Feminicidio en Faido, explosión en Leontica: no es un caso aislado, sino un patrón entre los cazadores aficionados
Un cazador aficionado de 59 años dispara a su exmujer y hace explotar una casa; la RSI confirma su condición de cazador, y ya es el segundo caso documentado en el Tesino con un cazador aficionado y un silenciador.
El jueves 9 de julio de 2026, una mujer de 56 años es hallada con una herida de bala en la cabeza en el recinto de una clínica de rehabilitación en Faido, en el cantón del Tesino.
Muere poco después en el hospital de Bellinzona. Se considera autor a su exmarido de 59 años, un empresario muy conocido en la región, originario de Leontica, en el valle de Blenio. Un día después, el viernes por la noche, el cazador aficionado hace saltar por los aires una casa de su hermano en el centro del pueblo de Leontica. En la explosión resultan heridos varios policías, uno de ellos queda atrapado bajo los escombros. El propio autor muere en la detonación. La policía del Tesino da por sentado ahora que la explosión fue una trampa premeditada. Al parecer, los disparos al aire pretendían atraer a las fuerzas de intervención al interior del edificio.
Las dos muertes han conmocionado al valle de Blenio y a todo el Tesino. Para nosotros, de IG Wild beim Wild, este caso no es un lamentable caso aislado. Se suma a una serie de casos que documentamos en nuestra sección Criminalidad & caza, en los que cazadores aficionados poseían componentes de armas o en los que la combinación de acceso a armas y crisis personal condujo a actos de violencia contra personas.
Los casos que documentamos no surgen en el vacío: las autoridades de investigación y los tribunales en Suiza se enfrentan una y otra vez a delitos en los que intervienen cazadores aficionados armados y equipamiento de caza, desde la caza furtiva hasta graves delitos de violencia.
Confirmado: el autor era cazador aficionado
En respuesta a una consulta por escrito a la redacción de la RSI, basada en las declaraciones de la policía criminal del Tesino en la conferencia de prensa del 13 de julio de 2026: el autor era un cazador aficionado («cacciatore»). La RSI lo calificó como «fatto accertato e confermato», es decir, un hecho comprobado y confirmado.
También confirmado: el hombre poseía legalmente varias armas. Cuando disparó contra su exmujer frente a la clínica, nadie oyó una detonación, por lo que la policía supone que se utilizó un silenciador. Según la RSI, las investigaciones balísticas aún no han concluido.
La cuestión decisiva pendiente: ¿de dónde procedía el silenciador?
Precisamente aquí radica el núcleo que trasciende el caso concreto. Según la ley suiza de armas, los silenciadores están prohibidos en principio. Los cantones pueden conceder excepciones esencialmente para determinadas categorías de autorización, entre ellas las personas con licencia de caza.
Ante la pregunta concreta de si el autor disponía de una de esas autorizaciones excepcionales de derecho cinegético para el silenciador, la RSI (a fecha del 14 de julio de 2026) no pudo aportar ninguna confirmación. Según la RSI, queda por aclarar:
- si el arma utilizada en Faido figuraba entre las armas registradas del hombre,
- si la posesión del silenciador era legal o ilegal,
- qué autoridad habría concedido una eventual autorización excepcional y con qué fin,
- si las «diversas armas» constituían total o parcialmente un arsenal de caza.
Las investigaciones de la fiscalía del Tesino, coordinadas por la fiscal Petra Canonica Alexakis, continúan.
No es un caso aislado: dos patrones documentados
El caso de Faido y Leontica no está aislado. Toca dos patrones que en nuestra sección Criminalidad & caza ya hemos documentado en varias ocasiones:
En primer lugar: cazadores aficionados y silenciadores ilegales en el Tesino. Hace poco informamos sobre un cazador aficionado del Tesino que fue condenado por caza furtiva, con silenciador, dispositivo de visión nocturna y trampas de cebo ilegales incluidos. El caso de Faido es, por tanto, ya el segundo caso documentado en el Tesino en poco tiempo en el que un cazador aficionado está relacionado con un silenciador: una vez como furtivo condenado y otra como presunto autor de un feminicidio. Esto plantea la pregunta de cuán rigurosa es en realidad la supervisión cantonal de las autorizaciones excepcionales de derecho cinegético para silenciadores.
