La política del lobo en los Grisones: un cazador aficionado se justifica
Adrian Arquint, codirector de la AJF, defiende la tercera regulación del lobo como proporcionada. Un repaso a sus argumentos y a su doble papel.
«Máquina de chivos expiatorios»
Dos asociaciones de protección de la naturaleza han criticado duramente el abatimiento proactivo de decenas de lobos en los Grisones.
Adrian Arquint, codirector de la Oficina de Caza y Pesca (AJF), defiende estas intervenciones ante la agencia de noticias Keystone-SDA calificándolas de fundamentalmente proporcionadas. Sus argumentos merecen un examen detenido, así como la cuestión de quién decide en realidad sobre el destino de los lobos grisones.
El punto de partida se resume rápidamente: la BAFU ha autorizado a los Grisones, a partir del 1 de septiembre de 2026, el abatimiento de lobos en doce manadas; en otras cuatro será posible una vez acreditada la existencia de crías, y el cantón solicita además la eliminación completa de la manada de Calderas. Los detalles de esta autorización y la contradicción de que los Grisones anunciaran apenas unos días antes nuevas camadas de lobos ya los hemos analizado en detalle. Este artículo se centra en la justificación de Arquint.
Las asociaciones de protección de la naturaleza hablan de una política de exterminio
Las asociaciones Wildtierschutz Schweiz y Wolfshirten reaccionaron a los planes de regulación con una dura toma de posición. Según ellas, en los últimos años la Oficina de Caza y Pesca ha pasado de ser una autoridad de fauna salvaje técnicamente independiente a convertirse en un órgano ejecutor de una política de exterminio fuera de lugar y dominada por la derecha conservadora.
Precisamente los Grisones demuestran que los lobos vuelven a colonizar los territorios adecuados y que las pérdidas se compensan por lo general al año siguiente. Desde el punto de vista de ambas asociaciones, la estrategia elegida no conduce al objetivo y es un factor de costes sin beneficio alguno. Pese a haberse autorizado el abatimiento de 115 lobos, el número de familias de lobos ha seguido aumentando.
El lobo representa un riesgo muy bajo para las personas. Según las asociaciones, no es el número de lobos, sino la cantidad de animales de pastoreo sin protección lo que determina el número de ataques. Además, parte del sector agrícola se muestra reacio a aprender en materia de protección de rebaños. Las causas de una protección insuficiente se gestionan con el rifle. Diezmar preventivamente a familias de lobos pacíficas y discretas contradice claramente el sentido de la protección de las especies.
La oficina considera que se trata de una intervención proporcionada
Arquint se esfuerza por hacer una valoración objetiva. Con la intervención autorizada, el cantón está muy lejos de poner en peligro la población, ni siquiera de estabilizarla. Por ello, a su juicio, la intervención es en principio proporcionada.
Explicó que los ataques al ganado se habían reducido a la mitad desde que se autorizaron los abatimientos preventivos a partir de la temporada de caza de 2023. Sin embargo, este paralelismo temporal no demuestra ninguna relación causal. La disminución de los ataques notificados ya era visible en los Grisones antes de la entrada en vigor de la nueva base legal el 1 de diciembre de 2023: ya en el verano alpino de 2023 los ataques descendieron cerca de un 50 por ciento respecto a 2022, de unos 500 a alrededor de 260 a finales de septiembre. De esta cronología no puede deducirse efecto alguno de los abatimientos preventivos posteriores. Como causa se considera la ampliación de la protección de rebaños, que el propio Arquint menciona, en la misma frase, como un factor de gran influencia.
Rechazó el reproche de resistencia al aprendizaje: casi el 95 por ciento de las ovejas y cabras están integradas en planes de protección. En cada incidente de ataque, los guardas de caza comprueban sobre el terreno si se han cumplido los requisitos relativos a los vallados. Arquint justificó los gastos de personal, criticados como factor de encarecimiento, con el mandato legal de peritar los ataques y de realizar el monitoreo del lobo. Además, se plantea la cuestión de cuál sería la alternativa. También en otras especies animales, como el ciervo rojo, la regulación forma parte de la gestión.
El abatimiento de crías como «intervención necesaria»
Arquint admitió que el abatimiento de crías puede resultar emocionalmente difícil de entender desde la perspectiva humana. No obstante, al igual que en otras especies con alta tasa de reproducción, como el corzo y el ciervo, esta intervención es necesaria desde el punto de vista biológico y ecológico. En el caso del lobo, el abatimiento selectivo persigue el objetivo de estabilizar la población sin exterminar manadas enteras. Hay indicios de que, en manadas más pequeñas, el riesgo de conflictos y de ataques al ganado es menor.
Rechazó la acusación de que los abatimientos fueran acientíficos o estuvieran motivados políticamente. Si bien la presión política aumentó temporalmente debido al mayor número de ataques al ganado, la oficina se mantuvo fiel a su línea. Lo importante es que el procedimiento tenga una base legal clara y sea defendible desde el punto de vista técnico. Admitió que la gestión del lobo se encuentra en un proceso dinámico. El efecto a largo plazo de la regulación de cachorros aún no está claro. Solo la experiencia de los próximos años, los datos recopilados y el acompañamiento científico mostrarán si este camino es el más eficaz.
