Cuatro gamos abatidos en el parque zoológico de Königsfelden: ¿por qué no se buscó reubicación?
El parque zoológico de los Servicios Psiquiátricos de Argovia reubicó en el pasado a los machos sobrantes en otros parques o con criadores. Esta vez se mató a animales jóvenes. Queda por aclarar por qué no se encontró acomodo.
En el recinto de Königsfelden, en Windisch, sede principal de los Servicios Psiquiátricos de Argovia (PDAG), se encuentra un parque de ciervos que existe desde hace unos noventa años.
La manada de gamos es una atracción del recinto de acceso público, que se utiliza como zona de recreo cercana y se visita con regularidad. Según indican varias personas, el martes por la mañana se abatió a cuatro machos en el cercado. Los PDAG han confirmado, a petición nuestra, que se mató a machos jóvenes. La cifra exacta y el momento preciso siguen basándose en los relatos de las personas afectadas.
El caso se hizo público inicialmente a través de la asociación contra las fábricas de animales de Suiza (VgT), que difundió los mensajes de las personas afectadas en su página de Facebook. La publicación tuvo una amplia repercusión. El propio VgT señaló que la imagen utilizada era una imagen simbólica de otro parque zoológico. Por tanto, tampoco el VgT disponía de material gráfico del incidente concreto; la información se basa en los mismos mensajes.
Los PDAG explican, en principio, que una regulación de la población es «de vez en cuando inevitable» y que se lleva a cabo cumpliendo las disposiciones legales por parte de personal especializado y formado. Todas las estaciones serían informadas de antemano. La clínica lamenta «que el anuncio de la acción haya generado inquietud entre las pacientes y los pacientes».
La anterior práctica de reubicación plantea interrogantes
Christian Egloff, responsable del parque de ciervos y director del vivero en la sede de PDAG, explicó hace algunos años al «Aargauer Zeitung» que los animales machos se derivaban una vez al año a otros parques zoológicos o a criadores privados. Como motivo señaló la marcada jerarquía dentro de la manada: sin una separación podrían producirse peleas por las hembras entre los machos jóvenes y el animal dominante.
Que la derivación es posible en principio lo demostró el parque también con el gamo semialbino «Fridolin». Este animal, conocido durante años, no fue sacrificado, sino entregado a un criador privado de ciervos en el cantón de Berna. El interesado visitó previamente a Fridolin en Königsfelden. A su vez, Egloff inspeccionó el recinto de Berna para comprobar si cumplía con los requisitos. Para el raro ciervo blanco, el sacrificio quedaba «claramente» descartado, explicó Egloff en aquel entonces.
Con ello surge la pregunta obvia: si la derivación a parques y criadores se utilizó en el pasado y en el caso de Fridolin se preparó con cuidado, ¿por qué no pudo encontrarse alojamiento para los jóvenes machos ahora sacrificados?
Descendencia previsible, cuestión de población previsible
El excedente de machos no es un desarrollo sorprendente, sino una consecuencia previsible de mantener una manada capaz de reproducirse. En el gamo nace descendencia con regularidad. Una parte de las crías es macho, y para estos machos, según indica el operador, surge de forma recurrente un problema de espacio dentro de la manada existente.
La cuestión de la población tiene, por tanto, un carácter estructural. Quien mantiene una manada capaz de reproducirse en un parque de acceso público asume la responsabilidad de las consecuencias previsibles: por las crías hembras y machos, por la composición social de la manada, así como por la planificación a largo plazo del espacio, la entrega y el control de la reproducción.
Desde nuestro punto de vista, la matanza de animales no es una forma aceptable de regulación de poblaciones. Quien mantiene una manada con capacidad reproductiva asume la responsabilidad de planificar y aplicar a tiempo soluciones respetuosas con los animales y libres de violencia. Esto incluye, en particular, el control previsor de la reproducción, la transferencia temprana a instalaciones adecuadas y controladas, así como un concepto transparente para el desarrollo a largo plazo de la población. La PDAG debe revelar cuáles de estas posibilidades se evaluaron en el caso de Königsfelden, por qué no se aplicaron en su caso y por qué, a pesar de ello, se procedió a la matanza de machos jóvenes.
La cuestión del control de la reproducción
En el debate público se pregunta con regularidad por qué no se controla la reproducción en un cercado cerrado mediante castración u otras medidas, en lugar de generar de forma periódica animales sobrantes. Esta pregunta es legítima y debe ponerse sobre la mesa.
Al mismo tiempo, el control de la reproducción en gamos mantenidos en manada no es algo trivial desde el punto de vista técnico. Las intervenciones pueden influir en el ciclo de la cornamenta y en el comportamiento social de los machos. Sin embargo, ello no exime al gestor de realizar una ponderación transparente. En una explotación de gamos que existe desde hace décadas, cabría esperar que las opciones se examinaran de forma sistemática y que las razones a favor o en contra de cada medida quedaran registradas de manera comprensible.
Por tanto, queda abierta la pregunta: ¿qué posibilidades de control de la reproducción examinó la PDAG? ¿Se consideró una separación temporal o permanente de los animales? ¿Qué consecuencias tendría la castración de determinados machos para el bienestar animal y la dinámica del grupo? ¿Y por qué se descartaron, en su caso, las posibles alternativas?
Un lugar de calma en el que suenan disparos
Los abatimientos tuvieron lugar en el recinto de una clínica psiquiátrica. Esto no es un detalle menor. El recinto de Königsfelden es de acceso público y lo utilizan residentes, familias, paseantes y pacientes. El parque de ciervos forma parte de la imagen de este lugar desde hace décadas.
