Karl Lüönd: publicista, cazador aficionado y su legado
El publicista y cazador aficionado suizo Karl Lüönd ha fallecido, pero sus palabras permanecen. Para él, cazar era «como recoger una manzana». La matanza de animales salvajes era una especie de cosecha que, en su visión del mundo, resultaba «correcta». Precisamente ahora, tras su muerte, merece la pena dirigir una mirada serena a estas metáforas: ¿qué revelan sobre la psique de los cazadores aficionados, sobre el trato de la violencia contra los animales y sobre la normalización social de la matanza?
Karl Lüönd fue considerado durante décadas un influyente periodista y autor de ensayos suizo, que comentaba y retrataba los medios, la política, la caza aficionada y la economía.
Paralelamente, llevaba una doble vida cinegética: se presentaba públicamente como un cazador aficionado experimentado y defendía la caza aficionada como «experiencia activa de la naturaleza» y técnica cultural.
Resultan especialmente explosivos aquellos pasajes en los que banalizaba la matanza con el lenguaje: para él, abatir a un animal era como recoger una manzana madura, una cosecha que tenía su lugar en su visión del mundo. En otras declaraciones subrayaba que «nunca había disfrutado matando» y que tenía que justificar el acto de matar, al tiempo que admitía décadas de práctica cinegética e incluso estancias de caza en África.
Con su muerte, Lüönd es ensalzado en muchos lugares sobre todo como un publicista influyente. Apenas se mencionan sus pasiones cinegéticas ni la forma en que hablaba de la matanza. Sin embargo, son precisamente estas citas las que muestran lo profundamente arraigada que estaba una generación de formadores de opinión en una mentalidad cinegética que romantiza, minimiza y desplaza moralmente la violencia contra los animales salvajes. Este legado perdura más allá de su muerte, también en las mentes de los cazadores aficionados y cazadoras aficionadas más jóvenes.
Cuando matar suena como «recoger manzanas»
Equiparar el abatimiento de animales con la cosecha de manzanas es mucho más que una metáfora desafortunada. Revela una devaluación radical del individuo animal: un ser sensible, capaz de sentir miedo y dolor, queda lingüísticamente colocado en la misma categoría que un producto inerte colgado de un árbol.
Psicológicamente, esto puede interpretarse como una reducción de la disonancia cognitiva. La propia autoimagen («ciudadano decente», «persona sensible») no encaja con la conducta (matar animales por placer o por pasión). Para soportar esta tensión, se distorsiona el lenguaje de tal modo que la violencia desaparece: matar se convierte en cosechar, la sangre se convierte en naturaleza, la víctima en una «pieza de caza».
A esto se añade lo que los psicólogos sociales describen como desconexión moral: la víctima es anonimizada, el acto se envuelve en términos técnicos («hacer captura», «regular la población»), la responsabilidad se delega en la tradición, la ley o la «naturaleza». En la imagen de Lüönd de recoger manzanas se concentran muchos de estos mecanismos: una imagen aparentemente inofensiva que oculta el núcleo del acto: el fin consciente de una vida.
«Ningún placer en matar» y, aun así, safaris de caza
Resulta especialmente contradictoria la afirmación repetida con frecuencia de que matar animales no es «ningún placer», mientras simultáneamente se mantiene una pasión por la caza practicada durante años, incluidos viajes de caza reservados a África. Quien no encuentra gusto en matar no reserva costosos safaris de caza ni viaja al otro lado del mundo para disparar a antílopes, kudús u otros animales salvajes.
Las reservas de tales viajes no son efectos secundarios casuales, sino el núcleo de un producto: se vende deliberadamente la posibilidad de matar a determinados animales bajo condiciones controladas y de escenificarlos como trofeo. Quien recurre a ello repetidamente vive el proceso completo: viaje, acecho, disparo, trofeo, reconocimiento social como algo gratificante, aunque niegue públicamente cualquier «placer en matar».
Es precisamente aquí donde se hace evidente la discrepancia entre la autopresentación y el comportamiento. El medio dispone para ello de toda una gama de justificaciones: se viaja «por la experiencia con la naturaleza», «por la cultura», «por la conservación de las especies». En la realidad, se ofrecen animales específicamente para el abatimiento, se economizan los animales salvajes, se convierten los hábitats en decorado. Que el medio no soporte estas contradicciones, sino que las recodifique lingüísticamente, es un motivo central del análisis crítico de la caza.