Valoración
La argumentación de la oficina sigue un patrón conocido. La disminución del número de ataques se presenta como prueba de la eficacia de los abatimientos, aunque el descenso de los ataques comenzó ya antes del inicio de la regulación preventiva y se debe en gran medida a la mejora de la protección de los rebaños. Que la población siga creciendo pese a más de cien abatimientos autorizados es interpretado por la oficina como un éxito de la regulación, mientras que esa misma cifra demuestra igualmente que la población escapa a todo control.
La entrevista de Arquint contiene además una notable contradicción interna. El abatimiento selectivo pretende estabilizar la población «sin exterminar manadas enteras», afirma. Al mismo tiempo, su propia oficina solicita la eliminación completa de la manada de Calderas, y en la temporada anterior ya se eliminaron manadas enteras con Sinestra y Moesola. La fórmula tranquilizadora y la práctica real conviven en el mismo documento.
Tampoco se sostiene la comparación con los corzos y los ciervos. Mezcla dos situaciones ecológicas de partida distintas. En el caso de los ungulados, la caza se justifica a menudo con la ausencia o la limitación deliberada de los grandes depredadores. En el caso del lobo, en cambio, la regulación afecta precisamente a uno de esos depredadores. Las poblaciones de corzos y ciervos solo deben ser «reguladas» en Suiza por cazadores aficionados porque falta o se diezma activamente al regulador natural que, junto al zorro, es el lobo. Quien elimina al depredador y luego invoca la regulación humana sustitutiva, que se ha vuelto necesaria por ello, como prueba de que la regulación forma parte de la naturaleza, argumenta en círculo. De la comparación no se desprende en absoluto que el abatimiento de cachorros de lobo sea ecológicamente necesario o eficaz para reducir los daños.
Quién decide realmente aquí
Rara vez se piensa en quién defiende estas intervenciones como biológicamente necesarias. Adrian Arquint es él mismo un apasionado cazador de afición. En las entrevistas habla de sus «colegas de caza», menciona la caza del rebeco y del ciervo como sus modalidades preferidas y, en calidad de jefe de la oficina, se cuenta entre los aproximadamente 5500 cazadores de afición grisones. No se trata de una insinuación, sino de su propia autodescripción, documentada públicamente.
A ello se suma un estrecho entrelazamiento institucional entre la autoridad y la federación de caza. La federación cantonal grisona de cazadores con patente organiza mesas de diálogo expresamente «de común acuerdo con la Oficina de Caza y Pesca», en las que Arquint participa personalmente junto al presidente de la federación, y el jefe de la oficina se pronuncia con regularidad en la militante revista federativa «Bündner Jäger». Así, sobre el destino de los lobos grisones no decide una autoridad de fauna salvaje independiente de la caza, sino una dirección administrativa estrechamente vinculada a la caza de afición, tanto personal como institucionalmente. Cuando el mismo círculo de intereses que vive de la caza del corzo y del ciervo decide al mismo tiempo sobre la diezma de su competidor natural, el lobo, la neutralidad técnica reivindicada en la entrevista requiere, cuando menos, alguna explicación.
Tras conceptos como «regulación» y «gestión de poblaciones» se esconde además una pregunta que la oficina no responde: ¿necesaria para quién? ¿Para el ecosistema, que conoce a los depredadores como reguladores naturales, o para la agricultura, la silvicultura y la planificación cinegética, a las que les conviene una densidad de fauna salvaje calculable? Quien valora a los animales no humanos ante todo según si se ajustan a los objetivos agrícolas, forestales o cinegéticos, no representa una ecología neutral, sino una lógica de gestión de sello económico. En esa lógica, los animales salvajes se convierten en masa disponible: poblaciones reducidas a cifras objetivo, grupos familiares desgarrados, procesos naturales corregidos hasta que encajen en el paisaje deseado. El valor propio de los animales salvajes, su derecho a una vida acorde con su especie, no aparece en ese cálculo.
No hace falta reinventar la rueda
Lo más grave es la referencia de Arquint a los supuestos efectos a largo plazo aún poco claros de la regulación de cachorros, pues pasa por alto que ya se está investigando sobre las consecuencias de las intervenciones letales en las manadas de lobos. La Comisión de Investigación del Parque Nacional Suizo señaló en 2024, respecto a la extracción total entonces prevista de la manada del Fuorn, que dicha medida no era indicada desde el punto de vista científico. Recordó que los abatimientos de grandes depredadores a menudo no reducían los futuros ataques al ganado y que en algunos casos incluso se observaban más ataques, y advirtió de los riesgos derivados de la eliminación completa de una manada: los lobos jóvenes que se dispersan en busca de territorio y de pareja participan con una frecuencia superior a la media en los ataques al ganado. De ello no cabe deducir un automatismo según el cual toda extracción de una manada conduzca a más ataques, pero sí que las intervenciones pueden tener consecuencias sociales y ecológicas que deben examinarse científicamente en cada medida. La Oficina de Caza y Pesca autorizó entonces el abatimiento de la manada del Fuorn pese a esa toma de posición. Así pues, no se trata tanto de reinventar la rueda como de tomar nota de los conocimientos ya existentes que contradicen la práctica adoptada.
Jurídicamente, la proporcionalidad sigue siendo el obstáculo decisivo. El Convenio de Berna clasifica al lobo desde marzo de 2025 únicamente como «protegido» en lugar de «estrictamente protegido». Esta rebaja en el plano internacional reduce los umbrales para las intervenciones, pero no sustituye al derecho de protección suizo ni crea una licencia general de abatimiento. La muerte preventiva de cachorros en manadas sin daños documentados sigue en tensión con el principio de proporcionalidad y bajo observación jurídica.
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