Enfermedad del ciervo zombi (CWD): un nuevo estudio revela el riesgo de transmisión a los humanos
Se han detectado priones procedentes de ciervos y alces infectados en el cerebro de macacos cangrejeros. Los científicos exigen una reevaluación del riesgo.
Una epizootia mortal de la fauna salvaje plantea cada vez más interrogantes a los investigadores.
La denominada enfermedad de desgaste crónico (CWD, por sus siglas en inglés), conocida popularmente como «enfermedad del ciervo zombi», afecta a ciervos, alces y renos, y siempre resulta mortal. Los animales suelen volverse apáticos, pierden el miedo a los humanos y adelgazan considerablemente, a pesar de seguir comiendo. «Quizá parezcan más bien apáticos, dejan caer la cabeza y suelen permanecer en un mismo lugar. Algunos babean», describe el cuadro clínico Alexandra Lombard, experta en salud de la fauna salvaje en el estado de Virginia (EE. UU.).
¿Qué son los priones?
Los agentes patógenos no son bacterias, hongos ni virus, sino los denominados priones. Se trata de proteínas «mal» plegadas que pueden acumularse, por ejemplo, en el cerebro y provocar enfermedades. En los humanos, la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob es el ejemplo más conocido de este tipo de afección priónica. Los afectados sufren trastornos del movimiento, de la percepción y de la memoria, que pueden llegar hasta la demencia, y la mayoría mueren en cuestión de meses. Es probable que esta enfermedad también causara la muerte de más de 200 personas que consumieron carne de vacuno contaminada con la EEB.
Nuevo estudio: los priones llegan al cerebro de los simios
Durante mucho tiempo se consideró que la transmisión de la CWD a los humanos era extremadamente improbable. Un nuevo estudio del equipo de investigación germano-estadounidense dirigido por Hermann Schätzl, de la University of Calgary, publicado en la revista especializada Science Advances, modifica esta valoración. Los investigadores querían averiguar si los priones del ciervo también pueden llegar al cerebro de los primates y provocar allí una enfermedad correspondiente. Sus animales de experimentación fueron siete macacos cangrejeros, a los que se les administró tejido de alces y ciervos infectados, a través de la alimentación o directamente mediante una sonda cerebral.
El resultado es inquietante: los macacos fueron examinados entre cuatro y ocho años después. De hecho, en algunos animales se observaron síntomas de enfermedad. Al menos un mono que ingirió alimento infectado padecía con bastante claridad una enfermedad neurológica. Los métodos estándar no lograron detectar priones en las muestras de los cerebros de los primates; solo una prueba especialmente sensible los detectó en todos los animales de experimentación, años después de la administración del tejido infectado.
Tampoco este estudio aporta una prueba concluyente. Por razones logísticas no fue posible mantener a los monos durante más tiempo, y es «plausible que la mayoría de los animales fueran sacrificados durante la fase asintomática, preclínica de la enfermedad», escriben los investigadores.
No obstante, la conclusión del equipo es clara: «Nuestros resultados ponen en entredicho conclusiones anteriores que minimizaban el riesgo zoonótico de la CWD.»
Ya hay dos posibles casos en humanos
Existen indicios que van más allá del laboratorio. Dos cazadores aficionados murieron tras consumir carne de ciervo procedente de una población afectada por la enfermedad de desgaste crónico (Chronic Wasting Disease). Estos casos aún no están confirmados de forma definitiva, pero en la literatura especializada se discuten como posibles transmisiones.
Propagación: Norteamérica y ahora también Europa
Ya se han registrado casos en EE. UU., Canadá, Corea del Sur, pero también en Noruega y Finlandia. La mayor zona de brote se encuentra en Norteamérica y abarca actualmente 36 estados de EE. UU. y cuatro provincias canadienses (datos de abril de 2026). El Friedrich-Loeffler-Institut lleva a cabo desde 2024 un estudio de vigilancia activa para determinar si la epizootia ya está presente en corzos, ciervos rojos y ciervos sika alemanes.
Según la Oficina Federal de Seguridad Alimentaria y Veterinaria (BLV), para Suiza no existe hasta ahora un riesgo directo, aunque la situación se vigila. Quien consuma carne de caza debería plantearse de dónde procede.
La caza como afición como factor de riesgo
Entre los ciervos, el patógeno suele transmitirse a través de fluidos corporales, por ejemplo cuando un animal come hierba sobre la que ha orinado un congénere. La orina de ciervo se comercializa y se utiliza como reclamo en el contexto de la caza como afición. Las autoridades califican expresamente como posible que esos productos importados del extranjero puedan suponer un riesgo de introducción de priones de CWD.
Los priones pueden persistir mucho tiempo en el medio ambiente y resistir incluso el calor y los desinfectantes habituales, lo que hace prácticamente imposible su contención en libertad.
¿Qué medidas de protección rigen actualmente?
La carne de animales evidentemente enfermos no debe consumirse, y de ello son responsables los cazadores aficionados en las zonas afectadas. Los animales deben someterse a pruebas de CWD; durante el destripado se recomienda el uso de guantes de látex y una desinfección especial de los cuchillos con lejía.
El nuevo estudio demuestra que estas medidas siguen siendo importantes y que la situación debe vigilarse de cerca, sobre todo ante el aumento del número de casos.
Desde la perspectiva de la protección de la fauna silvestre, la CWD vuelve a dejar claro algo: la caza aficionada intensiva, el comercio de reclamos para la fauna y la concentración artificial de animales silvestres mediante la gestión cinegética crean condiciones ideales para la propagación de epizootias. En rebaños afectados en cautividad se observan brotes con más del 90 por ciento de animales enfermos; en libertad, en las zonas endémicas se encuentran prevalencias superiores al 10 por ciento. Un retorno coherente de los predadores naturales como el lobo y el lince, que seleccionan a los animales enfermos y debilitados, forma parte de una prevención eficaz y no constituye una amenaza para las poblaciones de fauna silvestre sanas.
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