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Criminalidad & caza

El border collie «Cooper» abatido por un cazador aficionado

Un paseo invernal termina en estado de shock. En Pettenbach, en la Alta Austria, un border collie llamado «Cooper» fue abatido en un camino forestal nevado. Según informaciones de los medios, el disparo se efectuó desde un puesto elevado, sin advertencia previa, a corta distancia. El perro habría muerto en el acto. Su dueño habla de un momento en el que «un mundo se derrumba» y ha presentado una denuncia.

Redacción Wild beim Wild — 12 de enero de 2026

Lo que suena como un «trágico descuido» es en realidad una lección de cómo de rápido la caza de afición se descontrola en los espacios públicos, de lo grande que es la brecha de protección para los paseantes y de cuántas veces al final se pretende recurrir a una frase estándar refleja: «Confundido».

Según oe24, el incidente ocurrió el 27 de diciembre en Pettenbach. El propietario (30 años) iba paseando con Cooper cuando un anciano cazador aficionado disparó desde el puesto elevado. El perro llevaba, según se indica, un arnés amarillo-verde y fue alcanzado en la zona de las costillas. El propietario declaró que estaba a solo unos pocos metros.

En el centro está además la justificación: en el lugar se habló, según el propietario, de una confusión con un zorro. Más tarde se dijo que el perro estaba sobre el rastro de un corzo. El propietario presentó una denuncia por maltrato animal y daños materiales, y anunció reclamaciones de indemnización.

El Kronen Zeitung informa además de que se trata de un arrendatario de coto de caza de 84 años. También allí se menciona la primera justificación: «confundido con un zorro».

Importante: rige la presunción de inocencia. Lo decisivo son las averiguaciones en curso, el desarrollo real de los hechos y la valoración jurídica.

«Confusión» no es una excusa, sino una señal de alarma

Quien dispara en una zona por la que transitan personas con perros asume la máxima responsabilidad. Un disparo no es un «error» que se pueda corregir como un gesto equivocado en la vida cotidiana. Es definitivo. Y puede, si hay personas cerca, alcanzar también a personas.

Precisamente por ello el relato de la confusión resulta tan delicado. No solo dice algo sobre el caso concreto. Arroja luz sobre un sistema en el que particulares armados actúan en zonas de recreo cercanas y en el que la lógica de seguridad a menudo solo comienza después del disparo.

Si un arnés reflectante para perros, una buena visibilidad y la proximidad a un sendero público no bastan para abstenerse de disparar, entonces el problema no es la «mala suerte». Entonces es la práctica.

El segundo impacto: «Entonces simplemente le consigo uno nuevo»

Según oe24, el cazador aficionado habría ofrecido al propietario conseguir «un animal nuevo». Si lo dijo textualmente así, lo aclararán las investigaciones. Sin embargo, como actitud encaja de forma escalofriante con una concepción de la caza que reduce la vida a un objeto intercambiable. Para quienes lo tienen, un perro es un miembro de la familia, un compañero de vínculo, un ser social. Un «reemplazo» no es ninguna reparación.

Por qué estos casos son políticos

Este incidente no es una tragedia privada al borde del bosque. Es un incidente político, porque afecta a espacios públicos.

  1. Riesgo de seguridad para la población
    Cuando se dispara cerca de senderos, no solo se ven afectados los animales. También las personas pueden estar en peligro, sobre todo cuando la distancia es corta y las líneas de visión están limitadas.
  2. Disuasión débil, control débil
    Una y otra vez los casos muestran lo difícil que resulta esclarecer y sancionar cuando las acciones de caza tienen lugar en el terreno, sin testigos neutrales, sin una documentación completa.
  3. Los animales de compañía son jurídicamente a menudo solo una «cosa»
    Aunque hace tiempo que la comprensión social ha cambiado, mucho sigue dependiendo de lógicas de propiedad. Precisamente por ello es legítimo el llamamiento a normas más coherentes y reglas más claras.

Qué es necesario ahora

Con independencia del desenlace del procedimiento concreto, hacen falta consecuencias que vayan más allá de la indignación:

  • Zonas claras de prohibición de disparo a lo largo de senderos muy frecuentados en zonas de recreo cercanas, señalizadas de forma vinculante y controladas.
  • Normas de seguridad obligatorias con tolerancia cero, cuando hay personas en las inmediaciones.
  • Sistemas de notificación transparentes para los disparos y los incidentes, incluida una verificación independiente.
  • Normas de responsabilidad que realmente disuadan, en lugar de tratar la vida animal como un «daño colateral».
  • Debate sobre la caza como afición en espacios de uso intensivo, pues el «bosque» hace tiempo que ha dejado de ser un espacio de caza exclusivo para convertirse en un espacio público de vida y recreo.

Contextualizar significa: poner el foco en el lugar correcto

Sí, los perros pueden animales salvajes acosar. Sí, existen conflictos entre los propietarios de perros y los intereses cinegéticos. Pero incluso cuando un perro corre suelto, de ello no se deriva automáticamente un derecho a disparar. Lo esencial sigue siendo: quien porta un arma letal debe ser capaz de desescalar situaciones. Y, en caso de duda, no debe disparar.

Si la caza de afición no puede garantizar eso, pierde su legitimación social. No porque «todos los cazadores de afición» sean iguales, sino porque un sistema que produce regularmente tales riesgos no puede repararse con frases de relaciones públicas.

Más al respecto en el dossier: Caza y protección animal

Según el parecer de IG Wild beim Wild, los cazadores de afición cazadores necesitan dictámenes médico-psicológicos anuales de aptitud, siguiendo el modelo de los Países Bajos, así como un límite de edad vinculante. El grupo de edad más numeroso entre los cazadores de afición es hoy el de mayores de 65 años. En ese grupo aumentan estadísticamente de forma notable las limitaciones propias de la edad, como la pérdida de visión, los tiempos de reacción más lentos, las dificultades de concentración y los déficits cognitivos. Al mismo tiempo, los análisis de accidentes muestran que el número de accidentes graves de caza con heridos y víctimas mortales se incrementa de forma significativa a partir de la edad media de la vida.

Los informes periódicos sobre accidentes de caza, actuaciones erróneas mortales y el uso indebido de armas de caza ponen de manifiesto un problema estructural. La posesión y el uso privados de armas de fuego letales con fines de ocio escapan en gran medida a un control continuo. Desde la perspectiva de IG Wild beim Wild, esto ya no es defendible. Una práctica que se basa en matar de forma voluntaria y que, a la vez, genera riesgos considerables para personas y animales, pierde su legitimación social.

La caza de afición se basa además en el especismo. El especismo describe la desvalorización sistemática de los animales no humanos únicamente en función de su pertenencia a una especie. Es comparable al racismo o al sexismo y no puede justificarse ni cultural ni éticamente. La tradición no sustituye a un examen moral.

Precisamente en el ámbito de la caza de afición resulta imprescindible un examen crítico. Apenas hay otro campo tan marcado por relatos edulcorados, verdades a medias y desinformación selectiva. Allí donde se normaliza la violencia, los relatos sirven a menudo de justificación. Por ello son indispensables la transparencia, los hechos verificables y un debate social abierto.

Más sobre el tema de la caza de afición: En nuestro Dossier sobre la caza reunimos verificaciones de hechos, análisis e informes de fondo.

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