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Caza

¿Cazaron cazadores hobby a personas durante la guerra de Bosnia?

Mientras Sarajevo aún sufre las cicatrices del asedio, nuevas investigaciones procedentes de Italia sacuden ahora también la autoimagen de un ámbito que gusta presentarse como guardián de la tradición y la naturaleza.

Redacción Wild beim Wild — 14 de noviembre de 2025

La sospecha de que durante la década de 1990 cazadores hobby extranjeros –muchos procedentes del mismo ámbito de esos «asesinos» que suelen viajar a África o Europa del Este para fotografiarse junto a cadáveres de animales– pagaron dinero por disparar a civiles constituye una bofetada para cualquier sociedad que se considere civilizada.

Es la consecuencia última de una cultura que idealiza el matar como pasatiempo.

En los años 1993 y 1994, cientos de ricos cazadores hobby extranjeros, cansados de disparar únicamente a ciervos, corzos y jabalíes, habrían pagado entre 80'000 y 100'000 euros por la posibilidad de abatir también a un ser humano. Los cazadores hobby también habrían pagado por cazar niños.

Porque aunque entre los crímenes de guerra y la caza de animales salvajes medien mundos de distancia, la actitud psicológica de fondo es alarmantemente similar: la mirada a través de la mira telescópica convierte todo lo que vive en un objeto. En un blanco. En un acierto. Precisamente este razonamiento hace posible que personas que de otro modo hablan con gusto de gestión cinegética, tradición y sostenibilidad se encuentren de pronto en un plano moral que apenas se distingue ya de un abismo.

En cuanto a la organización, el informe sugiere que los grupos estaban compuestos por cazadores. Por ello cabe suponer que la organización de los «safaris» fue asumida muy probablemente por agencias que habitualmente organizaban viajes de caza a los destinos habituales –Hungría, Croacia, Eslovenia, Serbia, Bulgaria, Rumanía, etc.– para cazar grandes presas como ciervos y jabalíes. – Rai News

Desde hace años, los cazadores hobby aseguran que su actividad nada tiene que ver con el placer de matar. Pero la realidad habla otro idioma. No es casualidad que sean precisamente esos círculos, en los que cuelgan trofeos sobre la chimenea y donde se cree que la virilidad se demuestra en el retroceso del rifle, los que ahora aparecen vinculados a acusaciones espantosas. Quien pasa el fin de semana disparando a animales para alimentar la sensación de su propia superioridad no debería sorprenderse de que, tarde o temprano, surja la pregunta de hasta dónde llega esa devaluación de la vida.

Las investigaciones procedentes de Milán sugieren que algunos, al parecer, estaban dispuestos a ir un paso más allá: del animal salvaje al ser humano. E incluso si solo una fracción de las acusaciones resultara cierta, eso ya demuestra qué fantasías peligrosas fermentan en ciertos sectores de este ámbito. Una cultura que romantiza el matar no debería extrañarse de que algunos de sus seguidores acaben perdiendo por completo la brújula moral.

Se trata de cazadores apasionados que esperaban obtener un subidón de adrenalina adicional gracias a un trofeo humano. – Edlin Subašić, ex agente de los servicios secretos bosnios

Lo que podría haber ocurrido en Sarajevo no es el desliz casual de un grupo marginal. Es la fase final de un pensamiento que mide, valora y jerarquiza la vida, y de ahí deriva el derecho a decidir sobre la muerte y la supervivencia. Precisamente este error de razonamiento recorre la caza hobby desde hace décadas. Uno se convence de que actúa en interés de la naturaleza, cuando en realidad convierte a la naturaleza en escenario de su propio afán de reconocimiento.

El asedio de Sarajevo fue un crimen de guerra. Pero el debate actual demuestra algo: cuando una sociedad convierte el matar en una oferta de ocio legítima, solo hace falta el contexto adecuado para que lo impensable se vuelva posible. Y esa es la advertencia más dura para todos aquellos que siguen queriendo presentar la caza hobby como un pasatiempo inofensivo: quien convierte la vida en blanco de tiro acaba perdiendo la capacidad de respetar la vida, tenga esta cuatro patas o dos.

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Todos los artículos son redactados por IG Wild beim Wild, así como por coautoras y coautores externos. La investigación, la estructuración y los procesos editoriales pueden contar con el apoyo de herramientas basadas en IA.

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