Cazadores aficionados drogados con escopetas ilegales
El 23 de octubre, el tribunal penal de Cahors, en Francia, dictó una sentencia ejemplar: tres años de prisión para un cazador aficionado de 45 años que, durante una batida, mató a tiros a su compañero, bajo los efectos de las drogas, con un arma ilegal y haciendo caso omiso de las normas de seguridad más básicas.
Por primera vez en Francia, un cazador aficionado va a prisión tras un disparo «accidental». Y uno se pregunta: ¿por qué solo ahora?
Un individuo violento fue abatido cinegéticamente por otro individuo violento. Este caso muestra hasta qué punto se tolera la caza en Francia (y también en otros países) como un espacio sin ley. Un cazador aficionado consume cannabis, lleva consigo un arma no registrada, ignora el ángulo de tiro reglamentario y, aun así, se le permite disparar contra personas y animales codo con codo con otros cazadores armados.
Imagínese lo mismo en el tráfico vial: conducir bajo los efectos de las drogas, sin carné de conducir, con un vehículo no homologado. ¡Impensable! En la caza, sin embargo, se tolera desde hace décadas.
Asociaciones de caza: silencio y mirar hacia otro lado
Aún más indignante es el fracaso colectivo de la comunidad cazadora. Ningún jefe de cacería, ninguna asociación, ningún compañero intervino, a pesar de que el consumo de drogas y alcohol durante la caza no es ningún secreto. El lobby de la caza apacigua regularmente con el argumento de los «casos trágicos aislados». Pero las cifras hablan otro idioma:
- En Francia, según la ONCFS (Oficina de Caza y Fauna Silvestre), solo en la temporada 2022/23 se registraron 78 accidentes de caza, entre ellos 7 muertos. En la temporada 2023/24 hubo incluso 11 víctimas mortales.
- En Alemania se notifican cada año entre 30 y 40 accidentes con armas de fuego durante la caza, también aquí con víctimas mortales. A menudo se ven afectados otros cazadores aficionados o paseantes ajenos a la actividad.
- En Suiza se producen de media entre 3 y 5 muertes por caza al año, como muestran los análisis de la Suva y de las autoridades cantonales.
No se trata, por tanto, de «casos aislados», sino de un problema estructural de seguridad. La IG Wild beim Wild observa una y otra vez situaciones similares también en Suiza. Cazadores aficionados drogados o alcoholizados antes, durante y después de la caza por afición.
El cuento del «accidente»
Cuando alguien dispara bajo el efecto de las drogas, con un arma ilegal y sin respetar las reglas más elementales, eso no es un percance. Es una irresponsabilidad deliberada. Que tales casos sigan etiquetándose como «accidente de caza» forma parte de la banalización. En realidad, se trata de un homicidio por negligencia anunciado.
La pena en Cahors es severa: tres años, de los cuales uno de cumplimiento efectivo, 10’000 euros de multa, retirada de la licencia de caza y prohibición de portar armas. Sin embargo, en relación con la magnitud del hecho, la sentencia resulta casi indulgente: una persona ha muerto. La pregunta central es: ¿iniciará esta sentencia un cambio de mentalidad? ¿O seguirá siendo una excepción, mientras cada año mueren más personas porque la caza por afición, con sus crueldades hacia los animales, se considera una tradición intocable?
Caza = riesgo de seguridad
Las cifras desnudas lo demuestran: la caza por afición es peligrosa, para los animales, para los terceros ajenos e incluso para los propios autores de la violencia. ¿En qué otro ámbito aceptamos cada año decenas de muertos y heridos por un pasatiempo que sirve, en primer lugar, al placer de matar?
Quien hoy todavía defiende la caza por afición, defiende la sangre, la muerte y la vulneración del derecho. Es hora de cuestionar con coherencia esta reliquia de una época pasada, y de anteponer por fin la protección del ser humano, del animal y de la naturaleza al disfrute de una minoría.
Según la opinión de la IG Wild beim Wild, los cazadores aficionados necesitan cazadores peritajes médico-psicológicos anuales de aptitud siguiendo el modelo de los Países Bajos, así como un límite de edad máximo vinculante. El grupo de edad más numeroso entre los cazadores aficionados es hoy el de los mayores de 65 años. En este grupo, las limitaciones propias de la edad, como la disminución de la capacidad visual, los tiempos de reacción ralentizados, las dificultades de concentración y los déficits cognitivos, aumentan estadísticamente de forma notable. Al mismo tiempo, los análisis de accidentes muestran que el número de accidentes de caza graves con heridos y víctimas mortales aumenta de manera significativa a partir de la mediana edad.
Los informes periódicos sobre accidentes de caza, acciones erróneas mortales y el uso indebido de armas de caza ponen de manifiesto un problema estructural. La posesión y el uso privado de armas de fuego letales con fines recreativos escapa en gran medida a un control continuo. Desde el punto de vista de IG Wild beim Wild, esto ya no es justificable. Una práctica que se basa en matar de forma voluntaria y que al mismo tiempo genera riesgos considerables para personas y animales pierde su legitimidad social.
La caza por hobby se basa además en el especismo. El especismo describe la desvalorización sistemática de los animales no humanos únicamente por su pertenencia a una especie. Es comparable al racismo o al sexismo y no puede justificarse ni cultural ni éticamente. La tradición no sustituye a un examen moral.
Precisamente en el ámbito de la caza por hobby es imprescindible un examen crítico. Apenas existe otro campo tan marcado por relatos edulcorados, verdades a medias y desinformación deliberada. Donde se normaliza la violencia, las narrativas suelen servir de justificación. Por eso son indispensables la transparencia, los hechos verificables y un debate social abierto.
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