Biodiversidad en Suiza: también un problema de la caza
La biodiversidad en Suiza se encuentra, según está científicamente demostrado, en un estado insuficiente. Así lo muestra el actual panorama general del Foro de Biodiversidad de la Academia Suiza de Ciencias Naturales (SCNAT), elaborado junto con más de 50 especialistas.
A pesar de algunos avances puntualmente positivos, no se ha detenido el retroceso de la diversidad de especies vivas, y más de un tercio de todas las especies sigue estando amenazado.
En el caos en el que se encuentra la naturaleza tras décadas de cuidado y manejo por parte de los hobby hunters, esto no es de extrañar. Políticamente, los hobby hunters votan siempre en contra de los parques nacionales, de la naturaleza o de la protección de las especies amenazadas. Suiza también ocupa el último lugar a nivel europeo en la designación de áreas protegidas para la biodiversidad. Son precisamente siempre estos círculos de hobby hunters, con su labor de lobby, los responsables de ello desde hace décadas a través de la política, los medios de comunicación y las leyes. Son ellos quienes bloquean de forma notoria las mejoras éticas y acordes a los tiempos en materia de protección de los animales y sabotean la protección seria de los animales y de las especies.
Tras más de cien años del llamado cuidado y manejo cinegético, numerosas especies siguen desaparecidas o amenazadas. Entre ellas el alce y el bisonte europeo, así como numerosas especies de aves. Al mismo tiempo, el lobo ha vuelto a establecerse y hoy en día es regulado políticamente de forma intensiva. Otras especies ya figuran de nuevo en la lista de espera de los hobby hunters.
Este hallazgo científico ofrece una base sólida en la que la política, los medios de comunicación y la sociedad deben por fin apoyarse seriamente.
El panorama general de la SCNAT confirma que la presión del ser humano sobre la biodiversidad en Suiza sigue siendo elevada. El uso intensivo del suelo, la contaminación ambiental, las especies exóticas invasoras y el cambio climático continúan repercutiendo negativamente en los hábitats, el número de especies y la conectividad ecológica. Entre 2014 y 2020, por ejemplo, la fragmentación del paisaje aumentó un 7 por ciento, y la contaminación lumínica se ha casi duplicado desde 1994. Si bien los aportes de nitrógeno transportados por el aire han podido reducirse desde 1990, la deposición en muchos hábitats sigue siendo demasiado alta.
Según el informe, lo único positivo es que el declive de la biodiversidad se ha ralentizado en parte. En las zonas boscosas, el estado ha mejorado de «malo» a «medio», y algunas especies termófilas o móviles muestran de nuevo tendencias al alza. En las zonas alpinas por encima del límite del bosque, el estado se mantiene incluso «bueno». Al mismo tiempo, el estado de las aguas, las zonas urbanizadas y las zonas agrícolas de los valles y las zonas montañosas inferiores sigue siendo «malo».
Esta valoración científica diferenciada de la situación se diluye con demasiada frecuencia en el debate público en favor de relatos simplistas. En los círculos de la política cinegética, la caza como afición suele presentarse como un instrumento necesario para garantizar la biodiversidad y restablecer el equilibrio del ecosistema paisajístico. De forma realista, sin embargo, las tareas cinegéticas como las cifras de abatimiento y la racionalización de los cotos quedan en un segundo plano frente a las causas dominantes de la pérdida de biodiversidad. El análisis de la SCNAT deja claro que el uso del suelo, la destrucción de hábitats, la fragmentación y los aportes de nutrientes son motores centrales que van mucho más allá de los factores cinegéticos y requieren medidas políticas estructurales.
Precisamente en las zonas agrícolas y urbanizadas, los datos de seguimiento y las observaciones de campo muestran hasta qué punto los hábitats están fragmentados y ecológicamente empobrecidos. Especies como la liebre común, las mariposas diurnas o los anfibios están aquí expuestas a presiones considerables, agravadas por la explotación intensiva, los monocultivos y el uso de pesticidas. En el análisis de la SCNAT se destaca que, si bien las medidas de fomento de la Confederación, los cantones, los municipios y las personas comprometidas de la sociedad civil tienen efecto, estas se mantienen en su mayoría a nivel local o regional y no bastan para lograr un cambio de tendencia a escala nacional.
Un problema particular es la discrepancia entre la percepción y la realidad científica. El panorama general de la SCNAT destaca que muchas personas valoran el estado de la biodiversidad en Suiza como considerablemente mejor de lo que realmente es. Esta apreciación errónea tiene menos que ver con el entorno local que con las actitudes políticas y los relatos mediáticos, que con frecuencia ignoran o minimizan las crisis ecológicas nacionales.
Mientras que en la opinión pública cinegética a menudo se alzan voces que reclaman más abatimientos, «regulación» o una «gestión» simbólica, la evidencia científica demuestra que las grandes palancas para la protección de la biodiversidad se encuentran en otros niveles. La renaturalización de las aguas, la conexión de los hábitats, la reducción de los aportes de nitrógeno y fósforo, la disminución del sellado del suelo y una política agrícola favorable a la biodiversidad son medidas que el análisis de la SCNAT señala como necesarias para frenar la pérdida continua y, a largo plazo, iniciar un cambio de tendencia.
La tarea consiste ahora en situar estos conocimientos con base científica en el centro del debate y no permitir que las pseudosoluciones cinegéticas sustituyan a una verdadera política ecológica. Solo así podrá reemplazarse la imagen culturalmente distorsionada de una Suiza intacta y rica en biodiversidad por una percepción pública basada en hechos, que permita abordar de forma eficaz las causas reales de la extinción de especies.
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