Visión nocturna prohibida, excepción autorizada: la autocontradicción de las normas de caza en los Grisones
Los Grisones prohíben la tecnología de visión nocturna y el cebado de ungulados por considerarlos contrarios a la ética venatoria. Sin embargo, para la caza del jabalí el cantón autoriza precisamente esa tecnología, en el caso del zorro permite el cebadero de carroña y la caza nocturna, y el teléfono móvil, antaño prohibido, hoy ya no está regulado.
«La noche robada»
Quien lee las disposiciones de caza de los Grisones encuentra un largo catálogo de límites técnicos.
Los dispositivos de visión nocturna y de imagen térmica están prohibidos por principio en la caza de afición, al igual que los drones, y los silenciadores requieren una autorización excepcional. La pretensión que hay detrás es clara: la caza de afición no debe convertirse en una persecución armable a voluntad, sino que ha de presuponer cierta destreza. Pero ese mismo cantón hace excepciones en cuanto se trata de jabalíes, zorros y daños agrícolas. Para la caza nocturna del jabalí en la Mesolcina flexibiliza la prohibición de la tecnología de imagen térmica. En el caso del zorro falta la prohibición de cebar, que sí rige expresamente para el ciervo. Y respecto del teléfono móvil, que el catálogo oficial de preguntas prohibía en su día expresamente con fines cinegéticos, en las disposiciones actuales falta una formulación equivalente. Lo que se presenta como principio rige solo con reservas.
Un reglamento que finge minuciosidad
El corpus normativo, formado por la ordenanza, sus anexos y apéndices, regula qué especie animal puede abatirse en qué modalidad de caza y en qué momento. Prescribe chalecos reflectantes en la batida, prohíbe la munición con plomo en la caza alta y veta el cebado de ungulados con manzanas, orujo o pan. Especialmente estricto resulta el apartado sobre medios técnicos auxiliares. La Ordenanza sobre el ejercicio de la caza prohíbe con carácter general, en su artículo 6, llevar consigo y utilizar dispositivos de visión nocturna y de imagen térmica como accesorio delantero, trasero o mira telescópica, así como drones en la caza; a ello se suman las prohibiciones de cámaras trampa, detectores de movimiento y cámaras de vigilancia con fines cinegéticos. Los silenciadores solo se permiten a reserva de una autorización excepcional conforme a la legislación federal sobre armas, que debe llevarse consigo durante la caza de afición. Y desde 2026, durante la caza alta y la caza baja, un vehículo no puede detenerse para observar fauna si hay un arma dentro del coche.
Quien lea esta lista podría pensar que aquí se protege a los animales salvajes con el máximo esmero frente a cualquier acecho desleal. El cantón se remite para ello a que la caza presupone una cierta destreza que no debe diluirse mediante la técnica moderna. Sin embargo, ese principio solo rige mientras le conviene a la Oficina.
De la prohibición al vacío legal: el giro respecto al teléfono móvil
Lo variables que son las normas lo demuestra el trato dado al teléfono móvil. El catálogo oficial de preguntas de la Oficina de Caza y Pesca respondía de forma inequívoca a la pregunta de si estaba permitido el uso de teléfonos móviles con fines cinegéticos: no, los teléfonos móviles se consideraban equipos de radio, cuyo uso con fines cinegéticos estaba prohibido. El uso no cinegético, por ejemplo la llamada de emergencia, seguía permitido. En el debate público de entonces, la prohibición se justificó con el temor de que los teléfonos móviles pudieran facilitar acuerdos entre cazadores, llegando incluso a batidas a gran escala.
El entonces inspector de caza Georg Brosi defendía aún en 2018 esta prohibición. Los partidarios advertían de que su supresión permitiría los acuerdos: un observador podría guiar a su compañero de caza en la ladera opuesta hacia el animal, tal como se informó entonces. La caza, según Brosi, presupone una cierta destreza que no debería diluirse mediante la técnica moderna. Precisamente esa coordinación con coches y teléfonos móviles ya la había documentado la asociación Wildtierschutz Schweiz en 2010 en la caza especial grisona.
Después, la resistencia se vino abajo. Una mayoría de tres cuartos de los delegados de la Asociación Cantonal de Cazadores con Patente de los Grisones votó en 2018 a favor de la liberalización. En el texto de la ordenanza accesible hoy en día ya no figura una prohibición igualmente expresa del uso del teléfono móvil durante la caza. De ello no se desprende automáticamente que cualquier forma de coordinación en tiempo real sea admisible; determinantes serían otras disposiciones, directrices y la práctica de aplicación. Pero el peligro que la oficina había aducido como fundamento no desapareció. Lo que desapareció fue la redacción clara. Con ello se plantea una pregunta abierta: ¿puede una persona observar la fauna, transmitir en tiempo real la ubicación, la dirección del movimiento y el número de animales, y hacer que otros cazadores ajusten en consecuencia su posición? Lo que en su día estaba expresamente prohibido como acuerdo típico de las batidas ya no está claramente regulado hoy.
