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Criminalidad & caza

FACE en Bruselas: la caza por afición como marca, el lobby como método

Mientras la caza por afición se comercialice como «conservación», el lobby puede presentarse disfrazado de protección de la naturaleza. Y mientras los medios no marquen claramente esta diferencia, la política de intereses parece una «necesidad objetiva».

Redacción Wild beim Wild — 14 de enero de 2026

Cuando en la UE se negocia sobre munición de plomo, protección de las aves o legislación sobre armas, surge un nombre con seguridad: FACE, la European Federation for Hunting and Conservation.

La federación tiene su sede en Bruselas, se presenta como la voz de los «7 millones de cazadores por afición de Europa» y está inscrita en el registro de transparencia de la UE como representante de intereses.

Para la opinión pública suena a «participar en el debate». En la realidad política significa: lobby profesional. Y precisamente eso es el núcleo de la crítica.

Registro de transparencia: legal, pero no inofensivo

FACE no actúa «en la sombra», sino que está visiblemente registrada. El conjunto de datos es de acceso público, incluida la ID de registro. El problema no es el registro en sí. El problema es lo que ello hace posible: un acceso permanente a procesos en los que conceptos, plazos y excepciones se establecen de tal modo que, al final, ganan los intereses cinegéticos.

Encaja con ello que FACE aparezca también en contextos oficiales, por ejemplo en el registro de la Comisión Europea para grupos de expertos, donde las organizaciones pueden figurar como miembros.

Munición de plomo: cómo se enmarca un veneno como «problema regulatorio»

En el expediente del plomo, la lógica del lobby se hace especialmente evidente. La ECHA trabaja en restricciones a escala de la UE para el plomo en perdigones, balas y plomadas de pesca, porque la sustancia daña el medio ambiente y a los animales y se pretende reducir las emisiones.

FACE acompaña de cerca este proceso y comenta con regularidad los pasos en el marco de REACH. En una actualización del 17 de diciembre de 2025, FACE informa sobre el debate en el Comité REACH de la UE del 16 de diciembre de 2025 y critica, entre otras cosas, la lógica de los plazos transitorios.

Esto es más que comunicación. Es estrategia:

  • Desplazamiento del problema: no es el veneno lo que ocupa el centro, sino la «burocracia», los «costes» y la «falta de lógica».
  • Frenar a través de los detalles: plazos transitorios, definiciones, excepciones. Quien gana ahí, suele ganar toda la propuesta.
  • Presencia permanente: La propia FACE subraya que «sigue de cerca» el expediente, porque afecta a millones de cazadores aficionados.

Desde una perspectiva crítica con la caza, ahí reside el verdadero poder: no en el gran titular, sino en la letra pequeña.

Fijación de la agenda: lobbying en los escenarios parlamentarios

FACE no se limita a emitir dictámenes. Las federaciones imponen temas ocupando salas parlamentarias con «eventos especializados» y marcando el tono antes de que el gran público se percate siquiera de lo que está ocurriendo. En el caso del expediente del plomo, en 2025 también se informó de un evento en el Parlamento Europeo en el que FACE participó.

Formatos así forman parte de la infraestructura política. Quien se sienta ahí, se sienta más cerca de la decisión.

FACE normaliza políticamente la caza de ocio, pese a que en muchos expedientes faltan las pruebas centrales de su eficacia.

Cooperación con BirdLife: la protección de la naturaleza como escudo protector

Resulta especialmente eficaz que FACE no solo defienda la caza como hobby, sino que la integre en un relato de protección de la naturaleza. Un papel central lo desempeña la cooperación con BirdLife. En 2025, FACE marcó públicamente «20 años de colaboración» y remite a un acuerdo de 2004, que menciona también la Directiva de Aves de la UE como base común.

BirdLife, por su parte, describe la cooperación como controvertida, pero la defiende expresamente como algo que sigue siendo valioso.

Para FACE supone una ganancia de reputación: la caza como hobby aparece como una parte legítima de la política de protección de la naturaleza. Para las perspectivas críticas con la caza queda la pregunta abierta: ¿quién normaliza aquí a quién? ¿Y quién pierde con ello el foco sobre el sufrimiento animal, las molestias en las zonas protegidas y la carga que el plomo supone para las aves silvestres?

