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Animales salvajes

Valais desea por primera vez abatir linces, pese a que la especie está al límite genético

El consejero de Estado Christophe Darbellay, él mismo cazador de afición, hace preparar una solicitud de abate, mientras los estudios demuestran consanguinidad y caza furtiva masiva en el cantón.

Redacción Wild beim Wild — 20 de junio de 2026

En Suiza, los animales salvajes son jurídicamente cosas sin dueño – res nullius, bien común de todo el pueblo.

La regalía de caza no confiere a los cazadores de afición ningún derecho de propiedad sobre ellos, sino únicamente una facultad de uso concedida por el Estado. Quien emplea esta facultad de uso para eliminar predadores protegidos, biológicamente indispensables, abusa de un privilegio a costa del bien común.

El cantón de Valais planea una primicia suiza con un signo cuestionable: por primera vez un cantón pretende solicitar una regulación oficial de linces.

El consejero de Estado Christophe Darbellay confirmó al «Walliser Bote» que su departamento hace preparar una solicitud oficial, con el objetivo de poder abatir linces por primera vez el próximo invierno. La iniciativa se justifica con la disminución de las poblaciones de corzos y rebecos en algunas regiones, sobre todo en el Alto Valais.

Lo que la argumentación oficial omite mencionar: el lince euroasiático no es en Suiza una especie robusta, sino genéticamente agotada. Y precisamente en Valais ha sido sistemáticamente eliminado de forma ilegal durante décadas.

Una especie que necesita «sangre nueva»

Los linces suizos descienden de unos pocos ejemplares fundadores, en parte estrechamente emparentados, procedentes de los Cárpatos eslovacos, que fueron reintroducidos en los años setenta. Según KORA, la oficina especializada en ecología de los predadores, los linces alpinos han perdido el 46 por ciento de la diversidad genética respecto a sus antepasados en Eslovaquia, y los del Jura el 30 por ciento.

Las consecuencias ya no son una teoría. Dado que la población surgió de unos pocos animales fundadores, en parte emparentados, la diversidad genética es baja y la endogamia se ha convertido cada vez más en un problema existencial; sin diversidad genética, el lince apenas puede adaptarse a condiciones ambientales cambiantes o a nuevos agentes patógenos. Entre otras cosas, se han observado con frecuencia soplos cardíacos que se asocian a factores genéticos. Por ello, KORA y el Instituto de Salud de Peces y Fauna Salvaje (FIWI) sostienen que la población deberá renovarse genéticamente a medio plazo, por ejemplo con animales procedentes de los Cárpatos. Que el lince siga amenazado a pesar de su regreso lo demuestran también estudios más recientes sobre el estado de la población de linces suiza.

Según el año de monitoreo, viven en Suiza alrededor de 300 a 360 animales independientes; para el año biológico 2024/2025, KORA registra 364 linces independientes, de los cuales 246 en los Alpes, 86 en el Jura y 32 en el noreste de Suiza. El lince sigue figurando en la Lista Roja y se considera una especie prioritaria a nivel nacional. En este contexto, autorizar la caza de un predador protegido cuyo mayor problema es la falta de intercambio genético invierte sencillamente la lógica técnica.

En el Valais el lince fue cazado furtivamente de forma sistemática

El cantón del Valais no es terreno neutral en lo que respecta al lince. Diversos estudios muestran que en el Valais hay menos linces de los que cabría esperar según la idoneidad del territorio; en el Bajo Valais, KORA no registró durante un tiempo ni un solo lince en el monitoreo con cámaras trampa al sur del Ródano.

La razón la aportó un equipo internacional de investigación dirigido por el Prof. Raphaël Arlettaz (Universidad de Berna). Los investigadores examinaron si la baja población podría deberse a la densidad o la ubicación de la red de cámaras trampa o a la falta de presas, pero pudieron refutar estas hipótesis, con lo que solo quedó la hipótesis de la caza furtiva. El estudio, publicado en 2021 en «Frontiers in Conservation Science» y revisado por pares, documentó una red de 17 trampas de lazo en el recodo del Ródano, en el único corredor de inmigración del lince hacia el Valais; algunas trampas todavía estaban operativas cuando se descubrieron. Hemos documentado el caso en detalle bajo el título «Valais: caza furtiva sistemática» de forma exhaustiva.

El análisis jurídico resulta desalentador. En Valais transcurrieron 20 años desde la primera denuncia hasta la primera condena de un cazador por caza furtiva de linces, y el caso solo se esclareció gracias al trabajo de la Universidad de Berna. Un cazador admitió haber abatido ya diez linces con trampas; la condena solo fue posible cuando en las trampas halladas se pudieron detectar sus rastros de ADN. En el caso del lince, según WWF Suiza, el abatimiento ilegal es la segunda causa de muerte más frecuente. Más al respecto en el Dossier sobre caza furtiva y criminalidad cinegética en Suiza.

Un consejero de Estado que en privado es cazador hobby manda preparar una solicitud de abatimiento sobre una especie estrictamente protegida cuyas poblaciones en su cantón han sido demostrablemente diezmadas por la caza furtiva. Esto no es casualidad, sino un conflicto de intereses que debe nombrarse abiertamente. Los animales salvajes pertenecen al pueblo, no al lobby de la caza hobby. Una autoridad que administra este bien común debe rendir cuentas ante toda la población y no ante una minoría de aproximadamente el 4 por ciento de cazadores hobby. El cantón de Ginebra demuestra desde hace más de 50 años cómo es una política de fauna salvaje sin este conflicto de intereses: profesional, transparente y eficaz.

¿Quién es responsable del declive?

El bando conservacionista contradice claramente la versión oficial. El gran consejero de Los Verdes y director de Pro Natura, Jérémy Savioz, presentó una interpelación urgente; desde el punto de vista de los conservacionistas, el plan de abatimiento carece de fundamento científico, el lince sigue figurando en la Lista Roja y cumple una función importante manteniendo en movimiento a la fauna salvaje, evitando así los daños por ramoneo en el bosque. Pro Natura señala además que en Valais cada año se abaten alrededor de 1000 corzos, y considera no probado que el lince sea responsable del declive de las poblaciones de fauna salvaje.

Dicho de otro modo: el mayor extractor de corzos en Valais no es el lince, sino la propia caza hobby. Que ahora el mismo consejero de Estado que en privado pertenece al ámbito de la caza hobby ponga en la mira a un predador protegido como competidor plantea interrogantes sobre los intereses en juego.

Altos obstáculos jurídicos

El camino hacia el abatimiento es estrecho. El lince está mucho más protegido que el lobo; una regulación solo sería posible si el cantón puede demostrar científicamente que el derecho de caza se ve gravemente perjudicado, y un abatimiento solo estaría permitido en la breve ventana invernal del 16 de enero al 28 de febrero. Sobre la solicitud decide, en última instancia, la Oficina Federal de Medio Ambiente.

Precisamente esta prueba científica podría resultar difícil mientras la cuestión central siga sin resolverse: ¿cómo puede un cantón alegar una presión de linces «demasiado alta», cuando su población ha sido mantenida artificialmente baja por la caza furtiva, y cuyos ejemplares sufren cada vez más las consecuencias de la endogamia?

Más sobre el tema de la caza de hobby: En nuestro Dossier sobre la caza reunimos verificaciones de hechos, análisis e informes de fondo.

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