La misma oficina, la excepción
La tensión resulta aún más evidente en el caso de la tecnología de visión nocturna. La ordenanza prohíbe los dispositivos de imagen térmica en la caza menor, pero exceptúa expresamente la caza nocturna. Desde 2025, el cantón permite a cazadoras y cazadores aficionados con patente especialmente autorizados la caza nocturna del jabalí en la Mesolcina; allí rigen excepciones a la prohibición de la tecnología de imagen térmica. Qué dispositivos de preacople, postacople o de puntería están autorizados en cada caso concreto no lo hace público el cantón, y precisamente esa falta de transparencia forma parte del problema. Los silenciadores no están sujetos en este contexto a una regla especial de la Mesolcina, sino a la autorización excepcional general prevista en la legislación sobre armas. La caza está limitada a prados claramente señalados y al horario comprendido entre las 21 y las 6 horas; en el bosque circundante sigue estando prohibida. Cómo funciona este proyecto piloto lo hemos analizado en el artículo Los Grisones envían a cazadores aficionados a la batida nocturna del jabalí.
La limitación no cambia nada en la cuestión política de fondo. La tecnología que normalmente se restringe por sus efectos de sobrearmamento puede emplearse en cuanto el cantón espera un abatimiento especialmente eficiente para contener los daños a la agricultura. La diferencia no está en la tecnología, sino en el objetivo. Así, la equidad hacia la fauna no es un principio mantenido de forma coherente, sino una exigencia que cede en cuanto se desean abatimientos más eficientes.
Cebado prohibido, en el caso del zorro sin prohibición
El patrón se manifiesta con mayor claridad en el cebado. El artículo 53 del reglamento prohíbe expresamente el establecimiento de comederos de atracción para la caza mayor de pezuña; ciervos, corzos o gamuzas no pueden ser atraídos a un lugar determinado con manzanas, orujo o pan. Para la caza de espera (Passjagd) de zorro, tejón y marta, el reglamento no contiene una prohibición equivalente. En los llamados comederos de carroña se ceba con carnaza animal, como restos de carne y vísceras, para atraer a los predadores a un lugar previsible y facilitar el disparo desde el puesto. Lo que en el ciervo se considera un cebado prohibido sigue siendo, en el zorro, un método habitual de la caza de espera.
También el horario nocturno se aplica de forma distinta en el caso del zorro. En los Grisones, la caza de espera puede practicarse de 17.30 a 06.30 horas y se extiende del 1 de noviembre a finales de febrero. Desde el 1 de febrero de 2025, la legislación federal prohíbe la caza en el bosque durante la noche. Sin embargo, la caza de espera queda expresamente exceptuada, y los cantones pueden prever nuevas excepciones para prevenir daños causados por la fauna salvaje. Se considera noche el período comprendido entre una hora después de la puesta del sol y una hora antes de la salida del sol. Los Grisones incluyen expresamente al zorro, al tejón y a la marta entre las especies cazables mediante la caza de espera en sus disposiciones. Se formula una prohibición y, en el mismo acto, se la dota de la excepción que la vacía de contenido justamente allí donde más se caza. La sistemática está documentada en el artículo ¿Qué es la caza de espera (Passjagd)? y en el Dossier Passjagd .
Esto afecta a una especie animal cuya caza apenas puede justificarse desde el punto de vista ecológico. Diversos estudios sobre mecanismos compensatorios muestran que la caza intensiva del zorro no reduce de forma duradera ni las poblaciones ni las enfermedades en el sentido deseado, porque el aumento de la mortalidad se compensa con una mayor reproducción. A ello se suma el momento elegido: la caza de espera coincide con el celo y la gestación temprana, de diciembre a febrero; por tanto, puede afectar a hembras apareadas o preñadas, en el lugar previamente cebado. Todo ello es difícilmente compatible con la ética venatoria a la que la propia caza como afición apela. En Suiza siguen abatiéndose cada año unos 20’000 zorros.
Pero lo que más pesa es una admisión procedente de las propias filas. La caza menor de zorro, tejón y liebre, a la que pertenece la caza al paso, fue calificada por el propio expresidente de la asociación de los Grisones, Robert Brunold, como «no necesaria, pero legítima». Con ello queda dicho lo que el reglamento encubre: en esta caza de afición no se trata de una necesidad ecológica, sino de un interés de tiempo libre. Un reglamento que organiza hasta el último detalle una caza de afición que, según su propia confesión, es innecesaria, no protege a los animales salvajes. Administra un pasatiempo. Más al respecto en el análisis detallado de los hechos.