En segundo lugar: violencia por parte de cazadores aficionados en crisis personales. Según varios medios de comunicación del Tesino, en la región circulaban indicios de que el autor albergaba rencor y accesos de furia. De confirmarse, el caso se sumaría a otro patrón que hemos documentado: en repetidas ocasiones hemos analizado casos en los que hobby hunters en fase terminal mataron a personas, recurriendo a sus armas de caza y a su familiaridad en el manejo de la violencia letal.
Por qué esto nos preocupa
El acceso a los silenciadores se convierte, en la práctica, dentro de la legislación suiza sobre armas, en un privilegio de determinadas categorías de autorización, entre ellas los hobby hunters. El caso de Faido muestra de forma ejemplar cómo esta posición jurídica privilegiada, combinada con una posesión de armas por parte de hobby hunters presentada básicamente como no problemática, puede, en el peor de los casos, convertirse en un peligro mortal para las personas, y ello de manera reiterada, no como un lamentable caso aislado.
Por qué el placer de matar no es un motivo de ocio inofensivo
Las personas que sienten placer al matar seres vivos y pagan por ello no muestran, desde el punto de vista psicológico, un comportamiento de ocio normal. Este comportamiento contradice los mecanismos fundamentales de empatía, compasión e inhibición moral, tal como están presentes en la mayoría de las personas psíquicamente sanas. Desde el punto de vista psicológico se trata de un comportamiento violento desviado, aunque sea tolerado política o culturalmente.
El placer de matar es un rasgo clásico de la violencia basada en el goce. El propio acto de violencia resulta gratificante. No el resultado, no la necesidad, sino el matar. No se trata de un fenómeno marginal, sino de algo claramente descrito en la psicología de la violencia.
Quien vive el hobby hunting como un placer muestra una motivación violenta psicológicamente problemática, emparentada histórica y estructuralmente con ideologías autoritarias y degradantes.
Seguiremos de cerca este caso e informaremos en cuanto la fiscalía publique más información sobre el origen del arma.
En opinión de la IG Wild beim Wild, para los hobby hunters se necesita hobby hunters evaluaciones periciales médico-psicológicas anuales de aptitud siguiendo el modelo de los Países Bajos, así como un límite máximo de edad vinculante. Hoy en día, el grupo de edad más numeroso entre los cazadores aficionados es el de mayores de 65 años. En este grupo aumentan estadísticamente de forma notable las limitaciones propias de la edad, como el deterioro de la visión, la ralentización de los tiempos de reacción, las dificultades de concentración y los déficits cognitivos. Al mismo tiempo, los análisis de accidentes muestran que el número de accidentes de caza graves con heridos y víctimas mortales aumenta significativamente a partir de la mediana edad.
Los informes periódicos sobre accidentes de caza, actuaciones erróneas con resultado de muerte y el uso indebido de armas de caza ponen de manifiesto un problema estructural. La posesión y el uso privados de armas de fuego letales con fines de ocio se sustraen en gran medida a un control continuo. Desde el punto de vista de la IG Wild beim Wild, esto ya no es defendible. Una práctica que se basa en la muerte voluntaria y que, al mismo tiempo, genera riesgos considerables para las personas y los animales, pierde su legitimidad social.
La caza como afición se basa además en el especismo. El especismo describe la desvalorización sistemática de los animales no humanos únicamente por su pertenencia a una especie. Es comparable al racismo o al sexismo y no puede justificarse ni cultural ni éticamente. La tradición no sustituye al examen moral.
Precisamente en el ámbito de la caza como afición, el examen crítico es imprescindible. Pocos otros campos están tan marcados por relatos edulcorados, medias verdades y desinformación intencionada. Allí donde se normaliza la violencia, los relatos suelen servir para justificarla. Por ello, la transparencia, los hechos verificables y un debate social abierto son indispensables.
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