Conclusión: FACE vende la caza como hobby como un bien común y practica política de intereses

FACE es un lobby cinegético bien conectado que en Bruselas maneja los resortes: registros, grupos de expertos, expedientes, eventos, asociaciones. FACE vende la caza como hobby como algo «basado en la ciencia», pero en los conflictos políticos rara vez aporta la prueba decisiva: una evaluación de impacto transparente y específica por especie sobre si la caza alcanza en la práctica el objetivo que afirma.

FACE defiende, entre otras cosas, la caza como hobby del zorro a menudo como una medida supuestamente necesaria contra epidemias, la «superpoblación» o los daños. Pero precisamente esta dramatización se desmorona en regiones sin caza recreativa. En Luxemburgo, la caza del zorro está prohibida desde el 1 de abril de 2015, sin que se hayan materializado los escenarios apocalípticos que tanto invocan el lobby cinegético y las federaciones. Esto no solo lo afirman las ONG, sino que incluso aparece en documentación técnica oficial del entorno de la UE como «sin grandes problemas» tras la introducción de la prohibición.

El modelo opuesto existe desde hace décadas también en Suiza. En el cantón de Ginebra rige desde el 19 de mayo de 1974 una prohibición de caza para los hobby hunters. Allí la regulación de la fauna salvaje está organizada por el Estado, no basada en aficionados, y el debate público demuestra: «sin hobby hunting» no significa «sin gestión».

Y luego están las zonas protegidas: en las reservas de caza, el hobby hunting está prohibido en principio, algo que ya establece la legislación federal. En el Parque Nacional Suizo rige además un estricto régimen de protección en el que los animales no pueden ser sacrificados. Esto forma parte del principio del parque desde hace mucho tiempo.

La realidad en los espacios libres de caza constituye así una dura piedra de toque para toda afirmación del lobby: si las advertencias más frecuentes del bando procaza fueran ciertas, las zonas libres de caza deberían colapsar con regularidad. Precisamente eso no ocurre.

«Estudios procaza» y evidencia guiada por intereses

Otro punto ciego es la calidad de la evidencia con la que se legitima el hobby hunting. En las cuestiones cinegéticas controvertidas, lleva años documentándose hasta qué punto los conflictos de intereses, la financiación y el papel de las autoras y los autores pueden condicionar la percepción de la «objetividad científica». Incluso en un gran debate en Science se ajustó posteriormente la política sobre conflictos de intereses (COI), para que los intereses financieros y de asesoramiento en temas cinegéticos sean más transparentes.

Esto no significa que «cada estudio de hobby hunters sea falso». Pero sí significa: cuando las federaciones, las fundaciones afines a la caza o las redes de política cinegética (co)dirigen la investigación, se requieren estándares especialmente rigurosos. Las revisiones independientes muestran además que la eficacia de las estrategias de sacrificio suele depender del contexto y, con frecuencia, solo produce efectos cuando hay un control permanente e intensivo. En el caso de los predators, la evidencia es desigual; muchos enfoques son a corto plazo, costosos o difíciles de demostrar metodológicamente de forma limpia.

Justo aquí surge la pregunta crítica con la caza que FACE rara vez responde: ¿dónde están las pruebas de eficacia específicas por especie y regionales, por ejemplo para la caza del zorro, que demuestren limpiamente que matar zorros realmente alcanza los objetivos afirmados, y que no se trata principalmente de un ritual de ocio respaldado culturalmente?

En cuestiones controvertidas de caza, los conflictos de intereses son un tema recurrente. Por eso la investigación debe financiarse de forma transparente y ser replicable de manera independiente.

Mapache: el cuento del abatimiento necesario

Según la lógica del lobby de la caza, Norteamérica debería haber colapsado ecológicamente hace tiempo. Allí los mapaches viven desde hace milenios como parte de la fauna natural, sin caza generalizada, sin debates sobre vedas, sin «regulación poblacional». Los bosques siguen existiendo, las aves que anidan en el suelo no desaparecen de forma masiva, los ecosistemas funcionan.

En Europa, en cambio, se presenta al mapache como una amenaza. Se le considera «invasor» y en muchos lugares es perseguido sin piedad durante todo el año, sin vedas, sin barreras éticas. La justificación es siempre la misma: hay que controlar las poblaciones para evitar daños. El resultado es lo contrario de lo que se afirma.

