Año Internacional de los Pastos 2026: ¿Más caza del lobo o por fin una mejor política de pastoreo?
Cómo la asociación de agricultores y el lobby de la caza de afición instrumentalizan el Año de los Pastores de la ONU.
La ONU ha declarado 2026 como «International Year of Rangelands and Pastoralists».
En el centro están los paisajes de pastoreo como hábitat para la biodiversidad, la ganadería basada en pastizales y la realidad social de los pastores y pastoras de todo el mundo. En Suiza, la asociación de agricultores y el lobby de la caza de afición ya intentan aprovechar esta ocasión para envolver viejas reivindicaciones de más abatimientos de lobos con un ropaje moderno.
Lo que la ONU realmente quiere
Según la FAO, los paisajes de pastoreo cubren alrededor de la mitad de la superficie terrestre del planeta. Aseguran los medios de subsistencia, la alimentación, la resiliencia climática y diversos servicios ecosistémicos. En el centro del Año de la ONU se encuentran a menudo comunidades marginadas que deben sobrevivir en superficies escasas y climáticamente sensibles. El objetivo es promover marcos políticos que garanticen el acceso a la tierra, una creación de valor justa y la sostenibilidad ecológica. A nivel internacional, el Año se aprovecha para llamar la atención sobre la vulnerabilidad de las sociedades pastoriles, la amenaza que suponen para los rangelands la crisis climática y el acaparamiento de tierras, así como sobre la importancia de los sistemas de uso tradicionales.
Narrativas suizas del pastoreo: escudos protectores para una política problemática
En Suiza, la asociación de agricultores y las organizaciones próximas al sector agrario se suben, como era de esperar, al tren de la ONU, aunque con una lectura muy selectiva. Campañas como «El pastizal nos alimenta» presentan los pastos y la economía alpina como un modelo de éxito casi natural que garantizaría la seguridad alimentaria, la biodiversidad y la protección del clima. Con tanta más claridad se silencia que precisamente la práctica actual de la ganadería de pastoreo subvencionada produce sistemáticamente conflictos con los predadores y, en muchas regiones, se asienta sobre un débil fundamento ecológico.
Paralelamente, los representantes agrarios exigen en el Parlamento más facilidades en la regulación del lobo: diversas mociones pretenden simplificar los abatimientos, se estudian los abatimientos defensivos por parte de pastores armados, y las zonas de veda de caza entran en el punto de mira como supuesto riesgo de seguridad. El lobo se convierte en superficie de proyección para problemas estructurales que nunca se han abordado políticamente en serio: una gestión de rebaños inmadura, la falta de perros de protección, las malas condiciones de trabajo en los pastos alpinos, la dependencia de los pagos directos.
Pastos, pastores y lobo: lo que la ONU quiere decir y lo que Suiza reprime
El Año de la ONU de los Pastos y los Pastores no es una invitación a demonizar selectivamente a los predadores, sino un llamamiento a sistemas de pastoreo adaptados, socialmente justos y ecológicamente sostenibles. Esto incluye: el acceso a la tierra y a los recursos, que no se vea obstaculizado por intereses unilaterales. Poblaciones animales adaptadas en lugar de la sobreexplotación de los sensibles pastos alpinos. Y condiciones laborales justas para los pastores y pastoras, que no deben servir como «dispositivo de seguridad barato» de una hostilidad hacia el lobo políticamente deseada.
En el discurso suizo, en cambio, sorprendentemente rara vez se habla de derechos laborales, normas sociales o límites de carga ecológica, y casi siempre de cupos de abatimiento, ataques inminentes y poblaciones de lobos supuestamente «incontrolables». El lobo debe asumir el papel de chivo expiatorio para que una política de pastoreo que agrava la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y los problemas de bienestar animal pueda permanecer intacta.
Cuando el lobo es el síntoma y no la causa
Ejemplos como el del Valais muestran adónde conduce esta lógica: en lugar de reformar seriamente la economía de pastoreo y la protección de rebaños, se regulan lobos por docenas y se exterminan manadas enteras, vendido políticamente como una sobria «gestión». El balance oficial enumera los abatimientos como indicadores de éxito, mientras los ejemplares jóvenes se convierten en daño colateral de una estrategia que más bien cementa los conflictos en lugar de resolverlos.
Precisamente esto contradice el espíritu del Año de la ONU: quien quiera asegurar de verdad los pastos como base ecológica y social de la vida debe diseñar los sistemas de pastoreo de modo que puedan coexistir con los predadores, en lugar de usarlos como pretexto para nuevas excepciones en el derecho de caza de hobby y de protección. Se trata de paisajes resilientes con múltiples funciones, no de superficies de forraje lo más libres posible de predadores para una producción de carne y leche cada vez más intensiva.
¿El Año de la ONU como oportunidad o como fachada de relaciones públicas?
Redes científicas y ONG de todo el mundo subrayan la necesidad de canalizar inversiones hacia una economía de pastoreo sostenible, de posibilitar la movilidad de los pastores y pastoras y de hacer más inclusivas las estructuras de gobernanza. En Suiza existe el peligro de que esta agenda global se reduzca a un programa nacional de imagen: bonitas imágenes de pastos, pastores y queso, acompañadas de exigencias de más abatimientos de lobos.
Precisamente las organizaciones de protección de la fauna y las voces críticas tienen el deber de confrontar la narrativa oficial sobre el pastoreo con sus lados oscuros: la lógica de las subvenciones, los transportes de animales, el sobrepastoreo, los privilegios de la caza por hobby y la externalización sistemática de los riesgos hacia los animales salvajes.
Lo que debería lograr una política de pastoreo honesta
Una política de pastoreo que estuviera realmente a la altura del Año de la ONU no priorizaría primero garantizar la matanza, sino que: introduciría la protección de rebaños como estándar, asegurada técnica, financiera y laboralmente. Vincularía los tamaños de los rebaños y los objetivos de producción a la capacidad de carga ecológica y a las metas climáticas. Ligaría las subvenciones directas a prestaciones concretas de biodiversidad y bienestar animal, y no a la mera presencia genérica en los pastos alpinos. Y desenredaría la política de la caza por hobby de los intereses de los lobbies, para que los conflictos con los predadores no desemboquen de forma refleja en programas de abatimiento.
El Año Internacional de los Pastizales y los Pastores es una oportunidad para llevar este debate de forma abierta, o para enterrarlo a la sombra de nuevas iniciativas de caza del lobo. Quien se apoye seriamente en la ONU no puede seguir escondiéndose tras la fábula del «lobo malo», mientras los verdaderos problemas estructurales de la economía de pastoreo permanecen intactos.
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