctica». Quienes la critican ven en ella un atajo político: el abatimiento como pastilla tranquilizante, mientras el arduo trabajo por una verdadera coexistencia sigue infrafinanciado. El lobo del helicóptero de Tirol del Sur es un símbolo de este cambio.
Lo que queda: un lobo menos, un conflicto más
Tirol del Sur registró 35 lobos en el año 2024 y pagó el año anterior casi 98 000 euros por daños. Son cargas reales para algunas explotaciones. Pero precisamente por eso se necesita una política que no apueste por abatimientos individuales espectaculares, sino por soluciones eficaces y duraderas.
Cuando 50 000 euros se destinan a una única matanza junto con los hobby hunters, mientras la prevención se considera «demasiado complicada», entonces eso no es gestión de la fauna salvaje. Es política simbólica a costa de un depredador.
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