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Caza

«Me gusta matar animales»: lo que oculta la caza por afición

El máximo dirigente de la caza en Francia ha admitido públicamente que matar animales le produce placer, ofreciendo así la rara confesión de un motivo que la caza por afición suele esconder tras conceptos como tradición y necesidad.

Redacción Wild beim Wild — 28 de mayo de 2026
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Willy Schraen, presidente de la organización francesa de caza Fédération Nationale des Chasseurs, dijo textualmente en el programa «Morandini Live» de CNews que matar un animal «no es para nada violento».

A la pregunta de si le producía placer perseguir y abatir, respondió: «La respuesta es sí. Me gusta matar animales en el marco de la caza.»

Lo llamativo no es la brutalidad de la afirmación, sino su franqueza. Allí donde las asociaciones suelen hablar de «cuidado», «servicio a la naturaleza» o «conservación», un alto dirigente nombra aquí el verdadero impulso: el placer de matar. Precisamente ese punto está en el centro del debate crítico con la caza, tal como lo describe también el psicoanálisis de la caza por afición.

Cuando desaparece la necesidad, queda el placer

Schraen aporta de inmediato la refutación de su propia justificación. Admite que no hace falta cazar para alimentarse, pero que es «un gran placer». Con ello, la cuestión alimentaria queda descartada. Lo que queda como justificación es el deseo.

Esta autoconfesión coincide con la investigación sobre las motivaciones de los cazadores por afición. Un estudio publicado en 2024 en la revista especializada «Animals» sobre una comunidad de caza de jabalíes concluyó que la caza se entiende predominantemente como una actividad de ocio que ofrece emoción, contacto con la naturaleza y sentido de pertenencia al grupo. El acto de matar se idealiza con frecuencia como un «servicio a la naturaleza», aunque en muchos casos falte la necesidad ecológica. Desde la perspectiva de la psicología de la violencia, el umbral moral disminuye en cuanto el matar se enmarca como afición, ritual o señal de estatus, tal como muestra en detalle el análisis lo que la neurociencia revela sobre la violencia, la empatía y la caza por afición.

Por qué los niños eligen primero la manzana

La frase de Schraen, según la cual sería «anormal» no ir a cazar, invierte los términos. Pues la reacción espontánea de la mayoría de las personas, y especialmente de los niños, es la contraria. Ante un animal vivo, los niños muestran curiosidad y compasión, no el deseo de matar. Solo la costumbre, la presión del grupo y el ejemplo de figuras de autoridad desplazan esta actitud fundamental.

La investigación habla aquí de desensibilización, es decir, de la reducción gradual del umbral natural de inhibición mediante la confrontación repetida. El Comité de los Derechos del Niño de la ONU reconoció en su «Observación General 26» (2023) que presenciar violencia contra animales puede perjudicar la capacidad de empatía de los niños. Quien acerca a los niños a la matanza desde temprana edad normaliza la violencia en lugar de cuestionarla. Precisamente este mecanismo describe el dossier sobre niños, caza y socialización en la violencia. Que la perspectiva infantil suele ser moralmente superior a la adulta lo ilustra también el reportaje sobre una montería en Suiza.

Lo que la afirmación realmente revela

La franqueza de Schraen es involuntariamente reveladora. Demuestra que la matanza en la caza como hobby no es un lamentable efecto secundario de una misión de conservación de la naturaleza, sino el núcleo del placer. Una amplia mayoría de la población francesa rechaza la caza en las encuestas, especialmente la caza con jauría. El sentido común no ve en la matanza de animales indefensos algo normal, sino todo lo contrario. Para profundizar, véase el dossier Caza y niños.

Más sobre el tema de la caza como hobby: En nuestro dossier sobre la caza reunimos verificaciones de hechos, análisis e informes de fondo.

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