24 de junio de 2026, 10:30

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Caza

Nueva ley de caza en Baja Sajonia: avances y retrocesos

La nueva ley de caza de Baja Sajonia trae auténticos avances en materia de protección animal, pero debilita el control estatal sobre la caza de los hobby hunters. Una valoración desde la perspectiva suiza.

Redacción Wild beim Wild — 24 de junio de 2026

El 23 de junio de 2026, Baja Sajonia aprobó una nueva ley de caza.

La ministra responsable, Miriam Staudte (Verdes), la presenta como «más protección animal, menos burocracia». Una mirada más detenida muestra que ambas cosas son ciertas en parte, y ambas tienen su contracara. La ley trae auténticos avances relevantes para la protección animal, pero en otros aspectos debilita el control estatal sobre la caza de los hobby hunters. Una valoración desde la perspectiva suiza.

Los avances: lo que realmente mejora

Varios puntos de la ley están, desde el punto de vista de la protección de la fauna silvestre, largamente pendientes y merecen reconocimiento. Se prohíbe el uso de perros en madrigueras naturales, la llamada caza en madriguera de zorros y tejones. La justificación del ministerio es notablemente franca: en esta forma de caza existe un alto riesgo de lesiones para los perros y los animales cazados; los perros de madriguera quedaban una y otra vez sepultados y debían ser desenterrados con excavadoras, destruyendo en el proceso hábitats naturales. Precisamente esto es lo que las organizaciones de protección animal critican desde hace años.

Además, se prohíben en principio los dispositivos de captura mortal, con una única excepción. Las trampas de captura en vivo solo podrán utilizarse a partir de 2028 con avisadores digitales, para reducir el tiempo de estrés del animal capturado. Los perros que cazan furtivamente ya no podrán ser abatidos a tiros, sino únicamente capturados. La matanza de gatos que cazan furtivamente queda restringida. Y especialmente significativo: los cotos de caza para la caza comercial se eliminarán tras un período transitorio de cinco años, porque, según el ministerio, «no son ni acordes a la ética cinegética ni propios de nuestro tiempo», un reconocimiento que proviene incluso de los propios círculos de caza.

También se introducen mejoras en la formación: hasta ahora el examen de cazador era posible sin haber realizado previamente un curso de formación; en el futuro este será obligatorio. Y en cuanto al rescate de cervatillos, los titulares del derecho de caza deberán en el futuro tolerar que las medidas de rescate sean llevadas a cabo también por quienes gestionan las superficies, cuando los propios cazadores permanezcan inactivos.

La contracara: dónde se pierde el control

Bajo la etiqueta de «reducción de la burocracia» se esconden, sin embargo, también medidas que debilitan el control estatal de la caza como hobby. El punto central: los planes de abate de corzos que hasta ahora debían elaborarse anualmente se suprimen, según el ministerio debido a su «escasa capacidad informativa y de control». En el futuro regirá la «responsabilidad propia de los propietarios de terrenos así como de los arrendatarios y arrendatarias de cotos de caza».

Resulta notable la contradicción: en la formación el Estado finalmente se vuelve más estricto con un curso obligatorio, mientras que al mismo tiempo se retira del control de las poblaciones de fauna salvaje y apuesta por la autogestión de la caza como hobby.

Importante para situar el contexto: esto solo afecta a los corzos. Para los ciervos rojos, es decir el ciervo, y para los gamos, los planes de abate se mantienen, ahora en principio como planes trienales. Se elimina, por tanto, de forma específica la planificación para la especie de ungulado más frecuente y más cazada. Las asociaciones de protección animal advierten: con ello aumenta el riesgo de que las poblaciones de corzos colapsen localmente en cotos concretos, porque ya no existen directrices vinculantes establecidas por las autoridades.

También se suprime la obligación de exposición de trofeos, es decir, el control oficial de los animales abatidos. Y con la nueva obligación de tolerar el coipo se puede obligar a los titulares de cotos a tolerar la caza por parte de terceros, lo que se justifica con la protección contra inundaciones.

Lo arriesgado que es querer controlar la regulación de los ungulados únicamente mediante planes de abate y la responsabilidad propia de los cazadores lo demuestra precisamente el cantón de los Grisones. Allí los abates de ciervos se incrementaron masivamente desde los años treinta del siglo pasado: de unos pocos cientos a hoy regularmente varios miles de animales al año, sin que las poblaciones se hayan estabilizado en un nivel compatible con el bosque. El bosque protector sigue sufriendo, mientras las autoridades intentan, con cada vez más cacerías especiales y métodos de caza tecnificados, cumplir sus propios planes fallidos.

En el Parque Nacional Suizo, donde no actúan cazadores de hobby, las poblaciones de ciervos, en cambio, se han regulado en un nivel mayormente estable bajo supervisión científica y sin planes de abate. La comparación sugiere: disparar más no sustituye un control ecológico consecuente y mucho menos la responsabilidad del Estado de fijar directrices claras, en lugar de dejar la gestión de las poblaciones en manos de la caza como hobby.

El lobo: de la protección de la naturaleza al derecho de caza

La parte políticamente más explosiva concierne al lobo. Desde el 2 de abril de 2026, el lobo está sujeto en Alemania a la ley federal de caza. Baja Sajonia traslada la competencia para la gestión del lobo de los distritos a la autoridad superior de caza en el Ministerio de Agricultura. El objetivo declarado: poder reaccionar ante incidentes de daños «de forma rápida, jurídicamente segura y no burocrática mediante extracciones selectivas».

Esa es la misma lógica que también marca en Suiza la política de caza desde 2023: el predador pasa de ser un animal silvestre protegido a un factor de daño gestionable, se rebajan los obstáculos para los abatimientos y la decisión se acerca más a los intereses cinegéticos. Que esto ocurra en paralelo a verdaderos avances en protección animal lo hace políticamente hábil, pero no por ello menos problemático.

Lo que Suiza puede aprender de ello

Para Suiza, la ley de Baja Sajonia es instructiva en dos sentidos. En primer lugar, la prohibición de la caza en madrigueras demuestra que los métodos de caza contrarios al bienestar animal son políticamente abolibles cuando hay voluntad. Eso es precisamente lo que la protección animal suiza reclama desde hace años para la caza en madrigueras en este país. En segundo lugar, la supresión de los planes de abatimiento del corzo advierte del peligro de renunciar al control estatal en nombre de la reducción de la burocracia.

En Suiza, los cantones aprueban de forma autónoma las planificaciones de abatimiento de ungulados; la Confederación, a través de la BAFU, solo es competente para especies protegidas como el lobo y el lince. Lo eficaz que es esta planificación lo demuestra Grisones: el mayor cantón en cuanto a ciervos planifica el abatimiento de cerca de 5’000 ciervos por temporada y reduce el plan de abatimiento para las hembras allí donde las manadas de lobos amortiguan de forma natural la tasa de reproducción. En Appenzell Rodas Exteriores, el Consejo de Gobierno fija anualmente cifras precisas, para 2026/27 unos 594 corzos en tres distritos. Este control no es un trámite burocrático en vano, sino la bisagra entre el seguimiento de la fauna silvestre y la práctica cinegética.

La lección para Suiza es, por tanto, doble: asumir los avances en protección animal como la prohibición de la caza en madrigueras, pero evitar el debilitamiento del control estatal de las poblaciones. Quien quiera gestionar de forma responsable las poblaciones de fauna silvestre necesita pautas oficiales, no la autogestión por parte de la caza como afición.

Más sobre el tema de la caza como afición: En nuestro dossier sobre la caza reunimos verificaciones de hechos, análisis e informes de fondo.

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