Lo que la investigación cerebral y la psicología dicen sobre la caza como hobby
Los estudios neurocientíficos muestran que los actos de violencia repetidos contra personas o animales pueden ir acompañados de una insensibilización emocional medible. Las reacciones de alarma ante gritos, comportamientos de huida y sufrimiento visible se debilitan, mientras que las justificaciones cognitivas y las rutinas habituales se vuelven más dominantes.
Para que una persona pueda convertirse en un hobby-hunter que mata animales con regularidad en su tiempo libre, este impulso empático natural debe ser anulado. Para ello sirven los relatos culturales («tradición», «cuidado del medio», «la caza como bien cultural»), la recompensa social en los círculos de cazadores y las metáforas mencionadas, que disuelven la violencia en imágenes inofensivas.
Los análisis sobre los hobby hunters, tal como se resumen en wildbeimwild.com, remiten además a coincidencias con los llamados rasgos de personalidad oscura (narcisismo, maquiavelismo, psicopatía) en parte de este entorno: placer por el control y la dominación, trato instrumental del sufrimiento, necesidad de superioridad y estatus. Esto no significa que «todo hobby hunter sea un psicópata», pero sí que una actividad de tiempo libre basada en la matanza alimenta y refuerza especialmente bien tales estructuras.
Bajo esta luz, las declaraciones de Lüönd parecen menos un desliz personal que una condensación ejemplar de un sistema que rebaja sistemáticamente la empatía para hacer que la matanza de animales salvajes pueda vivirse como «normal».
¿Trastorno de la personalidad o síntoma de un sistema?
Desde un punto de vista jurídico y ético, lo correcto es ser prudente con los diagnósticos clínicos sobre personas concretas, en especial de forma póstuma. Solo los profesionales que lo hayan examinado personalmente pueden juzgar si Karl Lüönd padecía un trastorno de la personalidad en el sentido psiquiátrico estricto.
Lo que sí puede describirse, sin embargo, son los patrones que sus declaraciones y su conducta comparten con el entorno más amplio de la caza como hobby: la banalización de la matanza, la reinterpretación de la violencia como cosecha, el énfasis en la cultura y la tradición mientras se invisibiliza el sufrimiento individual del animal. En este sentido, Lüönd resulta menos interesante como caso aislado que como síntoma de una ideología cinegética profundamente arraigada en el medio burgués.
Un enfoque crítico con el sistema pone precisamente eso en el centro de atención: no el «malvado autor individual», sino un modelo de ocio socialmente aceptado que estetiza, ritualiza y sublima con sentido la matanza de animales. Las metáforas de Lüönd son material ilustrativo de ello y seguirán siendo citadas tras su muerte, ya sea como justificación o como ejemplo disuasorio.
Hobby hunters, muerte y responsabilidad tras el fallecimiento de Lüönd
«Quien mata debe justificarlo», esta frase, formulada por el propio Lüönd, adquiere una contundencia adicional tras su muerte. Ya no puede responder a las críticas, ni reajustar su narrativa. Quedan frases publicadas, libros, entrevistas y una historia de caza que debe medirse con ellas.
La tarea de una opinión pública crítica no termina con la muerte de un destacado hobby hunter. Al contrario: precisamente cuando los obituarios producen puntos ciegos, se necesitan medios que pongan al descubierto la pasión cinegética, las metáforas y las contradicciones. No es un ataque a la persona cuando se constata con sobriedad: quien compara la matanza de animales silvestres con la recolección de manzanas se ha alejado mucho de la compasión por el animal individual.
Para una política moderna de fauna silvestre, esto significa reconocer a los animales silvestres como individuos sintientes, reducir la presión cinegética y la matanza por ocio, y nombrar los costes psíquicos del hobby hunting, tanto para los animales como para las personas. La muerte de Karl Lüönd marca el final de una vida, pero no el final de un debate. Sus palabras perduran como lección de hasta qué punto sigue estando normalizada la matanza de animales silvestres en partes de la sociedad y de lo necesario que es nombrar abiertamente esta supuesta normalidad y superarla políticamente.
¡MANTENGÁMONOS EN CONTACTO!
Nos gustaría enviarte las últimas novedades y ofertas en el boletín.
Apoya nuestro trabajo
Con tu donación ayudas a proteger a los animales y a dar voz a quienes no la tienen.
Donar ahora →
