Corzo apuñalado en lugar de llamar al guarda de caza: el caso de Friburgo
Un corzo herido, un disparo, una citación judicial. El caso de Friburgo es más que un episodio. Pone de manifiesto la rapidez con que la caza se convierte en una autoatribución de poder y por qué el control, los procedimientos claros y la protección animal son decisivos.
Un corzo herido en el bosque.
Un cuchillo. Y después una citación judicial. El caso del cantón de Friburgo, del que informaron las Freiburger Nachrichten y RadioFr, parece a primera vista una cuestión aislada: ¿estaba justificado el «remate» en una situación de emergencia o no? Mirándolo más de cerca, es una lente de aumento sobre un problema de fondo de la caza por afición en Suiza: ¿quién decide sobre la vida y la muerte de los animales silvestres y según qué reglas?
El caso en breve
Según RadioFr, un hobby hunter del distrito del Lago compareció ante el tribunal por haber matado a un corzo herido con un cuchillo, sin contactar primero con el guarda de caza o la policía. El tribunal se pronunció al respecto después de que las autoridades convirtieran precisamente esa omisión de contacto en el punto central.
Las Freiburger Nachrichten describen el mismo punto de partida: un paseo por el bosque, un corzo herido, el hombre «remató» al animal y después llegaron las consecuencias jurídicas.
Lo que las autoridades de Friburgo dicen con claridad
El cantón de Friburgo establece en su página oficial de información qué hacer cuando se encuentra un animal silvestre muerto o herido: no tocarlo, no causarle estrés adicional, avisar de inmediato al guarda de caza de la región o a la policía (117).
Precisamente en este punto el caso choca con la práctica de muchos hobby hunters: en lugar de llamar al organismo competente, se disparó por iniciativa propia.
Por qué esto es más que un error
Las organizaciones de caza y los actores cinegéticos gustan de subrayar que los hobby hunters son «expertos». Pero cuando un hombre que se presenta como experto en caza acaba ante un tribunal por matar a un animal herido sin contactar con las autoridades, surge una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto son fiables la formación, la supervisión y la cultura dentro de la caza, si se desprecian incluso los procedimientos más básicos?
Y surge una segunda pregunta: ¿Por qué tan a menudo la interpretación dominante se desplaza de inmediato hacia el «tiro de gracia»? El término suena a compasión. Pero desde el punto de vista jurídico y de protección animal, la situación no es simplemente una cuestión de sentimientos, sino una cuestión de competencia, control y procedimiento correcto.
Lo que sugiere la legislación federal
En la legislación federal sobre la caza por afición se establece que los guardas de fauna (y los vigilantes de caza) pueden abatir animales heridos o enfermos, y que los cantones pueden prever normas para quienes tienen licencia de caza. Esto subraya: no decide «quien tiene un arma», sino quien es competente y actúa según el procedimiento.
Perspectiva de protección animal: la ayuda comienza con la distancia y el teléfono
También desde la perspectiva de la protección animal, el primer paso no es el activismo, sino el aviso y la protección. El cantón de Friburgo lo formula con claridad: mantener la distancia, evitar el estrés, avisar de inmediato a los organismos competentes.
Esto es también una comprobación de la realidad para la PR cinegética: si la caza se vende como «gestión de poblaciones», entonces precisamente debe atenerse a procedimientos claros, documentación y control. De lo contrario, al final solo queda la afirmación: «Lo hice con buena intención».
Qué deberías hacer si encuentras un corzo herido
- Mantener la distancia, no acosar al animal, no tocarlo.
- Memorizar la ubicación (coordenadas, puntos destacados).
- Llamar a la guardia de fauna o a la policía (117) y describir la situación.
- Si el animal huye: anotar la dirección de huida, para que la guardia de fauna pueda iniciar la búsqueda de forma específica.
Contextualización: De qué se trata realmente
El caso de Friburgo no es un «ataque contra los cazadores». Es un ejemplo de la rapidez con la que, a la sombra de la caza por afición, se infiltra una actitud: autoatribución de facultades en lugar de competencia. Cuando cada sufrimiento animal se convierte en justificación privada para matar, eso no es «conservación», sino un problema de control.
Y precisamente por eso es importante la difusión pública. No porque haya que poner a personas concretas en la picota, sino porque las normas solo funcionan si también se aplican de forma consecuente frente a los actores de la caza. El tribunal absolvió al cazador por afición porque fue una situación de emergencia y de lo contrario el animal habría huido.
Dossier: Caza y protección animal
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