Tecnología frente a instinto
Los distintos aparatos se engranan entre sí. Como expusimos en el artículo El cazador de afición en el siglo XXI, el equipamiento moderno compensa en serie la falta de destreza: miras telescópicas controladas por ordenador, prismáticos de largo alcance, aparatos GPS para orientarse en el terreno. Si a ello se añadiera la coordinación telefónica en tiempo real, esta podría concentrar espacialmente la presión cinegética y hacer menos previsibles las vías de huida de la fauna. Así, a partir de observaciones aisladas surge una operación de grupo coordinada.
Un reglamento con numerosas infracciones
Un reglamento extenso solo protege a los animales salvajes si su cumplimiento puede controlarse. Las cifras de la oficina cantonal muestran cuántos procedimientos y multas se producen en la actividad cinegética: en 2020 se impusieron 1’173 multas de orden y se presentaron 68 denuncias, en conjunto 1’241 casos. En 2019 fueron 998 multas de orden y 106 denuncias, en total 1’104 casos. Estas cifras no deben equipararse a un número igual de personas infractoras, y una parte considerable corresponde a abatimientos erróneos declarados por los propios cazadores: en 2020, 980 casos correspondieron a abatimientos erróneos, autodenunciados en un 96 por ciento según datos de la oficina.
El balance muestra, no obstante, un problema de fondo: un sistema cinegético con miles de personas cazando libremente, con normas complicadas y un control limitado, produce continuamente infracciones, actuaciones incorrectas y conflictos.
La caza especial como caso serio
En la caza especial esta cuestión abierta reviste especial importancia. Los ciervos, los corzos y los rebecos se encuentran en esta época del año en una fase energéticamente exigente; deberían conservar sus reservas de grasa y encontrar tranquilidad para superar el invierno. En lugar de ello, los cazadores aficionados vuelven a salir al campo para cumplir los planes de abatimiento. La caza especial afecta también a las hembras. Precisamente en el caso de las hembras que crían se plantea la pregunta, relevante desde el punto de vista de la protección animal, de con qué fiabilidad se reconoce, se respeta o se atiende, tras un abatimiento, a las crías dependientes.
La huida y las molestias repetidas aumentan el gasto energético; la gravedad de las consecuencias depende de la especie animal, de la situación de nieve, del alimento, de la duración de la molestia y de las posibilidades de evasión. Si las ubicaciones de los animales salvajes y las direcciones de huida pudieran intercambiarse en tiempo real entre quienes cazan, ello incrementaría aún más la presión sobre los animales. Por eso, la coordinación digital en grupo necesita límites claros y verificables. Lo que la oficina denomina «gestión de poblaciones» no debe derivar en una práctica en la que la comunicación técnica socave sistemáticamente la última posibilidad que les queda a los animales de huir de manera imprevisible.
Lo que se desprende de ello
Los Grisones no tratan las ayudas técnicas de caza ni los métodos cinegéticos con un criterio uniforme, sino en función del resultado deseado. Por regla general se prohíben la tecnología de visión nocturna y de imagen térmica, los silenciadores quedan sujetos a autorización y se prohíbe atraer a los ungulados. En la caza nocturna del jabalí se flexibiliza excepcionalmente el uso de la tecnología de imagen térmica, y en la caza de espera del zorro falta por completo la prohibición de atraer. Puede que un cantón esté facultado para hacer esa ponderación. Pero entonces debería declararla abiertamente, en lugar de presentar los límites técnicos y las prohibiciones de atraer como un mandato general de equidad frente a los animales salvajes que se deja de lado en cuanto se desean más abatimientos para la afición.
En cuanto al teléfono móvil persiste además una laguna normativa. Según el catálogo oficial de preguntas, su uso con fines cinegéticos estaba expresamente prohibido. En el texto de la ordenanza publicado hoy falta, a diferencia de lo que ocurre con los drones, la tecnología de visión nocturna, las cámaras trampa y la observación desde vehículos, una redacción igual de clara. El cantón debería aclarar de forma vinculante si, y en qué medida, es admisible transmitir ubicaciones de animales salvajes, direcciones de movimiento, imágenes o posiciones en directo durante la caza de afición, y cómo se controla esto.
El cantón Ginebra lleva desde 1974 sin caza de ocio generalizada y confía en una guardia de fauna profesional para la regulación de poblaciones; en la última temporada allí no se abatió ni un solo zorro por mero pasatiempo. Para los animales salvajes vale lo siguiente: no necesitan normas que solo se adapten cuando su muerte resulta administrativamente útil. Necesitan tranquilidad, espacios de refugio y una actividad cinegética cuyos límites no se desplacen con cada nueva conveniencia para una afición.
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