Los disparos de escopeta contra animales en un recinto clínico y de esparcimiento de acceso público plantean, por ello, interrogantes especialmente graves sobre la razonabilidad, la comunicación y la protección de las pacientes, los pacientes y las personas visitantes. Que las estaciones hubieran sido informadas con antelación es relevante. Sin embargo, no responde a la cuestión de si el motivo, la forma y las consecuencias de tal actuación fueron suficientemente consideradas para las personas especialmente vulnerables.
Para las personas ingresadas, el entorno fuera de los edificios puede tener un significado especial. Los animales y el parque pueden formar parte de una rutina diaria estructurada, de un paseo o de un lugar personal de retiro. Cuando un operador integra conscientemente un cercado de fauna silvestre en un entorno así, asume una responsabilidad mayor: por la protección de los animales, por una comunicación sensible y por una cuidadosa ponderación de las alternativas.
Un ambiente de opiniones controvertido
Las reacciones en las redes sociales muestran toda la amplitud del debate. Muchas personas expresaron tristeza e incomprensión ante el hecho de que, al parecer, no se hubieran encontrado plazas para los machos. Criticaron que un abatimiento en el cercado quizá fuera la solución más práctica, pero no necesariamente la única.
Otras remitieron a la realidad de la cría en cercados. En una manada cerrada debe regularse la población. Un abatimiento in situ podría suponer menos estrés para los animales que un traslado. Además, sería contradictorio argumentar en contra de la matanza de animales de cercado y, al mismo tiempo, consumir carne.
Otras, en cambio, dirigieron su atención sobre todo al lugar. Criticaron que personas con problemas psíquicos pudieran verse confrontadas con tal actuación en un recinto clínico.
Estas distintas reacciones muestran que el caso no es un simple asunto de indignación. Toca la cuestión fundamental de si los animales silvestres deben mantenerse en cercados y cómo, y de quién asume la responsabilidad por las consecuencias previsibles de esa cría.
Ningún reglamento de la UE justifica el abatimiento
En el debate sobre el caso se afirmó repetidamente que un nuevo reglamento de la UE clasificaba a los ciervos mantenidos como invasores y prohibía su cría. Por eso la matanza habría sido inevitable. Esta interpretación se basa en una confusión.
La Unión Europea ha incluido al ciervo sika (Cervus nippon) en la lista de la Unión de especies exóticas invasoras el 7 de agosto de 2025. Con ello, en los Estados miembros de la UE rigen en principio restricciones para la tenencia, la cría, la importación, la venta y la liberación. Para los animales ya mantenidos en cautividad pueden ser relevantes disposiciones transitorias y especiales concretas.
Sin embargo, en Königsfelden no se mantienen ciervos sika, sino gamos (Dama dama). El gamo no figura en la lista de la Unión de especies invasoras. Por eso no existe para los gamos ninguna prohibición de tenencia equivalente en la UE. Además, Suiza no es miembro de la Unión Europea; su normativa no rige aquí de forma directa.
El debate en la UE no ofrece, por tanto, ninguna explicación para la matanza de los gamos en Königsfelden. Lo decisivo sigue siendo la decisión concreta del gestor: ¿se intentó a tiempo y de forma exhaustiva reubicarlos, y se examinaron todas las alternativas razonables?
Alrededor de 13 000 ciervos viven en cercados agrícolas suizos, en su mayoría gamos
En Suiza se mantienen unos 13 000 ciervos en 325 explotaciones agrícolas. Con 10 487 animales, el gamo representa casi cuatro quintas partes de este censo. La cría de ciervos sirve principalmente a la producción de carne y a la comercialización directa.
La estadística pública muestra sobre todo cifras de censo, no las altas y bajas anuales de cada especie animal. Así queda en la oscuridad cuántos gamos mueren cada año por abatimiento o sacrificio en cercados agrícolas, parques zoológicos u otras formas de tenencia. Algunas explotaciones matan a los animales directamente en el prado; la venta posterior se realiza a menudo a través de carnicerías, la gastronomía o directamente desde la granja.
La respuesta de la PDAG
La PDAG respondió a nuestra consulta. La toma de posición es escueta. Los animales ya habrían sido «sacrificados de forma técnicamente correcta». Se trataría de machos jóvenes «para los que no se pudo encontrar otro alojamiento ni reubicación». El parque de ciervos se gestionaría desde hace mucho tiempo con gran esmero y respetando todas las disposiciones legales de protección animal y de orden. El abatimiento se habría llevado a cabo de acuerdo con el servicio veterinario competente.
Con ello, la PDAG confirma oficialmente que se mató a animales machos jóvenes y que, según su versión, no fue posible su reubicación. No obstante, queda abierta la cuestión de qué zoológicos, criadores u otras instancias adecuadas fueron consultados concretamente, durante qué período se buscaron plazas y por qué la práctica de reubicación documentada anteriormente no tuvo éxito esta vez.
Igualmente queda abierta la cuestión de qué posibilidades de control de la reproducción se examinaron, por qué se descartaron algunas opciones y sobre qué base técnica concreta se consideró necesaria la matanza.
La matanza de fauna en cautiverio puede ser legalmente admisible bajo ciertas condiciones. Según la Oficina Federal de Seguridad Alimentaria y Asuntos Veterinarios, los gamos son en principio aptos para el mantenimiento en recintos; también su abatimiento está sujeto a normas claras. Sin embargo, la admisibilidad legal no responde a la pregunta ética y organizativa de si, en el caso concreto, se agotaron suficientemente las vías de reubicación y la gestión de la población a largo plazo.
La PDAG ha declarado que no se encontró otro alojamiento. Hasta ahora no ha expuesto por qué las vías de reubicación anteriores no funcionaron. Esta transparencia es necesaria: ante la opinión pública, ante las personas que se encuentran en el recinto de la clínica y ante los animales, cuya vida depende de tales decisiones.
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