A pesar de una caza masiva, el número de mapaches aumenta continuamente. La razón es bien conocida en biología y se describe desde hace décadas: la compensación. Cuando una población es cazada intensamente, los animales reaccionan con una mayor tasa de reproducción, una madurez sexual más temprana y una mejor supervivencia de las crías. La caza por afición produce, por tanto, justo el efecto que supuestamente debería evitar. La caza puede extraer ejemplares a nivel local, pero en especies adaptables a menudo no conduce a una reducción poblacional sostenible a escala del paisaje.

El mapache es un ejemplo de manual de ello. La persecución intensiva desestabiliza las estructuras sociales, abre territorios y aumenta la reproducción. Quien cree que puede «exterminar» una especie adaptable mediante el abatimiento permanente o mantenerla establemente baja, ignora mecanismos ecológicos fundamentales.

Al mismo tiempo, precisamente aquellos predadores en Europa que podrían permitir una regulación ecológica son cazados activamente con la ayuda de FACE. Por eso, una estrategia de conservación creíble debe contemplar la protección y la recuperación de los predadores, en lugar de seguir debilitándolos.

Autóctono por la realidad, no por la ideología

El mapache lleva mucho tiempo establecido en Europa. Ya no está «en camino», sino que ha llegado. Aquí han nacido generaciones, las poblaciones se reproducen de forma estable. En la realidad biológica rige el principio: lo que se mantiene a sí mismo de forma duradera forma parte del ecosistema, independientemente de si políticamente gusta o no.

El hecho de que las asociaciones de caza sigan aferradas a la retórica de la erradicación tiene menos que ver con la ecología que con la ideología. El mapache sirve como superficie de proyección de una visión del mundo en la que el control humano mediante la muerte se considera un principio ordenador.

Conclusión sobre el mapache: la caza por afición crea el problema que pretende resolver

La comparación con Norteamérica desenmascara la argumentación del bando favorable a la caza. Si el mapache fuera de por sí una catástrofe ecológica, sus zonas de origen deberían mostrar daños masivos. No los muestran.

En Europa, en cambio, la persecución permanente produce precisamente aquella dinámica que luego vuelve a servir como justificación para más abatimientos. Un círculo cerrado de miedo, abatimiento y población creciente.

Para un análisis crítico de la caza, el mapache resulta así central: demuestra que la caza por afición al estilo de FACE no es gestión, sino a menudo un sistema autoreforzante que ignora el conocimiento biológico para asegurar políticamente un interés recreativo.

Cuando matar produce placer: por qué la caza por afición no es un comportamiento de ocio normal

Las personas que sienten placer al matar seres vivos y pagan por ello no muestran, desde un punto de vista psicológico, un comportamiento de ocio normal. Este comportamiento contradice los mecanismos fundamentales de la empatía, la compasión y la inhibición moral, tal como existen en la mayoría de las personas psíquicamente sanas. Desde el punto de vista psicológico se trata de un comportamiento violento desviado, incluso cuando se tolera política o culturalmente.

Precisamente esta tolerancia es respaldada activamente a nivel europeo por organizaciones como FACE. El lobby de la caza no solo defiende la caza por afición políticamente, sino que la normaliza comunicativamente como tradición, protección de la naturaleza o supuestamente necesaria gestión de la fauna silvestre. De este modo, FACE desplaza sistemáticamente el debate, alejándolo de la realidad psicológica de matar hacia una justificación moral que descarga socialmente la violencia.

El placer de matar es un rasgo clásico de la violencia basada en el goce. El propio acto violento resulta gratificante. No el resultado, no una necesidad objetiva, sino el matar en sí. Este patrón se encuentra en la Psicología de la violencia claramente descrita y no un fenómeno marginal. Quien ignora o relativiza este mecanismo desatiende conocimientos científicos sólidamente establecidos.

Al proteger la caza por afición como una actividad de ocio legítima, FACE protege implícitamente también una motivación de violencia problemática. Quien vive y defiende políticamente la caza por afición ante todo como un placer muestra una forma psicológicamente relevante de disposición a la violencia que, histórica y estructuralmente, está emparentada con ideologías autoritarias, la desvalorización de la vida y una visión del mundo orientada al control. Que este comportamiento sea aceptado socialmente o permitido jurídicamente no lo hace ni psicológicamente inocuo ni éticamente neutral.

Más sobre el tema de la caza por afición: En nuestro dosier sobre la caza reunimos verificaciones de hechos, análisis e informes de fondo.

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