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Caza

Lobo abatido en la Surselva: el «error» como excusa

A principios de enero de 2026 se abatió un lobo, un depredador, en la Surselva (GR), «por accidente», según se afirma oficialmente. El tirador estaba practicando la caza de paso, una forma de caza inútil que en realidad está dirigida a zorros y tejones. Según se dice, advirtió el error y se denunció a sí mismo ante el guarda de caza.

Redacción Wild beim Wild — 16 de enero de 2026

Lo que suena a arrepentimiento es en realidad una señal de alarma.

Pues el núcleo de la historia no es la autodenuncia, sino una simple pregunta: ¿cómo puede ocurrir, en un país con una caza por hobby estrictamente regulada, que un depredador protegido (un lobo) sea confundido con un objetivo durante una caza de «zorros y tejones»?

Precisamente estos riesgos de error se omiten sistemáticamente en el debate político en torno a los abatimientos, mientras que, al mismo tiempo, se exige cada vez más «regulación».

Según las primeras estimaciones, el lobo abatido era macho y probablemente tenía menos de un año. Las instancias oficiales consideran posible que perteneciera a la manada de Frisal, que merodea por los alrededores de Breil/Brigels. El contexto temporal resulta delicado: en diciembre de 2025 el cantón había ordenado el abatimiento de un ejemplar joven de esta manada hasta finales de enero. Tras el abatimiento por error, la regulación de la manada de Frisal se suspendió anticipadamente.

Con ello llegamos a la dimensión política. Cuando el Estado emite una orden de abatimiento, envía una señal: disparar es deseable, disparar es la solución, disparar es gestión. Y entonces ocurre lo que sucede en todo sistema que opera con medios letales: hay abatimientos erróneos, confusiones, daños colaterales. En el caso del depredador lobo esto es especialmente delicado, porque los ejemplares individuales pueden ser relevantes para la estabilidad de las manadas, los territorios y las dinámicas de conflicto. Precisamente sobre esto llama la atención nuestro análisis de la estrategia de lobos de los Grisones: en los Grisones se vende el abatimiento como instrumento estándar, aunque los hechos y su eficacia sean muy controvertidos. Véase también al respecto: En los Grisones impera la incompetencia frente al lobo y Regulación del lobo en los Grisones: cuando las autoridades hacen política de caza en lugar de política basada en los hechos.

Y aún hay algo que se suele ocultar: la Surselva es precisamente una región en la que la protección de rebaños demuestra funcionar cuando se aplica de forma coherente. Ese es el incómodo contraste con la retórica del abatimiento. Quien busca soluciones debe hablar de vallas, perros, atención y financiación, no de «más presión» mediante balas. Véase: La protección de rebaños también funciona en la Surselva.

Periodísticamente resulta ineludible plantear ahora preguntas concretas de transparencia, antes de que el caso se desvanezca en la niebla del «descuido». ¿Qué distancia, qué luz, qué óptica, qué ángulo de tiro? ¿Fue una situación de cebo o un animal en huida? ¿Qué formación, qué práctica de tiro, qué control? Y sobre todo: ¿qué consecuencias tiene realmente un abatimiento erróneo cuando, al mismo tiempo, se normaliza políticamente una lógica de abatimiento cada vez más agresiva?

Para wildbeimwild.com este caso es, por tanto, más que una noticia. Es el síntoma de una cultura de la caza de afición que externaliza los riesgos: el animal siempre paga, y se pretende que la opinión pública lo archive como un lamentable caso aislado. Hemos documentado repetidamente que los casos de lobos en los Grisones no son solo un «conflicto con el ganado», sino también un terreno de presión de los grupos de interés, problemas de comunicación e incentivos perversos.

Si la política y la administración de caza quieren ahora credibilidad, no basta con subrayar la «autodenuncia». Hacen falta hechos publicados sobre lo ocurrido, una valoración comprensible de los deberes de diligencia y un debate honesto sobre si un sistema de armas de ocio, capaz de «confundir» a predadores protegidos, puede realmente venderse como gestión de la fauna silvestre.

Las personas que sienten placer al matar innecesariamente a seres vivos y pagar por ello no muestran, desde el punto de vista psicológico, un comportamiento de ocio normal. Este comportamiento contradice los mecanismos fundamentales de empatía, compasión e inhibición moral, presentes en la mayoría de las personas psíquicamente sanas. Psicológicamente se trata de un comportamiento violento desviado, aunque sea tolerado política o culturalmente.

El placer de matar es un rasgo clásico de la violencia basada en el placer. El propio acto de violencia resulta gratificante. No el resultado, no la necesidad, sino el matar. No es un fenómeno marginal, sino algo claramente descrito en la psicología de la violencia.

Quien vive la caza como afición como una alegría muestra una motivación violenta psicológicamente problemática, que histórica y estructuralmente está emparentada con ideologías autoritarias y degradantes.

Más sobre el tema de la caza como afición: En nuestro Dossier sobre la caza reunimos verificaciones de hechos, análisis e informes de fondo.

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