Perdigón en el jardín: proceso contra un cazador aficionado tras un accidente en una montería
Durante una montería, un perdigón alcanza a una mujer en su propio jardín; ahora el cazador aficionado de 73 años comparece ante el tribunal.
Durante una montería en el distrito de Cloppenburg, una mujer es alcanzada por un perdigón en su propio jardín y resulta gravemente herida.
Un año y medio después, el cazador aficionado de 73 años comparece ante el tribunal. Un caso que muestra lo que ocurre cuando se dispara en un espacio de uso compartido.
En la localidad de Barssel, en Baja Sajonia, municipio del distrito de Cloppenburg, un perdigón alcanza el 7 de diciembre de 2024 a una mujer de 59 años en su propia propiedad. Recibe el impacto debajo del ojo izquierdo, resulta gravemente herida y es trasladada al hospital. Tras una compleja operación, según el tribunal, queda incapacitada para trabajar y sufre hasta hoy secuelas.
Un año y medio después, desde el 1 de agosto de 2026, el presunto accidente de caza se examina ante el Juzgado de Cloppenburg. El acusado es un cazador aficionado de 73 años. El cargo: lesiones corporales por imprudencia. Se le reprocha que, como participante en una montería, no se aseguró suficientemente, antes de disparar, de que nadie estuviera en peligro.
Orden penal, recurso, juicio
La Fiscalía de Oldenburg había solicitado una orden penal, que el juzgado dictó: seis meses de pena de prisión con suspensión condicional, tres años de período de prueba y, además, el pago de 8’000 euros. Contra esta orden penal el cazador aficionado presentó recurso. Por eso se llega al juicio público. En la sesión inicial fueron citados diez testigos, entre ellos la propia víctima del disparo. Cuándo se dictará sentencia sigue siendo incierto.
Un detalle marginal que revela mucho sobre el tratamiento mediático de estos casos: en la cobertura original se habla alternativamente de una «bala» y de un «perdigón». En realidad, en las batidas de caza menor se dispara con perdigones, es decir, con una carga de muchas pequeñas balas de plomo que tras el disparo se dispersan en forma de abanico. Precisamente esta dispersión hace que la batida en zonas habitadas sea tan impredecible: un solo perdigón de la ráfaga basta para herir gravemente a una persona en su propio jardín.
Por qué esto no es un problema exclusivamente alemán
Suiza está afectada por el mismo peligro fundamental. Los accidentes de caza en Suiza no son un fenómeno marginal, sino un riesgo estructural que surge de un hecho sencillo: la caza como afición significa armas de fuego en el espacio público. Los senderos, los caminos forestales, los jardines y las periferias de los núcleos habitados forman parte de la cotidianidad, y allí se dispara.
Esto resulta especialmente evidente en la caza en movimiento. Las batidas y los ojeos se consideran la modalidad de caza más propensa a los accidentes. Varios tiradores disparan simultáneamente a objetivos en huida, que se mueven con rapidez, a menudo con mala visibilidad, bajo presión temporal y bajo la expectativa del grupo. Los rebotes, las identificaciones erróneas y los desvíos no son excepciones poco frecuentes, sino fenómenos inherentes al sistema. La protección de los animales en Suiza, en su informe sobre disparos de refilón y rastreos, señaló precisamente esta combinación —disparo a objetivos en movimiento, escasa práctica de tiro, estrés y presión grupal— como causa de una mayor tasa de errores.
Que en ello también resulten alcanzadas personas ajenas está documentado. A finales de noviembre de 2024, solo unos días antes del incidente de Barssel, en la localidad vodense de Oulens-sous-Echallens un cazador aficionado de 64 años fue alcanzado mortalmente por el disparo de un compañero, cuando un grupo intentaba hacer salir jabalíes de un matorral. En Carintia, en octubre de 2025, le tocó a un ojeador de 16 años, alcanzado por perdigones en el torso.
Un grupo de alto riesgo con sistema
El caso de Barssel se enmarca en un cuadro más amplio. Desde la perspectiva de la IG Wild beim Wild, los cazadores aficionados constituyen un grupo estructural de alto riesgo, y ello en un doble sentido.
En primer lugar, por negligencia, como en el caso de Barssel: el disparo imprudente, la falta de comprobación, el campo de tiro subestimado. La estadística de accidentes de caza mortales muestra que el número de accidentes aumenta considerablemente a partir de la mediana edad. El grupo de edad más numeroso entre los hobby hunters es hoy el de mayores de 65 años, precisamente el grupo en el que estadísticamente aumentan la pérdida de visión, la ralentización de los tiempos de reacción y las dificultades de concentración. El acusado en Barßel tiene 73 años.
En segundo lugar, mediante violencia intencionada. Fue en julio de 2026 cuando el caso de Faido y Leontica en el Tesino mostró cuán mortal puede llegar a ser la combinación de acceso a armas, rutina cinegética y crisis personal: un hobby hunter de 59 años disparó a su exmujer y a continuación hizo explotar una casa, hiriendo a varios policías. Un feminicidio no es un accidente de caza; se trata de dos dimensiones de riesgo distintas. Pero comparten el mismo punto de partida: la normalidad de las armas de fuego mortales en manos privadas y de ocio, en gran medida sustraídas a un control continuo.
Precisamente en eso reside el meollo. Ya sea por negligencia o por intención, ya sea un perdigón en el jardín o un disparo dirigido: allí donde personas operan por placer de matar con armas mortales en un paisaje intensamente utilizado, inevitablemente también terceros ajenos acaban en la línea de fuego. No se trata del lamentable caso aislado que se presenta con regularidad, sino del resultado previsible de un sistema.
Lo que hace falta
En opinión de la IG Wild beim Wild, para los hobby hunters hacen falta dictámenes médico-psicológicos de aptitud anuales según el modelo de los Países Bajos, así como un límite de edad vinculante. La puesta en peligro de terceros ajenos, ya sea la vecina en el jardín, el excursionista en el sendero del bosque o el batidor en la fila, no aparece en ninguna estadística oficial, porque no existe una obligación de notificación independiente de las lesiones de caza ni a nivel federal ni cantonal. Una guardería de fauna profesional y estrictamente controlada podría reducir los riesgos de seguridad y mejorar al mismo tiempo la protección de los seres humanos y de los animales no humanos.
Mientras la caza como hobby continúe en su forma actual, el balance sobrio seguirá siendo el mismo. En Barßel se está juzgando precisamente ahora ante los tribunales.
Más sobre el tema de la caza como hobby: En nuestro Dosier sobre la caza reunimos verificaciones de datos, análisis e informes de fondo. Cómo los hobby hunters ponen en peligro a las personas, qué cifras ocultas existen y por qué una guardería de fauna independiente sería la mejor solución, lo muestra nuestra Estadística de accidentes de caza mortales.
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